El Bondi
Revista Digital
 

El origen de la rabia

Hace 25 años, Rage Against the Machine lanzó al mercado su homónimo disco debut y, sin saberlo, cambió la historia de la música pesada para siempre.

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El heavy metal sonó, por primera vez, a finales de los 60´s en los sacrosantos acordes de Tony Iommi, violero de Black Sabbath, y experimentó su expansión a principios de los 70´s con el auge de fenómenos internacionales de la talla de Judas Priest, Motörhead, Scorpions y Rainbow. Su primera renovación llegó en los últimos años de esa misma década, de la mano de la New wave of british heavy metal (“Nueva ola de heavy metal británico"), encabezada por jóvenes bandas como Iron Maiden y Saxon. En los 80´s fue el turno de la súbita y desenfadada irrupción de Metallica, Megadeth, Slayer, Anthrax, y cientos de grupos más que dieron forma a la creación de la escena thrash metal alrededor del mundo. Pasado el frenesí, los noventas parecían ser el principio del fin para un género excesivamente endogámico y aparentemente agotado, pero un conjunto levantó la mano y labró el camino para salvar su permanencia…

1991 fue el año en que Tom Morello (guitarra) y Zack de la Rocha (voz) decidieron embestir contra todos los mandatos establecidos creando Rage Against the Machine, un monstruo sónico que fusionaba dos géneros ubicados en las antípodas del espectro musical: el metal y el hip-hop. Tan irreverentes como sus líricas de crítica social, los miembros fundadores hicieron oídos sordos a las diatribas y, junto con Tim Commerford en bajo y Brad Wilk en batería, grabaron su primer álbum, titulado igual que la banda, en 1992. Condenado a despertar tanto amores como odios, este acto de rebeldía se convertiría en uno de los puntos de inflexión en la historia del heavy metal.

Innovador y transgresor, Rage Against the Machine (1992) se erigió como estandarte de un polémico estilo que apenas daba sus primeros pasos, conocido como rap metal. Muchos fanáticos de la vieja escuela pesada negaron rotundamente la posibilidad de que un sub-género con raíces en el hip-hop pudiera formar parte de la esfera del heavy, y hasta el día de hoy sostienen su alegato, dándole la espalda a una expresión artística que consideran ajena. No obstante, el impacto del CD debut de los estadounidenses fue tan explosivo como su mismísimo tema inicial: “Bombtrack”.

Las letras contestatarias volaban como puñaladas, impulsadas por la garganta iracunda y desgarradora de de la Rocha, y moldeaban con precisión el aciago panorama de un país y un mundo en el que, tras la caída del Muro de Berlín, el capitalismo voraz se imponía y arrasaba con los pocos vestigios de equidad social que intentaban evitar el naufragio. Clásicos de reclamo y reivindicación de la magnitud de “Killing in the name” o “Take the power back” se alzaron como himnos de una generación metalera que encontró un refugio fenomenal para canalizar su inconformismo al ritmo de los riffs intensos y solos afilados de Morello.

El celebrado álbum salió a la venta el 3 de noviembre de 1992 y exhibió en su portada una controversial imagen de Thích Quảng Đức, monje budista que se inmoló prendiéndose fuego en medio de una de las calles más transitadas de Saigón, ciudad más poblada de Vietnam, como medida de protesta por las persecuciones religiosas y el despectivo trato que recibían los budistas de parte de su gobierno. La contundente tapa cumplió con eficacia el objetivo de dejar evidenciada la postura política de la agrupación, que encontró uno de sus pináculos en “Know your enemy”, sexta canción del disco, prestigiado con la estelar colaboración de Maynard James Keenan (vocalista de Tool).



Con apenas diez temas, pero con más de 52 minutos de duración, el bautismo de fuego de Rage Against The Machine llega a su fin con “Freedom”, otro escéptico y agresivo mantra revolucionario, que aún sostiene su influencia discursiva y musical un cuarto de siglo después, ya que fue pionero de un estilo que luego sería incorporado a múltiples éxitos de Limp Bizkit, Korn, e inclusive Linkin Park. Con una vigencia que supera el hecho de que el conjunto se encuentre separado indefinidamente, las canciones siguen sonando en las versiones de Prophets of Rage -súper grupo conformado por Morello, Commerford y Wilks, pero con Chuck D de Public Enemy y B-Real de Cypress Hill en lugar de Zack de la Rocha-, y siguen retumbando en las calles de unos Estados Unidos que se preparan para manifestar su rabia una vez más.


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