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Luca Prodan: Brilla su luz para nosotros

A treinta años de su muerte, recordamos a Luca Prodan, el tano que llegó en los ‘80 para revolucionar el rock argentino. Diferentes historias desde su niñez y juventud europea, hasta su final porteño, pasando por el germen y el crecimiento de Sumo, y el gran legado de la banda más influyente de nuestro país.

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Es de noche. Estamos en la frontera nocturna entre el 21 y el 22 de diciembre de 2017. Esta nota termina de escribirse por fin. Casi sin pensar, un toque improvisada tal vez, sin arreglos, pero desde el corazón, o tal vez desde los huevos. Hace exactamente treinta años Luca cerraba los ojos para siempre...

El cieguito volador

Luca siempre escapó. De aquel colegio pupilo escocés de la alta sociedad, en el que conoció al Príncipe Carlos y a su amigo (luego manager) Timmy MacKern, huyó pocos meses antes de recibirse. Luego desertó del servicio militar, para terminar escapando de Europa y de la heroína que casi lo mata en Londres, y que ya había matado a su hermana unos años atrás. La paz de la foto de una postal que le mandó su amigo en las sierras cordobesas lo convenció de viajar e instalarse en el culo del mundo, para luego formar una de las bandas más representativas e influyentes del rock argentino: Sumo.

No aceptar lo establecido era la premisa perfecta de Luca. Al mismo tiempo la música se convirtió en su vida, como actor, pero sobre todo como escucha y espectador. Vio todos los shows que había que ver: Rolling Stones, Sex Pistols, Marley, Pink Floyd, Bowie, Lou Reed, Genesis, The Clash, Bowie y muchos más. También laburó un tiempo en una disquería donde se choreaba los discos. “Luca en ese entonces era un chabón más hippie, con pelo largo, fumaba muchísimo y escuchaba todo el tiempo música. Después cuando empezó a trabajar en la disquería me pasaba discos de punk rock, que era lo que más me gustaba a mí y luego se enganchó él también”, contaba su hermano Andrea Prodan, quien se enamoró de nuestro país y hoy vive en las sierras cordobesas.

No tan distintos

Entre ginebras, paté de hígado de paloma y un paisaje ideal, Luca conoció a Germán Daffunchio y Alejandro Sokol. Juntos empezaron a armar las primeras canciones. Desde Inglaterra llegaba la baterista Sthepanie Nuttal (toda una rareza acá que haya una mujer en los parches) y la llama empezó a encenderse una noche de 1981 en Caroline’s de El Palomar. “Me impresionó, era algo nunca visto en Buenos Aires. Estaba todo para afuera, sin arreglos. Germán y Alejandro casi no sabían tocar, tocaban como mirando para atrás por timidez o miedo, pero era mucho más fuerte lo que estaban haciendo globalmente que la forma en que tocaban, que era desafinada, desprolija. Esa mina pegándole a la batería como desesperada atrás, y ese pelado adelante cantando, tomando latas de cerveza y tirándolas para atrás… era muy fuerte”. Así recordó Diego Arnedo alguna vez aquella noche en la que quiso ser parte de Sumo al instante.

El 20 de marzo de 1982 Luca se encargó de contarle a todo el rock nacional quién era él. En el festival del club Estudiantes de Caseros se presentaban Riff, Los Violadores, Baglietto, Los Abuelos de la Nada y, entre otros, unos tal Sumo, quienes en los afiches figuraban acompañados de un paréntesis que rezaba “english”. Cuando subieron a las tablas, los fanáticos de Riff no tuvieron mejor idea que declararle la guerra al grito de Dale Pappo una y otra vez. “¿Pappo, quién es Pappo? Yo le juego una carrera tomando vodka hasta Rosario… a ver quién gana”. Nunca nadie hasta entonces se había animado a plantarse así ante las hordas metaleras. Eso fue perfecto para calmar y callar a las fieras. Esa noche los vio el periodista Roberto Pettinato, quien también se quiso subir con su saxo para nunca más bajarse.

Estallando desde el océano

La banda grabó su primer cassette, Corpiños en la madrugada, y comenzó a hacerse fuerte en la escena porteña, con esa mezcla novedosa de estilos e improntas que nunca se habían visto en el país hasta entonces. Al encontrar a su hermano tan bien, Andrea aceptó una invitación para acompañar a la banda en una gira por Entre Ríos. “Lo bueno era verlo en lugares donde le gente lo último que había visto era a Sergio Denis. En Chajarí tocaron en un aeropuerto, sacando todos los aviones. Estaba el típico tonto del pueblo que se re copaba bailando, y los otros nada más miraban, no les gustaba Sumo. De repente Luca paró todo y dijo “el único que la tiene clara acá es él”, y lo invitó a subir al escenario. Cuando el intendente del pueblo vio que el tonto era el héroe de la noche, se puso mal. Entonces también empezó a bailar y todos hicieron lo mismo, por lo que terminó siendo todo un quilombo terrible. Yo vi eso y dije “típico de Luca”. Luca era como una bomba atómica, llegaba y cambiaba todo. Luca ese día cambió al pueblo”.

