El Bondi
Revista Digital
 
* Coberturas | FEBRERO 03, 2017

No es solo rock and roll

El primer día del Rock en Baradero se destacó por la buena oferta sonora de algunas bandas, la propuesta festivalera de otras y el rock barrial de La 25 casi exclusivo para su público. El buen clima ayudó a que los caros vasos de cerveza deambulen toda la jornada.
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La medianoche ya era un hecho consumado y “El mono relojero” agitaba para que nadie se vaya a dormir. Paradójicamente, apenas Martín Mono Fabio de Kapanga pidió como siempre “que el gauchito Gil los acompañe” y terminó su set, los miles de concurrentes que se agolpaban contra el escenario abandonaron el auditorio de Baradero en pocos minutos. Llegaba el turno de La 25, y la banda, también de Quilmes, provocaba uno de los recambios de público más grande que se haya visto en un festival: miles llegaban, miles se iban. Fidelidad o negación, eso pareció proponer la banda central del Día 1 del Rock en Baradero.

El sol y el calor fueron los mejores amigos de un viernes que de a poco se iba poblando de visitantes a la ciudad del norte bonaerense. Los que salían del laburo entraban apurados, deseosos de no perderse los primeros platos del banquete. Con suerte se topaban con Huevo en la entrada, tocando en el Parador Baradero (con entrada gratis), o seguían caminando el largo trecho hasta cruzarse con decenas y decenas de remeras de De La Gran Piñata, banda que provocó los primeros pogos de la jornada, a caballo de sus grandes canciones envueltas en una potencia cada vez más abrumadora. Un set list basado casi en su completitud en su último disco El Equilibrio Entre Los Opuestos (2015), el cual marcó un quiebre en cuanto a su sonoridad, arrancó con la calidez de “De bar en peor” y “Los asuntos del miedo”, y llegó a la cumbre rabiosa con “Tu can” e “Ícaro”.

El tándem de la pared sonora se iba a hacer presente con la subida a las tablas de Eruca Sativa y Carajo. Contundencia y golpes en el pecho de estos dos tríos que deambulan ofreciendo dos de las ofertas más poderosas que viajen por estas tierras. Lula Bertoldi, Brenda Martin y Gabriel Pedernera, mezclaron su último disco Flora y Fauna (2016), con clásicos como “Amor ausente” y “Blanco”. Para resaltar, fueron de los pocos en casi todo el festival que invitaron algún colega a tocar, recibiendo a Maikel de Kapanga y a Luciano Farelli de Parteplaneta, banda que había sido una de las encargadas de inaugurar la jornada.

Sonido, visuales, luces. Todo resalta y envuelve en un show de Carajo. La calidad internacional deja boquiabiertos a muchos y casi sordos a otros. “Sacate la mierda” es infaltable en cada escucha y siempre ofrece su cuota de actualidad. El medley ya típico de temas de Pantera ruge con fiereza y deja escapar a “El vago”, última pieza de una jornada que ganaba en calidad.

Las cervezas, pese a su alto precio, empezaban a ser las estrellas de la noche cerrada y calurosa. El público que de a poco iba colmando el anfiteatro se resignaba a pagar, admitiendo que en muchos festivales como estos suele no tener la oportunidad de contar con ellas. Un nuevo trío al acecho: Attaque 77 se encargó de desempolvar sus clásicos (pero no sus máximos como “Hacelo por mi” o “Arrancacorazones”) y también les dio lugar a viejas perlas doradas como “No te pudiste aguantar” o “América”, esta última enganchada al “queda mucho por hacer” de Pappo. Con más parsimonia que sus antecesores, sin los demás instrumentistas que suelen acompañar en sus shows, la banda sacó pecho de sus 30 años de historia y sus canciones imbatibles, sin darle mucha importancia al sonido o a la performance. Para un festival con las canciones les sobra.

Y si dijimos festival no podíamos no gritar bien fuerte “Kapangaaaaaaaaa”, y dejarnos seducir por la complicidad escénica que ofrece siempre el Mono Fabio. Los temas de siempre como “En el camino”, “Rock” o “El universal” lograron lo que tanto cuesta y a ellos tan fácil les queda: la sonrisa del público. Con algunas citas a colegas (rockeros y no tanto), especialmente de la mano de Maikel, con algunos chistes (buenos y no tanto), serán siempre la alegría de nuestra alma. Las canciones nuevas ganan en sonoridad pero pierden en astucia y allí es donde el público festivalero descansaba para volver a saltar con el próximo hit. El Mono parece estar siempre atento a todo lo que sucede alrededor y no olvidó de destacar la situación del país y la fuerte presencia policial en los alrededores de la ciudad.

Con el público ya recambiado, La 25 salió a rockear, el público a desplegar una bandera recontra gigante y futbolera. La Banda Sopresa de los primeros días en que se anunciaba la grilla era una realidad, haciendo feliz a sus miles de seguidores que pese a su impronta rocanrolera, muchos no dudaron en cantar algún punk de Attaque o bailar cuarteto kapanguero desde la parte final del campo. La banda de las guitarras infinitas (en un momento eran cuatro al frente del escenario) saludó con “Como me gusta” y desplegó su largo repertorio, dejando bien en claro canción tras canción toda su declaración de principios barriales y rockeros, e invitando a escena a su coterráneo cantante de Kapanga. Rezándole a la “Cruz de sal” se despidieron, mientras en el cielo asomaban tímidamente unas nubes que predecían lo que podría llegar a suceder al día siguiente…

Grandes bandas de la nueva escena, sonido potente, clásicos pachangueros y del viejo punk, barrio y rocanrol. Así es un festival, Así fue el Día 1 del Rock en Baradero. La mezcla de estilos fue la clave, pero en este caso, el público no siempre se mezcló.


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