El Bondi
Revista Digital
 

La tierra es tierra de color Azul

Hace 20 años, Los Piojos editaron su último material bajo contrato discográfico, que remarcó el presente exitoso que tuvo la banda a fines de los ‘90.



Slide0

En lo negro de la nada nació el fuego. Del fuego se desprendió una llama, que alejada por el viento formó el sol. El sol lo iluminó todo, creando el cielo. El cielo, cuando la primera noche, pensó que el sol ya no volvería, y temblando de miedo en la oscuridad lloró. Y así se formaron las aguas”. Con esta leyenda piojosa se le daba la bienvenida al cuarto disco de la banda; un escrito que reflejó el camino recorrido hasta entonces. Lejos había quedado el debut con Chac Tu Chac (1992), que estaba pintado de negro, y empezó a tomar color con Ay Ay Ay (1994) y la aparición del piojo. El rojo furioso brilló tanto que se destiló en un amarillo que iluminó un sendero plagado de éxitos de la mano de 3er Arco (1996). Esa marea impulsó a los músicos a gestar un material que desde el principio cerró un concepto magnífico.

Para 1998, Los Piojos transitaban un momento sin igual. Su último material había alcanzado la certificación de disco de oro y doble platino, la magnitud del público los obligó a tocar en lugares míticos como Obras Sanitarias y los clásicos “El Farolito” y “Verano del 92” batieron todo tipo de expectativas que resonaban en cualquier radio y televisión. Desde fines de septiembre de 1996 hasta mediados de noviembre de 1997, el grupo realizó 29 recitales que ya se convertían en el ritual característico; pasaron por el Microestadio de Ferrocarril Oeste y Racing, y culminaron en el Parque Sarmiento del barrio de Saavedra, un recinto que lo iban tomando como propio.

Teniendo en cuenta el contrato con la compañía discográfica DBN, a la banda aún le quedaba un disco más por lanzar. Por eso mismo, la camada se reunió en los Estudios Del Cielito para encarar el nuevo proyecto. La intención era buscar el anti hit de 3er Arco y ambientarse de lleno a las canciones que ya estaban más o menos armadas. Luego del logro obtenido y por qué no cierta presión, era difícil no seguir prendido a la ola. Sin embargo, Los Piojos salieron rápidamente del atraco para aprovechar la oportunidad y meter nuevas cosas que sumaron a la experiencia y, obviamente, al producto.

Queremos un buen disco y que consolide el peso de diez años de la banda (…), sino hubiéramos hecho temas con la misma onda de 3er Arco. Hubo cuestionamientos y sacamos una canción llamada ‘Batucada’, que no quedó porque iba a sonar a eso de que queríamos repetir el hit”, expresó Andrés Ciro Martínez en una entrevista para el programa Bla Bla Bla de MTV.  No obstante, tanto era el repertorio a mano que hasta se pensó lanzar un disco doble; idea que no se llevó a cabo ya que, junto al productor, Alfredo Toth, se decidió editar un solo álbum que llegue casi a la capacidad máxima de duración.

La fluidez del trabajo hizo que en apenas cuatro meses el concepto sea plasmado. De punta a punta, el disco tiene todos los ingredientes que se hablaron a puertas cerradas; desde el nombre, las letras y las influencias. Siguiendo con los colores primarios, de por sí una casualidad estupenda, Ciro en un viaje a Brasil empezó a jugar con una especie de varilla que formaba una paleta de combinaciones y se dio cuenta que el orden coincidía con los materiales grabados. A decir verdad, el color que seguía era el verde, pero el cantante optó por el azul ya que le remitía al agua, la muerte y el cielo. De inmediato, se lo comunicó a sus compañeros y comenzaron a diagramar las cosas bajo esa perspectiva con la colaboración de Diego Cazabat.

Hernán Bermúdez, encargado del arte de tapa, del piojo con el hachazo en el ojo y la escenografía, comentó al respecto: “Los chicos tiraron la idea dominante del color y al pensar en azul, se lo vinculó con el mar, el espacio y la noche. Las canciones tenían un perfil más meditativo y hasta melancólico, por eso imaginé situaciones que tuvieran que ver con los viajes, la navegación, los griegos, los monstruos marítimos. El dibujo de tapa, específicamente, remite a una tempestad y a esa mutación entre vela de barco y piojo”.




La canción que abre Azul (1998) es “Vals Inicial”, que se terminó en el estudio y fue tocada una sola vez previo a su grabación. El sonido tormentoso y los aires portuarios daban a entender que este material venía a presentar algo distinto. Ya había cuerdas (viola, violines, cello y corno) y hasta un acordeón de entrada. Lo que sigue es toda una mezcla instrumental, capaz de ponerte bien arriba y bajarte en un segundo. 