Tras la edición del primer disco con contrato discográfico, la historia de Sumo comenzó a crecer y a alejarse del under, con un hit radial como “La rubia tarada”, aunque nunca logrando la plena masividad. Ricardo Mollo ya estaba en sus filas y Superman Troglio había reemplazado a Sokol, quien quiso escapar del ambiente de constantes excesos. Desde 1985 ya todos comenzaron a saber que existía un pelado reventado que se llamaba Luca Prodan y fue sin dudas el mejor año de Sumo con un histórico show en Teatro Astros, y con la prensa hablando cada vez más de la banda. Luca también ya era ese borrachín que se hacía amigo de diferentes personajes “comunes” y típicos de la calle porteña. Jorge Crespo, el otro gran amigo además de Timmy, una vez recordó el día que salió una nota de tres páginas en Clarín: “Luca decía que los muchachos del bar lo iban a gastar, pero cuando fuimos todos se hacían los boludos que no habían leído nada. Entonces yo saco la nota, la muestro y Quico, el mozo, dice “en este país pueden publicar cualquier cosa”. Luca se hizo el ofendido y todos se morían de risa. Era complicidad absoluta, nadie le iba a decir “mirá que bueno”, pero todos se habían devorado la nota y estaban orgullosos de parar en el mismo bar que él”.

Fuck You

El año siguiente fue aún más exitoso. Con el nuevo disco la banda llegó a Obras y las críticas eran las mejores. Pero por dentro, la vida de Luca comenzaba a desmoronarse y a hundirse en el alcoholismo. También a alejarse internamente de la banda, de Timmy y de Crespo, a aportar su magia cada vez menos, a tal punto que en el último disco casi que solamente llegaba a grabar directo y a cantar letras que muchas veces improvisaba en el estudio. En el show del domingo 20 de diciembre de 1987, Sumo compartió show con Los Violadores en el Estadio de Los Andes. El cantante Pil lo vio muy flaco y le hizo un chiste como que le estaba serruchando el piso. Cuando terminó la última canción, “Fuck you”, Luca se dio vuelta y dijo “otra vez”. Tocaron dos veces seguidas el tema por primera vez en la historia de la banda. Les dijo a todos fuck you dos veces, se despidió, y ya nunca más nadie lo vio brillar.

Luca siempre se comunicaba con Andrea por medio de cassettes grabados, o simplemente por llamados telefónicos. Uno de estos fue en noviembre de 1987 y Luca, como nunca, le pidió ayuda a su hermano, resaltando que estaba muy mal físicamente. Cuando este compró el pasaje para venir a Buenos Aires, un raro malestar lo atrapó y ese día recibió un llamado de Argentina. A Luca lo habían encontrado muerto en la pensión de la calle Alsina a los 34 años. “Yo iba a venir a verlo y se murió un día antes. Fue una cosa muy fuerte, al final vine con mi madre, estuvimos acá para todo el post entierro y esas cosas”. Andrea traía de regalo de navidad una foto de una actriz autografiada que decía “Para Luca, con cariño. Gracias por tu hermosa canción. Virna Lisi”. Hoy sus restos reposan en el cementerio de Avellaneda.

Brilla tu luz para mí

Dos hawaianos y un argentino con gorrita empiezan a zapar en la noche de Maui, con una guitarra y un ukelele. Los acordes viajan y el argento regala la canción “Hello Frank”. El groove es tan intenso que los coros improvisados de los lugareños concretan una hermosa versión comandada por Pablo Wehbe, cantante de Aztecas Tupro, banda porteña que alguna vez grabó una versión de la ramonera “Needles and pins” junto a Andrea Prodan. Es 2016 y el espíritu de Luca vibra en la isla paradisíaca de la otra punta del continente.

Aproximadamente unos treinta años atrás, Pety, un joven muchacho, entra al baño de algún tugurio rockero ochentoso y mea al lado de Luca. Le sugiere que deberían tocar más reggae porque lo hacen demasiado bien. El tano, con su mejor impronta le dice algo así como “si querés reggae armate una banda y tocalo vos”. El pibe le hizo tanto caso que armó Riddim, una de las bandas emblemáticas del género en Argentina, y este año se dio el lujo de hacer un recital completo con canciones de Sumo, tal vez, entre tantas otras cosas, para no olvidar nunca aquel “consejo” que tomó al pie de la letra.

