De seguro este título llevará por contenido un error. Las mejores películas no pueden ser ésta o aquélla sino sobre todo, y ante todo, la materia inestable y sísmica que rehúsa ser abordada por cuanto texto la pretenda analizable. Sin embargo, aquí se trata de escribir, y todo funciona con mayor fluidez cuando lo referenciado son esos casos raros cuya rareza enrarece incluso a la referencia. En este sentido, lo que se distingue por orden de estreno, lo mejor del año, es lo que sigue:
1. Gran Torino: director, actor y personaje ofrecen una película grande por menor, menor por relajada. La última película del viejo Eastwood tiene un brillo por momentos opacado, por momentos apocado, pero de rugido y ronroneo constante.
Lee aqui la nota completa
2. El niño Pez: Desborde de música en el campo de imagen, operando el uso de aquélla no como auxilio de ésta sino como su relevo: carrera de postas en la que el sonido dice lo que no puede verse y la imagen lo que no puede escucharse. Un uso preciso de la música posibilita la visibilidad de una imagen-música. Esa es la posta.
Lee aqui la nota completa
3. Entre los muros: La película centra su fuerza en la precisión del diagnóstico. El ejercicio automático del castigo, de gratificación y sanción, las maniobras de calificación y clasificación, el tejido de miradas que se controlan unas a otras, evidencian las relaciones poco visibles que (se) suceden entre los muros escolares.
Lee aqui la nota completa
4. El artista: ¿Qué es alguien que pinta como si nadie hubiese pintado antes que él, artista? En principio no es alguien sino nadie más, un desalguienado que no termina ni empieza a pintar, pues: ¿Qué es pintar si nadie ha pintado? ¿Qué es la pintura de nadie? O mejor, ¿Cómo puedo encontrar presente que “nadie haya pintado” en una pintura? “El Artista” se ofrece como respuesta.
Lee aqui la nota completa
5. Bastardos sin gloria: Tarantino percibe el límite con claridad y precisión, y la percepción del límite es ya su cruce, estar del otro lado elevado a su propia potencia. Bastardos sin gloria es la ratificación de ello, verdadero gusto bastardo.
Lee aqui la nota completa
Si como escribiera Proust “los libros hermosos están escritos en una especie de lengua extranjera”, tal vez la misma cosa ocurra para las películas más hermosas, y entonces mirar y ser visto se con-funden en un balbuceo audioyvisual.