Rock nunca faltó en esta banda y quedó demostrado en las potentes "A ver cuándo", “Buenos Tiempos” y "Genius". El amor, o bien, desamores, también seguían firmes. La musa inspiradora de Ciro, la mujer que reflejó en canciones como “Te Diría”, “Qué Decís” y “Gris”, ahora fue revelada en las letras “Y quemas” y “Olvídate (ya ves)”. Si de menciones se habla, hubo influencias a lo largo de los minutos. “El Balneario de los Doctores Crotos”, surgido del cuento de mismo nombre de Alberto Laiseca, terminó con la frase ricotera “noticias de ayer”; lo mismo pasó con “Sucio Can” y su “no pibe” de Manal. El “Mendigo del Dock Sud” de Moris se sumó a la lista. Los vientos dieron su guiño para “El Rey del Blues” y la idolatría a B.B. King que tuvo en los coros al ex jugador de fútbol Fernando Pandolfi.

Siguiendo con el repaso, puede notarse como “Uoh pa pa pa” es una más que indirecta a la prensa y sus malas críticas. Cómo no merecer unas líneas si hasta dieron por muerto a Ciro en un confuso episodio. “Go Negro Go” hace referencia a los travestis y apenas fue tocada cuatro veces en su historia: All Boys 1999, Obras 2000, Luna Park 2002 y Cosquín 2004. El son candombero rioplatense de Daniel Buira, gen de los anteriores discos, marcó el compás de “Murguita”, un pasaje por las ciudades contagiadas por el fanatismo piojoso.

Hay piezas que destilan cierto clima, como “Quemado” y “Finale”, que transmiten a fogones en la arena. Ésta última, su nombre así lo dice, se optó para culminar los rituales con la lectura de banderas. Y obviamente, pueden encontrarse los hits. “Desde Lejos No Se Ve” claramente es uno de ellos, con la guitarra de Daniel Fernández a lo Stevie Wonder, se convirtió en un clásico del set list. Para no olvidar el azul, “Agua”, el líquido de la vida, es otra de esas que el público adoptó rápidamente. Es que la ternura del Grupo coral Chiquicanto del Instituto San Felipe Neri golpeó a más de un corazón.

De febrero a marzo del ’98 se grabaron las tomas y tuvieron la dicha de ir a Nueva York para terminar de darle forma. En el estudio The Hit Factory estadounidense, Chris Gehringer se encargó del masterizado. “Es el lugar para terminar el trabajo, ya que es donde mejor va a quedar el producto que uno hace”, comentó Andrés. El diseño gráfico, de la mano de Mariano Barreiro y Jimena Díaz Ferreira, fue el punto final para que saliera a la calle el 4 de mayo de aquel año.

Las críticas no se hicieron esperar y los medios especializados lo recibieron muy bien. El primer show en la agenda para su presentación fue el 5 de mayo, en el Club Ingeniero Huergo, de Comodoro Rivadavia. Días más tarde, precisamente el 16 y 17, volvieron al Parque Sarmiento para el debut porteño. El aumento de la afición, que show tras show agotaban las entradas, hicieron que la banda de El Palomar pudiera tocar por primera vez en un estadio: All Boys, el 24 de octubre de 1998.

Todo fue llamativamente aceitado y cayó en su lugar sin hacer demasiada fuerza. Quedamos muy contentos con el laburo final. Fue bastante rápido, no sufrimos la presión. Fue muy importante charlar sobre el concepto de Azul”, dijo Ciro una vez que el álbum iba trepando los charts locales. Los videos oficiales que acompañaron a la placa fueron “Desde lejos…” y “El balneario…”, que tuvo como figura principal al asistente Alejandro Picco. Este último clip alcanzó una alta rotación que los acercó al Distrito Federal y Guadalajara (México) y a San Diego, Los Ángeles y Miami (Estados Unidos). “Murga que cruza la frontera, murga que cruza la ciudad”.

En 2007 se reeditó bajo el sello de El Farolito Discos, con la remasterización de Álvaro Villagra en el Estudio del Abasto y con un formato artístico muy destacable. Un nuevo color pintó el andar piojoso y a dos décadas de su lanzamiento se develaron las claves de su gesta. Es que si azul es el misterio más profundo, azules son las almas.


COMPARTIR
Facebook
Twitter
Google+
Pinterest
   COMENTARIOS