El Bondi
Revista Digital
 
* Coberturas | The Cult OCTUBRE 03, 2017

Ceremonia sónica

El grupo liderado por la dupla Astbury-Duffy retornó en gran forma para presentar su nueva placa, Hidden City.
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"Awake. Shake dreams from your hair, my pretty child, my sweet one", la voz gruesa de Jim Morrison invadía el Luna Park recitando su poema devenido en "Ghost Song" musicalizada post-mortem por The Doors. Nada es casualidad. El vínculo entre Ian Astbury y Morrison se reveló en forma de experiencia religiosa cuando Ian lo escuchó en su niñez, y luego mutó en reencarnación, cuando se puso al frente de los Doors allá por 2002. Minutos después, "Making of Cyborg", una composición tribal tomada del animé "Ghost in the shell", preparaba el terreno para la celebración sónica. La conexión espiritual teñida de ansiedad entre The Cult y sus seguidores estaba en su punto más alto cuando Billy Duffy y su guitarra Gretsch se encargaron de romper el trance con el riff entrecortado de "Wild Flower" y todos volvieron a la realidad. Una realidad llena de expectativas por los hits que los ingleses tenían preparados en su setlist.

Desde su formación en 1983, The Cult pasó por varias metamorfosis, ya que supieron coquetear con lo gótico y lo psicodélico en Love (1985), y con el hard rock influenciado por AC/DC en Electric (1987), álbum producido por Rick Rubin, que cumple 30 años, y que sirve como justificativo para la visita. Por eso cuando empieza a sonar la misteriosa "Rain" todos festejan el contraste generado en la apertura.

Ian Astbury porta gafas negras, su pandereta para marcar el ritmo, su extraño carisma, y sus profundas cuerdas vocales para presentar temas de su nueva placa, Hidden City (2016), bautizada así en honor al barrio de Carlos Tevez. Más tarde preguntaría "¿Hay alguien de Ciudad Oculta? Ciudad Oculta es el corazón", explicaba mientras se golpeaba el pecho. "Dark Energy" con John Tempesta en batería llevando el beat de forma firme y potente, marcado por su pasado en grupos más pesados (Rob Zombie, Exodus, Testament); "Birds of Paradise" una balada con el piano ejecutado por Damon Fox -creador de la banda de metal progresivo Bigelf- con la pregunta directa que hace Ian en la letra "¿Cómo te vas a sentir cuando todo esto llegue al final?" refiriéndose a la actualidad del Planeta Tierra, y la oscura "Deeply Ordered Chaos" fueron los estrenos de la noche.

Claro que The Cult tiene varios ases bajo la manga y puede desembolsar temas como "Lil‘ Devil" o "Peace Dog" donde la gente se sube inmediatamente a sus estribillos; momentos más abrumadores como la guitarra de "Rise", y hasta espacio para que Astbury jugue a invocar espíritus, cambiando la percepción colectiva con la propuesta de canciones como "Nirvana", "The Phoenix" o "She Sells Sanctuary" convirtiendo todo en una gran sesión de rock tántrico.

Cuando Billy Duffy no toma la escena con un solo o con su moviento lento en forma de remolino al mejor estilo Pete Townshend, el centro de gravedad y de atención es Astbury. Quien estuvo muy bien en lo vocal, aunque a veces salía a naufragar sin brújula con las métricas de las canciones, con Damon Fox haciéndole de guía en los coros. Además, repartió durante el show algunas frases trilladas como "Hasta la victoria siempre", "No llores por mí Argentina", "Fuerte Apache", besó la bandera ofrecida por unos fans, recordó a varios músicos que ya no están con nosotros -David Bowie, Tom Petty, Chris Cornell, Chester Bennington-; y hasta se trenzó con la platea (VIP según él). Cosas de dirty little rockstar.

Los recuerdos que todos guardarán fueron el del final a todo trapo de "Love Removal Machine" con el vocalista gritando "Bailen mothefuckers, bailen" y su famoso "baby, baby, baby" y el saludo entre Astbury y Duffy al despedirse del país. The Cult sigue vigente y aunque por momentos es disminuido por la crítica, sigue tomando carácter de leyenda.


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