El Bondi
Revista Digital
 

Latido Valvular

No Tan Distintos presentó oficialmente Raíces bien profundas en Niceto y celebró junto a su gente el cumpleaños de dos de sus integrantes en un recital de dos horas a puro rock.
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Después de un año de tener su quinto trabajo discográfico bajo el brazo y no poder hacerlo llegar, los seis de Mataderos se despacharon durante dos horas con todas sus canciones. Su disco más reciente fue la propuesta central pero también se sumaron aquellos que pavimentaron su historia desde los comienzos de la banda en 1998 hasta esta presentación tan largamente esperada en Niceto Club.

Ya los momentos previos al recital se coloreaban con la música de La Renga, Viejas Locas, Pappo‘s Blues y otros clásicos del rock que se reflejaba en las remeras de los recién llegados, cerveza en mano, con la expectativa de quién sabe lo que está por ver. No Tan Distintos no se hizo esperar más allá de las diez menos cuarto, apenas un rato después de lo que anunciaban los rumores.

La voz implacable de Leonardo Padilla y las guitarras de Gastón Petrungaro y el cumpleañero Marcelo Velázquez arrasaron con todas las canciones de Aun amanece (2011), principal cuerpo de la lista que ejecutaron a la perfección. Cada golpe del bombo Hernan Bo, quién también cumpliría años después de las doce, con los graves de Alejandro Vomero siempre pegados sacudían la ropa, y Mariano Padilla en saxo o armónica, según la canción, le pusieron ese vuelo infaltable a un sonido perfecto.

Para las canciones más conocidas, NTD preparó un momento acústico en donde versionaron algunos de sus temas más viejos, no sin antes liberar su euforia con ‘White Trash‘ de Sumo. Luego, el cajón peruano, las guitarras españolas y el momento íntimo en medio de una escenografía fantasmagórica diseñada por Sergio Funes, quién también se encargó del arte de tapa del flamante disco.

Una vez más empuñando sus instrumentos eléctricos y con las válvulas calientes, la banda cabalgó las canciones finales con el desenfreno del reencuentro y la euforia de la despedida, todo al mismo tiempo, pues las dos horas de show se escurrían rápido entre los dedos de las manos llenas de papelitos, que recibieron uno tras otro los temas clásicos y también los nuevos.

Una maravillosa presentación que no dejó mucho lugar a la interpretación, pues claramente se trató de rock: valvular, sanguíneo y desgarrador, como la voz de Padilla, como la disposición de Petrungaro, que después de todo es aquello que su gente viene a ver, y con las manos llenas, se llevaron todo ese show en la memoria. Imparables e imborrables, todo lo que les queda es llegar a más.


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