El Bondi
Revista Digital
 

Rock and roll y fiebre

Creedence Clearwater Revisited, el grupo integrado por algunos de los miembros originales de la mítica banda californiana, se presentó en un Luna Park colmado de fans que disfrutaron de sus clásicos inoxidables.
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Han pasado casi veinte años de su primera presentación argentina en el Estadio Obras y el proyecto montado por Stu Cook y Doug “Cosmo” Clifford -bajista y baterista respectivamente del original Creedence Clearwater Revival, junto a los hermanos Fogerty- puede jactarse de generar la misma expectativa en el público de estas latitudes: como en aquél 1998 en el que el “templo del rock” desbordaba de fans, éste Luna Park de inicios de 2018 se muestra colmado por una audiencia ,que reúne a varias generaciones, que viene a reencontrarse y disfrutar con ese sonido que calienta la sangre y que ha atravesado su vida en algún momento.

A las nueve de la noche, y sin demasiada introducción, la banda pisa el escenario y comienza a calentar su motor como quien sabe que va a emplearlo a fondo a lo largo de la noche. Las canciones elegidas para iniciar el recorrido son los potentes clásicos “Born on the Bayou” y “Green River”, seguidos por las hermosas y reconocidas baladas “Lodi” y “Who’ll stop the rain”. Además de la sección rítmica confirmada por Cook y Clifford, otro de los puntales del sonido de Creedence es la voz de Dan McGuinnes, quien además se hace cargo de la guitarra rítmica. La performance vocal de McGuinnes es sólida por donde se la mire, con un registro que se ajusta a lo que piden las canciones y sin la pretensión de imitar a John Fogerty.


El grupo desempolva uno de los temas que integra su primer disco –publicado hace cinco décadas-, “Susie Q”, y el ritmo hipnótico que sostiene la base es el telón de fondo para que Kurt Griffey, músico reclutado como guitarrista líder, comience a desplegar todo su talento con imponentes solos que pasea de una punta a otra del escenario y que levantan la primera gran ovación de la noche. Desde la alegría que despiertan “Hey tonight” y “Down on the corner” hasta el sabor country de “Lookin’ out my back door”, pasando por la calidez que derrocha “Long as i can see the light” y la intensidad dramática de “I put a spell on you”, Creedence despliega su paleta de colores musicales con una performance absolutamente aceitada, en la que entretiene a su público y se divierte sobre el escenario.


A partir de “Midnight special”, el clásico compuesto por Leadbelly, se desata una fiesta en el Luna Park que escala en intensidad tema tras tema y que sólo se acaba con el final del show. Aquellos que superan los cincuenta años, y que son mayoría entre los asistentes, saltan de sus asientos y bailan rock and roll en los pasillos del estadio, como parte de ese baño de juventud que parecen haber venido a buscar y que siempre es bienvenido. El intrépido rock and roll “Bad moon rising” –para los desprevenidos, la melodía original del famoso “Brasil, decime qué se siente…”- inevitablemente pone al a todos en modo “mundialista”, mientras que en los clásicos “Proud Mary” y “Fortunate son” sus estribillos generan ese eco atronador de parte del público que le suma todavía más emotividad al ambiente.

Los músicos se toman unos minutos para saborear una noche que ya sienten triunfal, con los argentinos rendidos a sus pies. Al retornar al escenario le regalan al público otro de esos temas que emocionan y levantan ovaciones a través del tiempo, la balada “Have you ever seen the rain?”. El rock and roll frenético de “Travelin’ band” no da respiro, y el inconfundible riff de “Up around the bend” viene a ponerle el broche de oro a una noche en la que, a lo largo de una hora y media y diecinueve canciones, Creedence puso a prueba la vigencia de su repertorio y salió absolutamente vencedor.

      

Pocas bandas han logrado en pocos años de trayectoria un nivel de reconocimiento a escala mundial y una capacidad de influir a quienes les sucedieron como Creedence. Son uno de los grupos definitivos de la cultura rock, parte de esos finales de la década del ‘60 y comienzos de los ‘70 que se convirtieron en años dorados para el género. Stu Cook y Doug Clifford se propusieron llevar la música y la leyenda del grupo al siglo XXI, y el resultado es Creedence Clearwater Revisited, una formación que mezcla frescura y experiencia para darle vida a un repertorio de rock and roll y country caliente que no tiene fecha de vencimiento y que fue absolutamente celebrado en el Estadio Luna Park.  


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