El Bondi
Revista Digital
 

Toda niño sensible sabrá de qué estamos hablando

La noche del viernes 1º de septiembre, Palermo Club recibió el debut en suelo argentino de The Get Up Kids, una de las bandas más relevantes del emo noventero. Un show de una hora y media le alcanzó al grupo estadounidense para demostrar qué los hizo ser una de las bandas más importantes del género.
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Hay determinadas bandas que marcan épocas y estilos, y no hace falta que sean extremadamente populares para lograrlo. Eso sucede con The Get Up Kids, uno de las grupos insignia de la tercera ola del emo. Pasaron 20 años desde que editaron su disco debut, Four Minute Mile (1997), hasta que finalmente visitaron Argentina. La duda de si ya era tarde se presentó inmediatamente apenas se supo de su visita. Cuando comenzaron a sonar los primeros acordes de “Holiday” las incógnitas se disiparon al instante: había pasado mucho tiempo pero, finalmente, esos cinco muchachos de Kansas City llegaron para demostrar que no venían de paseo.

Las bandas invitadas para amenizar la espera fueron Vientos y Charlie 3, que lamentablemente tuvieron que tocar muy temprano y bastante gente no llegó a verlos por sus horarios laborales. Sin embargo, se trata de dos grupos que llevan años pateando escenarios y brindaron dos shows concisos y parejitos.

Ya cerca de las 21.30 el público que se había acercado hasta Palermo Club empezaba a impacientarse. Las expectativas volaban y resultaba difícil no sumarse a la ansiedad. Los músicos aparecieron en escena e inmediatamente, sin mediar palabras, hicieron sonar “Holiday”, del disco Something to Write Home About (1999), tal vez su placa más reconocida. El hechizo estaba lanzado. La voz dolorosa de Matthew Pryor, como desde hace 20 años, le cantó a todos esos treintañeros, mayoría absoluta entre el público, que vivieron su adolescencia escuchando sus letras de corazones rotos, decepciones, amores no correspondidos.   

Los hermanos Ryan y Rob Pope se encargaron de marcar el pulso de la noche con la batería y el bajo, respectivamente. Tras los parches, Ryan se mostró casi como un metrónomo, sin perder el tempo en ningún momento, una maravilla. El sufrimiento de Pryor esta noche pasó porque pidió una Coca Cola regular y le trajeron una light (los motivos cambian con los años: ayer una traición, hoy una Coca Light).

Por momentos, las personas pasaban por sobre las cabezas y la seguridad de Palermo Club no terminaba de entender cómo reaccionar. El clásico e infaltable mosh no se hizo esperar, claro, ni se detuvo en todo el recital. Probablemente los dos que más energía transmitían, a su vez, eran el guitarrista Jim Suptic y el tecladista James Dewees, quienes se hicieron cargo de una sutil y sentida “Mass Pike”.

Con una lista en la que estuvo casi entero Something to Write Home About la sensibilidad estuvo a flor de piel durante todo el show. Imposible no emocionarse cuando sonó “Ten Minutes”, uno de sus himnos, o con la siempre hermosa versión de “Close to me” de The Cure, o también con la sufrida “Out of Reach”.

La duda inicial de si aún conservaban esa impronta y adrenalina de los noventa quedó completamente disipada para dar lugar a una sensación de alegría y ganas de más cuando terminó el show. La duda que persiste, sin embargo, es: ¿dónde está Santiago Maldonado? Un rato después de la multitudinaria marcha pidiendo por el pibe desaparecido a la fuerza, The Get Up Kids generó nuevas sensaciones y reeditó algunas más viejas, en el que probablemente haya sido EL show internacional del año.  


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