El siglo ya había cambiado. Tres de las bandas más fiesteras y populares del país se iban a juntar en una noche única en el año 2000. Los Fabulosos Cadillacs, Los Pericos y Los Auténticos Decadentes fueron sin dudas hijos de Sumo, tomando aquello de la actitud, la desfachatez, la improvisación y el ir siempre para adelante que pregonaba Luca. “Si Luca viviera, Sumo cerraría el show de esta noche”, coincidieron los cantantes de las bandas en el final de la nota previa al show que dieron a Clarín. Esa misma noche, en el Club Deportivo Morón, luego de los sets de cada banda, los treinta y pico de músicos se juntaron en escena y cerraron la velada con “No acabes” y “Que me pisen”.

Divididos por la felicidad

Luego de una jornada desgarradora en el Chateau Rock ’88 homenajeando en vivo a Luca, con Pettinato recitando la letra de “Heroína” y el medio del escenario vacío, los integrantes de Sumo supieron que nada iba a continuar. “Puta, por qué todo lo hermoso se tiene que acabar”, reprochó el saxofonista para sentenciar el final.

La actualidad rockera argentina nos demuestra que, hace ya muchos años, dos de las bandas más importantes de nuestro país son Divididos y Las Pelotas. Sumo era tan grande que se dividió en dos y formó dos pesos pesados. Con idas y vueltas, con amor y odio, las dos bandas demuestran toda su calidad en cada escenario que pisan.

A diez años de la muerte de Luca, en el año 1997 en Montevideo, se dio el encuentro fallido. La reunión que no fue. Ambas bandas habían viajado, junto a Pettinato, Troglio y Andrea, pero todo se pudrió. Así lo cuenta el hermano de Luca con su forma tan divertida y particular: “La verdad fue que después lo agarró MTV, quiso hacer el business, con las entradas, los viajes, y demás; y el elemento más sensible que tiene Arnedo ante todo este tipo de manipuleo apareció, se puso loco y dijo “yo no toco”. Ahí se armó la mala leche, reacciones de Daffunchio y los de Las Pelotas que dijeron que entonces tampoco querían tocar, y de un momento al otro se armó. Y los organizadores “dale, vamos Sumo. Uh, perdón, no es Sumo” (risas). Yo aparte estaba totalmente borracho, llegamos a Montevideo a un mercado y me tomé como ocho vinos. Después cuando tuve que salir a cantar no sabía lo que estaba diciendo, y algún periodista al otro día dijo algo así como “al borde del delirio Andrea Prodan casi caga la noche”, otro que quiso ser más bueno puso “el único que volvió a recrear la sensación de descontrol de Sumo fue el hermano del recordado líder”, esas frases que ponían, y yo no sabía lo que estaba pasando (risas). Cuando terminó el show, atrás del escenario hasta me peleé con el pobre Sokol, nos tiramos sillas y se armó un poco de mala onda. Al otro día nos abrazábamos, “eh, loco te quiero; yo también… andá a cagar” (risas). Ese fue el bodrio de Uruguay. Ojo, el asado estuvo bárbaro (carcajadas).”

En 2007 claro, fueron los veinte años. En ese abril nada se sabía pero todo se latía. El Quilmes Rock juntaba a Divididos y Las Pelotas el mismo día y un año atrás, los ex Sumo de cada grupo se habían juntado en un festival mendocino para tocar cuatro canciones de la mítica banda. Y la magia se dio: los cuatro más Petti y Troglio, tocaron en River “Crua chan”, “Divididos por la felicidad” y “Debede”. Todo hacía indicar una posible fiesta para diciembre, pero la mala onda volvió, con la negativa de participar en un documental de parte de Divididos en el medio. “Sumo para todos los que estuvimos adentro es algo que tiene mucho respeto, lo respetamos demasiado”, declaraba Daffunchio por ese entonces y sentenciaba, dejando entrever que la falta de ganas no venía de su lado: “Al haber seguido cada músico su carrera, no nos agarramos de aquello, no era juntarse como Los Gatos para hacer los éxitos de los años ´80, cada uno tiene su historia. A mí no me da vergüenza cantar un tema de Luca, al contrario, me parece un honor”.

Es 2017. No hay rumores de homenaje en vivo de ningún ex integrante. Pero nosotros no quisimos dejar de recordar a Luca George Prodan y a su estrella que nunca dejará de brillar.


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