El Bondi
Revista Digital
 

Heredando la corona

El grupo de hard rock de los hermanos O‘Keeffe se presentó por primera vez en Argentina después de la cancelación de la gira en 2014. A pesar de algunos problemas de sonido y de un setlist corto, los australianos dieron una maestría de rock.
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Si tomamos el árbol genealógico de influencias musicales y lo analizamos desde sus principios, surgen varios interrogantes ¿Qué hubiese sido de Led Zeppelin sin Muddy Waters; de los Beatles sin Carl Perkins y Elvis; del heavy metal sin Black Sabbath; del glam sin David Bowie o de Airbourne sin AC/DC? Al ser parte de la generación que va a ver a sus ídolos del pasado retirarse y/o desaparecer, es necesario comprender y aceptar que otro artista nuevo ocupará su lugar, esté o no a la altura de la leyenda. Al igual que un león viejo tiene que dejar el liderazgo en la manada, el cetro, tarde o temprano, tiene que cambiar de mando. 

Airbourne es un cuarteto australiano de purísimo y directo hard rock, que cuenta con cuatro discos editados, que le sirven como credenciales para presentarse como candidato a la realeza del rock and roll. En este caso, para seguir el linaje aussie que comparte con Rose Tatto y con AC/DC –donde hoy en día y por todos los problemas que son vox populi el único apto para tocar en vivo es Angus Young- si Airbourne será parte de la corona o no, sólo el tiempo lo dirá. Mientras, siguen dejando su huella con sus aplanadoras presentaciones en vivo.

A las 21.30 el escenario ya manejaba una temperatura infernal después de la presentación de La Naranja con Boff de Riff como invitado –todo un acierto de la productora- que con “Rock en la Sangre” y “Que sea Rock”, puso al público en guardia para lo que venía.

Con el tema original de la película "Terminator 2", las máquinas tomaron posición para arrancar con “Ready to Rock”, pero un problema técnico echó a perder la performance porque el micrófono de Joel O‘Keeffe estaba muerto y lo obligaba a cantar haciendo pantomima, entretanto los fanáticos hacían el aguante coreando el riff. El problema persisitió durante “Too Much, Too Young, Too Fast”, por eso decidieron parar y empezar de nuevo; ahí el público cambió su veredicto y se la agarró con el sonidista. Joel, como el gran frontman que es, sólo tuvo que pararse, agitar su puño acompañado de un silencioso grito de “yeaaaah” para calmar a las fieras. Airbourne ya había puesto segunda.

Desde ese punto nadie podría parar la estampida de rock que se desató con “Down on you”, composición dedicada de forma políticamente correcta al cunnilingus, con “Rivalry”, ese himno de cancha que escribieron para las hinchadas del fútbol australiano, y “Girls in Black”, hablando de mujeres y alcohol, por si faltaba algo por llenar en el formulario del rock and roll. Todo con la base impecable base rítmica Ryan O‘Keeffe –batería- Harri Harrison –guitarra- y Justin Street – bajo -.

Salta, corre, hace el famoso Duck Walk patentado por Chuck Berry, se lanza al público, le hace un solo en la cara a un extasiado seguidor en silla de ruedas, toma cerveza, la comparte tirándola por todo el Teatro de Flores, agarra un lata y la abre a cabezazos, con ustedes…Joel O‘Keeffe, que pregunta con su voz rasposa: “¿Hay algún fanático de Motörhead?" El grito de “Lemmy, Lemmy” no se hizo esperar como preámbulo de “It‘s All for Rock ‘n‘ Roll”, el tema dedicado al líder de Motörhead.

La pared de amplificadores Marshalls y la bandera con el arte de tapa del último disco Breakin‘ Outta Hell (2016) servían de marco para el rock de dientes apretados, de músculo tenso y de tortícolis asegurada de seguir el beat de “No Way but the Hard Way” con una letra que muestra que tienen claro cómo es el camino a la cima: “No existe otro camino, que el camino duro, así que acostumbrate” y de “Stand Up for Rock ‘n‘ Roll”.

El cierre, como no podía ser de otra forma, fue con dos versiones descarriladas y extendidas de “Live it Up” y de “Runnin‘ Wild” que también dio para zapar sobre “Paranoid” de Black Sabbath y “Dirty Deeds Done Dirt Cheap” de AC/DC con el delirio total de gente que a pesar del corto setlist (11 temas) se fue totalmente satisfecha.

La imagen que engloba la noche a puro rock and roll fue la de los cinco chicos de unos diez años subidos a los hombros de los padres cantando a la par de los australianos. El futuro llegó hace rato y Airbourne viene a buscar lo que cree que le pertenece. Agárrense.

 


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