El Bondi
Revista Digital
 

Errantes y solitarios, pero juntos

El grupo pasó por Gregon Bar y repasó su primer disco homónimo, editado en 2016.
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Tanto al principio como al final, la jornada se caracterizó por lo envolvente del clima. Luces tenues, miradas furtivas y cómplices, camareras rondando las mesas y la intimidad que proporcionó el Gregon Bar, hicieron que la presentación de Psycorchester, el viernes por la noche, estuviera atravesada por una sensación amena, de fraternidad.

El primero en tomar la palabra fue Dux, guitarrista y comandante de este conjunto de errantes solitarios, que de manera muy escueta soltó un “sean muy bienvenidos”, y dio inicio a la lista, que como era de esperar, hizo hincapié en su álbum debut y epónimo. Previamente, sobre el repertorio, el violero le comentó irónicamente a este medio: “Tal vez toquemos algún tema nuevo. Lo cual es relativo, porque para cualquiera que no nos haya escuchado aún, todo es nuevo”.

En lo que respecta al desarrollo, son varios los puntos a destacar, como “All interno di un uovo”, de espíritu ricotero (presente en gran parte de la noche). A nivel individual, por ejemplo, el bajista Nicolás Lagreca aportó precisión y orden, facultades siempre necesarias en este tipo de proyectos, donde la música desborda; al margen de un tremendo punteo a lo Victor Wooten que metió en “Ardente”. Como contrapartida, Tito Delfino, quien cuenta con un interesante bagaje en la escena (Viejos Komodines, Juguetes en el VIP), sumó su cuota de verborragia desde los parches.

Las voces, algo poco frecuente en las bandas locales, estuvieron muy repartidas entre el ya mencionado Dux y Juan Arana, el cantante propiamente dicho. Fue así que hubo mucho de interpretación en cada una de las canciones, siendo la más notoria “Il colpevole”, también conocida como “Soy yo”. El setlist, además, incluyó un monólogo, a cargo de Arana, quien finalizó, palabras más, palabras menos: “La esquizofrenia no puede comprenderse sin la resignación”. Luego de sacudir por última vez su guitarra, y de agitar sus piernas por vigésima vez, Dux miró complacido a sus compañeros. Ellos le devolvieron la mirada, como quien dice, “bien hecho, colega”; y abajo del escenario, la respuesta fue similar.

De esta manera, el capitán del navío Psycorchester se dio por satisfecho, al tiempo que agradeció la presencia de los espectadores y se quitó la guitarra de encima. Lo siguiente, la rutina: una reverencia, desenchufar los equipos y dar por finalizada la presentación.


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