El Bondi
Revista Digital
 

Tengo un pase: ¡Puedo invitarte (de nuevo) a Obras!

Miguel Mateos volvió al mítico Templo del Rock para celebrar el cumpleaños número 30 de Solos en América, uno de los discos más importantes de su carrera.
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El 18 de noviembre todo aquel que llegaba a las cercanías del estadio se daba cuenta que el clima era muy tranquilo. La mayoría del público eran padres e hijos juntos y hasta nietos: es decir, eran tres generaciones las que estaban esperando entrar al Templo del Rock. Premio especial para ese club de fans (hermoso llamarlo así) autodenominado “Nuestro Bar Imperio” que cayó al estadio como una tropa fiel a Miguel Mateos, todos lookeados con una remera que llevaba el nombre del club. Además, el orden y la amabilidad desde el ingreso (tanto el acceso a la prensa como al público) es algo que no se ve a diario y es para felicitar a la producción del evento.

Pasados 20 minutos puntuales de las 21, la pantalla que estaba como fondo del escenario mostraba una filmación de un helicóptero que estaba aterrizando. De adentro del mismo, bajaba el cantante, todo anexado con su entrada a las tablas de Obras, bajo el “Olé…Olé…Migue... Migue...” de la gente. El teclado de “Llámame si me necesitas” rugiendo dio el puntapié inicial para el festejo de las tres décadas de un disco por demás importante en la obra de Mateos.

Emocionado por la gente que había venido de otros países latinoamericanos y desde el interior del país, el artista siguió con “Ámame ahora, no mañana” y “Libre vivir”, canción que confesó era una de sus favoritas. La canción que habla sobre amores rotos, “Es tan fácil romper un corazón”, una de las más cantadas, por los fanáticos de este artista que baila y se mueve por el escenario, muy al estilo  artista centroamericano pero con su toque porteño.

Cachorro López fue el invitado estrella de la noche, quien fuera parte de ZAS/Miguel Mateos para la época de Solos en América (1986) . La primera canción fue “Mi sombra en la pared”, una versión con su sonido ochentoso súper marcado pero aún más rabioso todavía, dejó perplejo a todos. La segunda fue una composición a dúo con Mateos, “Si el amor existe”, donde la línea de bajo de Cachorro se llevó  todos los aplausos.

“Me encantan las baladas de Rock. ¡Hay que volver a los lentos!”, gritó un nostalgioso pero sincero Miguel Mateos antes de interpretar con mucha emoción “Hagamos el amor”. Para la siguiente canción, el cantante oriundo de Villa Pueyrredon llamó a un coro de niños del Colegio Pestalozzi y a su director, para interpretar “Dejen las armas”. No pudo dejar de contar cómo fue la grabación de esta canción en Los Angeles, y lo difícil que le fue encontrar chicos latinos para que participen del coro a mediados de los ochenta. Asimismo, tristemente confesó a su público  lo naif que resulta su canción hoy ya que el mundo “está más violento que en esos días”. De más está decir que el tema estuvo dedicado a los nenes en Argentina, al presidente norteamericano Donald Trump y al líder norcoreano Kim Jong-Un.

La primera parte llegaba a su fin y la canción “Solos en América” decía presente, y por los arreglos que tiene (fino y sensual ese saxo) es una gran elección para el nombre del álbum. Un conteo por parte del público fue el que dio inicio al riff de “Cuando seas grande”, ultra coreado por todos, el gran hit de ese disco que lo catapultó a una fama latinoamericana sin fronteras.

“¡Esta noche no podemos dejar de bailar, familia!”, gritó Mateos apenas volvió al escenario. Claramente, la segunda parte fue un repaso por toda su carrera. La primera fue “Una noche más”, donde la gente le respondía coreando a los músicos, acompañados por el clásico saxo y unos punteos de guitarra; la segunda, “Dulce Ana” mimada por un clarinete que mimaba sus estrofas, y la tercera, “Tengo que parar”, mechada con “She loves you”, de los Beatles, dejó sin garganta a más de uno. La lista seguía y la canción “Bar Imperio”(la misma que le da nombre a su fans club) no podía faltar.

“Esta es mi ciudad. Es el único lugar donde me pongo nervioso…¡Soy un boludo!”, confesó entre risas Mateos quien se desató con otro aluvión de hits: “Un poco de Satisfacción” “Extra, extra” (con esa letra impecable) y “Un gato en la ciudad”, que tuvo de yapa un solo de guitarra para aplaudir.

Todo llegaba a su fin. Mateos se sentó en su piano para hacer “En la cocina, huevos”, una canción que en su momento hizo ruido, e hizo pensar a más de una generación. Por eso, como allá en los ochenta, el hecho de cambiar el estribillo por el de nuestro país, habla de toda una época. Energía más inteligencia.

Unas chicas repartían unas linternitas de colores para iluminar la última parte del show, y aunque alguno amagó en retirarse de Obras, la historia continuó. “Quiero que terminé todo como un dance club: ¡El cielo es el límite!”, dijo desde arriba un Mateos energico antes de entonar “Euforia”, el corte de difusión de su último disco, Electropop (2016).

El único hit noventoso que quedó en el conciente popular argentino de Mateos fue “Obsesión”, por esa razón no pudo faltar en la fiesta. Al mejor estilo Luis Miguel, y a pesar de los años, el frontman acompañó la canción con una simpática coreografía.

El final fue de todos con “Tira para arriba”. Ese hit llenó de energía positiva y esperanzador lo cantó casi todo la gente, mientras Mateos miraba emocionado como ese clásico sigue igual de vivo que siempre. Tal como en el Luna Park de 1985 presentando “Rockas Vivas”, la gente tiraba sus remeras o sus buzos al aire para el estribillo de la canción. Sólo quedaba tiempo para agradecimientos y saludos con la gente.

Después de 30 años, Miguel Mateos volvió a rescatar Solos en América para celebrarlo en Obras. Este álbum que lo disparó a su punto más alto de fama en toda Latinoamérica, donde aún sigue siendo palabra mayor. Hoy en día, a pesar de sus fans y de seguir sobre los escenarios, en Argentina, no tiene el peso que supo tener. Pero esas letras provocadoras y porteñas, cada vez que suenan, ayudan a recordar y a entender porqué Miguel Mateos/ZAS fue una de las piezas fundamentales del rock nacional, de principios de los ochentas.


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