El Bondi
Revista Digital
 

Una excusa para celebrar

Luego de su show en el Vorterix y de girar por el interior del país, el ex baterista de la legendaria banda The Ramones volvió a Buenos Aires para dar un recital que no dio tregua y en el que se oyeron una vez más los himnos que consagraron a la banda.
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La larga historia de la banda neoyorquina con el público argentino comenzó en el viejo Estadio Obras Sanitarias el 4 de febrero de 1987, pero no sería hasta 1991 que empezaría un romance que traería a Ramones todos los años a nuestro país, pasando por una maratónica seguidilla de cinco Obras en 1993 y de seis en el 95’ para culminar en 1996 con un legendario Monumental colmado con 65 mil personas para su última gira “¡Adiós Amigos!”, y poco después, su separación.

Con el tiempo, los miembros sobrevivientes de Ramones han hecho la costumbre de visitar Argentina para revivir en algún grado aquella mística de los noventa, y por qué no, acercarle a las nuevas generaciones aunque sea una pizca de aquella banda mítica del punk rock. En este caso fue Marky Ramone, histórico baterista del cuarteto, quien dio la excusa para una nueva fiesta ramonera que convocó tanto a aquellos que hace vienti-tantos años atrás habían estado allí, algunos de ellos acompañados por sus hijos, como a quienes para cuando descubrieron esta banda, sus miembros originales ya no estaban entre nosotros.

Y como nostalgia es el juego, la lista arrancó con "Spiderman", canción que se tocó por primera vez en Argentina en el ‘95, seguido sin pausa por "Teenage lobotomy", "Psycho therapy" y el clásico cover de Bobby Freeman "Do you wanna dance", para entrar de lleno al cause principal con himnos como "Sheena is a punk rocker", "I wanna be your boyfriend", "Rock ‘n Roll Highschool", "The KKK took my baby away", "Pet Samatary", "I wanna be sedated" y "Needles and pins".

"I believe in miracles" a su vez evocó en algunos el recuerdo de otro hito del público argentino, cuando en aquel inolvidable recital de 2005 en el Estadio Ferrocarril Oeste un conmovido Eddie Vedder compartiera esas mismas estrofas, sentimiento que a su vez se entremezcló con la extraña sensación de ver una banda haciendo covers de covers, como en "Surfin bird" de The Trashmen, "I dont wanna grow up" de Tom Waits o, ya casi al final del show, "What a wonderful world", de Louis Armstrong.

La desenfrenada presentación de Marky Ramone y su banda, que metió 46 canciones en dos horas, culminó previsiblemente en su punto más alto con "Blitzkrieg Bop" y su mantra “Hey ho, let’s go!” en la que se fusionaron todas las gargantas y se levantaron todos los puños bien altos. Con la misma puntualidad con la que comenzó, el show finalizó a la hora señalada y dio paso del calor abrasador del Teatro Flores a un amable exterior que con su frescor revitalizante invitó a las cervezas necesarias para bajar la temperatura de lo que se había vivido adentro.

Esta nueva presentación del ex miembro de Ramones confirma que el público argentino, al menos en lo que atañe al rock, no olvida fácilmente su historia, y que dará siempre la bienvenida a cualquier excusa para la nostalgia y para cantar bien alto aquellas estrofas que ya están marcadas en la memoria colectiva de varias generaciones.


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