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Michael Jackson: El primer Popstar

A 35 años del lanzamiento de "Beat It", analizamos el disco que logró que Michael Jackson haya sido tan importante para la cultura americana como el hombre que pisó la luna.

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30 de noviembre de 1982. Michael Jackson transforma el mundo en una pista de baile de dimensiones nunca antes vistas y se erige como el puto amo de las melodías bailables de la mano de su sexto álbum de estudio: Thriller. Por aquel entonces, hacia tiempo que Jackson había decicido declinar la posibilidad de compartir la fama con el resto de sus hermanos (los adorables Jackson 5) para pasar a reclamar lo que él creía suyo, el cetro del rey del pop.

Thriller contó con la co-producción de Quincy Jones y erigió una nueva, y rentable, máxima en la industria de música: “Detrás de todo gran álbum, siempre hay un gran productor”. Reducir la expresión de Jones a la de co-productor de éste trabajo, tal vez, suene a insulto para un hombre que consiguió la gloria a niveles galácticos en el universo artístico del mainstream –fue el responsable artístico del último disco de Frank Sinatra, entre otros-, pero no por eso es menos cierta.

El trabajo de la sexta placa de Michael fue el resultado de una tarea en conjunto entre dos grandes artístas, que tuvo su génesis en 1977, año en el que un joven Jackson rodó junto a la cantante Diana Ross (intérprete de canciones como “I’m coming out” y “Touch me in the morning”, entre otras), bajo las órdenes de Sidney Lumet (el director de Sérpico) en una afro versión de ‘El Mago de Oz‘ (Wiz). Curiosamente, fue durante ese rodaje en el que Maicol conoció a Quincy y, seguramente, fue allí en donde estos dos conectaron artísticamente para ponerle beat al mundo.

Si se analiza Thriller como una obra meramente musical, se dilapidan el tiempo y los textos. En una sociedad como la yanquee, que un negro haya sido el responsable de poner a bailar a toda una nación, tal vez, funcionó como el primer acto de una obra que terminó con un presidente negro en la Casa Blanca; tal vez, suene como un dato anecdótico pero hasta 1984, la cadena Mtv (la cuál se había encargado de perpretar el axioma de “la imagen lo es todo”) sólo pasaba los videos de artistas blancos. Seguramente, que Jackson haya contado con la participación de Eddie Van Halen para poder grabar canciones como “Beat it” posiblemente haya servido para lograr la “inclusión”, pero, ¿quien es capaz de animarse a discutirle el mérito a este jóven afroamericano que le puso el soundtrack a una generación alrededor del mundo?

El álbum esta compuesto por nueve canciones, de las cuales cuatro fueron compestas por el Rey del Pop  -“Wanna be startin’ somethin’”; “The girl is mine” (en colaboración con Sir Paul McCartney); “Beat It” y “Billie Jean”-. Si, la canción que le da el nombre al disco no fue compuesta por Jackson, sino que es obra de Rod Temperton, un compositor pop inglés que supo componer otras piezas, pero ninguna del tamaño de aquella que supo inmortalizar el nacido en Gary, Indiana.

Cada canción de este álbum tiene una historia para contar de porque es considerado una pieza fundamental dentro de la música moderna. Sin ir más lejos, “Billie Jean”, muestra un poco el desparpajo del intérprete en ese entonces. ¿Qué hombre hubiera sido capaz de "cantarle las cuarenta" a sus groupies? Si algún productor le hubiese sugerido a algún cantante de boleros que le declare a alguna fan embravecida su desprecio, seguramente la propuesta hubiera sido rechazada de cuajo; sin embargo, en este track, el intérprete le plantea a una dama obsecionada con su figura la negativa a convertirse en el príncipe que ella tanto espera, por el mero hecho de no tener ganas de siquiera conocerla.

Thriller tiene el deber ser analizado como un objeto de culto dentro de la cultura pop: un disco que alcanzó, tal vez, lo máximo que puede anhelar un artista dentro de los tiempos capitalistas, convertirse en ícono. Un símbolo. En la tierra de las oportunidades, en aquella en dónde no tener ambiciones sea una eregía, Michael Jackson con 24 años se había convertido en uno de los símbolos más importantes que la cultura americana instaló en el mundo junto con el hombre en la luna y Mickey Mouse. Posiblemente, haya sido por eso que Thriller, aún hoy sea el disco con el que no bailar deba ser considerado un pecado mortal.


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