El Bondi
Revista Digital
 
* Coberturas | FEBRERO 25, 2017

Una noche sin respiro

En la segunda fecha de la 25ª edición del Festipulenta, la música indie y la poesía se fundieron al calor de una noche sofocante y concurrida en el Club Cultural Matienzo.
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Desde temprano, Antolín brindó un set acústico al aire libre en el patio del Matienzo para recibir a los recién llegados que, a pesar del inclemente calor que hizo burbujear el alquitrán de las calles, llegó temprano para no perderse nada y encontrar sosiego en alguna bebida fresca para aplacar la sed.

La poesía y la expresión joven que son sinónimos del Festipulenta dieron paso a la parte más rockera de la noche en el salón milagrosamente refrigerado donde el dúo de guitarra y batería Riel presentó sus canciones poderosas y climáticas al modo de los White Stripes para ir sentando las bases de una pequeña maratón de las diferentes directrices del indie local.

Lo que parecía una tímida presencia comenzó a crecer, y para cuando Paoletti y los Impares se subieron al escenario con su buena vibra setentosa y canciones aterciopeladas a dos voces. El festival ya había cobrado sus dimensiones acostumbradas, y a pesar de algunos ajustes de sonido que tardaron en llegar, todo quedó dispuesto para continuar disfrutando una noche de música distinta.

Valentín y los volcanes, una banda nacida en el Festipulenta dio lo mejor de sí a salón lleno y los aires acondicionados ya no dieron abasto para contener la creciente temperatura gracias a la participación del público y las pegadizas canciones de las diferentes etapas de esta banda que sigue creciendo cada vez más.

Una vez alcanzado el cénit de entusiasmo y capacidad, Los reyes del falsete y su música estroboscópica pusieron el salón principal del Matienzo a agitar con un repaso de sus canciones y la promesa de ir siempre por más. Rosario Bléfari con su mística retro hechizó al calor y el público con su encanto singular para devolver a los viajeros del indie reunidos allí a una realidad sofocante.

En esta segunda fecha del Festipulenta 2017 se vivió toda la buena onda y las diferentes propuestas que son la firma inequívoca de una marca registrada del under de Buenos Aires; que entre tanto festival grande, y lejano, propone una alternativa diferente en plena Capital.


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