El Bondi
Revista Digital
 
* Coberturas | Opeth ABRIL 08, 2017

La comunión perfecta

La banda sueca (ex) death metal progresivo llegó al país en el marco de la gira de su nuevo disco Sorceress (2016) y una vez más, no volvió a defraudar; y hasta se animó a dar su veredicto sobre una famosa achura argentina
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                                       “Seasons change and so can I
                                                                                  “A Change of Seasons” (1995)
                                                                                                     Dream Theater.

Las estaciones cambian y yo también” dice la letra del tema de Dream Theater, colegas y amigos de Opeth unidos y hermanados por el prog. Y es una frase que define perfectamente la actualidad de la banda sueca liderada por la mente hiperactiva de Mikael Åkerfeldt. En 2011 con el disco “Heritage” como punto de partida, el grupo cambió su rumbo, dejó atrás los death growls a la hora de cantar; las influencias de Morbid Angel y Celtic Frost, quedaron relegadas y las King Crimson, Yes y Genesis tomaron el centro de la escena compositiva. “Hicimos como Bob Dylan pero a la inversa cuando se volvió eléctrico en 1965” explicó Mikael en su momento. Esto produjo la división de algunos de sus fans, y una gran generación de memes por parte de los más snobs, pero algo se mantuvo intacto: la calidad de la música de Opeth, y su cuarta visita al país es una muestra más de ello.

A las 21:00 la atmósfera de Groove se alteraba, la intro marcada por la hipnótica melodía de “Through Pain to Heaven” tema del Popol Vuh tensionaba el lugar, hasta que Joakim Svalberg irrumpió con el intrincado riff de hammond de “Sorceress”, entraron las guitarras de Mikael y de Fredrik Åkesson (Ex Arch Enemy) y la mecha ya estaba encendida. Señal de lo que se avecinaba. Mikael se notaba tenso y callado, algo raro en él, ya que es conocido por su especial sentido del humor. Y antes de explotar su lado demoníaco explicó el por qué: “No estamos del mejor humor por lo que pasó ayer en Estocolmo, no sé si habrán visto las noticias – haciendo alusión al atentando –pero estamos muy felices de estar acá”. Dicho esto se dedicó directamente a lo diabólico y con dos temas de su repertorio “old shit”, tiño el ambiente de rojo sangre, “Ghost of Perdition” y la joyita del disco My Arms, Your Hearse de 1998, “Demon of the Fall” se encargaron de eso, mientras su voz podrida que retumbaba en todo Palermo.

El setlist armado por Opeth dio un pequeño respiro al público después de tanta distorsión dominada por el Death Progresivo, para mostrar el lado más sereno del quinteto. Primero con la nueva "The Wilde Flowers" –donde Åkesson la rompe toda en su solo- y después con dos hermosas baladas que transformarían al instante el oscuro corazón de un metalero en un puñado de terciopelo: “In My Time of Need” y “Face of Melinda”, tema que obsesionó tanto a Mikael que Melinda terminó siendo el nombre de su hija.

El ánimo de Mikael había cambiado, el trascurrir del show le permitió soltarse, -esto no le impidió estar híper preciso al mando con su guitarra PRS-. Pero sí volvió su lado charlatán (you’re a charlatan) a tal punto que comentó que fueron a cenar y probó la especialidad argentina, el chinchulín –achura soplada al oído por Martín Mendez, el bajista uruguayo que recibió su ovación) y dio su veredicto: “Debo decir que sabe un poco a mierda”. Risas y abucheos.

Después de las carcajadas todo se volvió a poner oscuro, la luz se ausentaba y la música sombría y lúgubre volvía a ser invocada. Martin "Axe" Axenrot el reloj sueco tras los parches, marcó el tempo del entrecortado tema "The Devil‘s Orchard", para luego pasar a tres maratónicas composiciones llenas de riffs, de secciones acústicas, de contra tiempos, de partes melódicas, de partes brutales: -"Heir Apparent","The Drapery Falls" y "Deliverance". Porque Opeth es eso, es veneno y antídoto, es seda y es escamas, es death y es folk, es ángel y es demonio, es gutural y es cristalino. Porque Opeth es una aventura que envuelve varios géneros, varios caminos y varios atajos, todo en una canción.

Después del saludo final una cosa quedó clara: a pesar de que Mikael tenga entendido que con su nuevo camino musical “No se puede complacer a todos, así que pueden quejarse por toda la eternidad”, la gente que estuvo en Groove, seguro, no tuvo ni una sola queja…


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