El Bondi
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Agua y Fuego

Emilia Inclán y Rudo compartieron escenario por segunda vez  para presentar cada uno su proyecto solista.


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La fórmula ya se había ensayado en La Plata cuando Rudo Abrió el show en el que Emilia Presentó, de local, Las canciones posibles (2018). Esta vez, en el Centro Cultural Matienzo, invirtieron la ecuación pero no dudaron en seguir compartiendo escenario y potenciándose mutuamente para crecer.

Con una puesta en escena que se adaptó puramente a las necesidades sonoras de la banda, “Las canciones venideras” fue la canción que Emilia eligió para empezar la noche. Y fue la que utilizó también para cerrarla cuando desde el público aclamaban por más música.

Con siete músicos acompañándola, la cantante y compositora le puso el cuerpo, la voz y la guitarra a siete de sus creaciones entre las cuales se encontraron “Casa”, “Agua y fuego” y “Avenidas”. La banda que acompañó a Emilia en esta ocasión es la que ella armó especialmente para la grabar el disco y presentarlo.

Emilia usó dos micrófonos: uno con distorsión y el otro al que le iba agregando una leve reverberancia por momentos. Ella los alternaba según el efecto que deseaba darle a cada canción. La luz mutaba entre rojo, azul, amarillo y blanco sin seguir un patrón determinado.

La posibilidad de sentarse a comer y a tomar algo propiciaban el intercambio entre el público, que no dudaba en responder a las canciones con aplausos o pidiendo ‘otra’ cuando Emilia terminó de tocar.

Después de la octava canción la cantante, los músicos que la acompañaron y los artistas de Rudo, se encontraron en pleno trabajo colectivo de desarmar los instrumentos y armar la escena para que la segunda banda pueda presentarse. También con una puesta simple y centrada en que todo sea funcional a los instrumentos. Sin agregados artísticos, solo se cambiaron looperas, teclados y sintetizadores.

La artista pasó a ser espectadora y Rudo, el proyecto solista de Rodrigo Ruiz Díaz, empezó a sonar. Esta vez, para su presentación en vivo, el músico requirió de cuatro colegas más. La banda ya había anunciado estas fechas junto a Emilia como un “estreno mundial, show histórico” porque, como repitió Rodrigo en el micrófono del Matienzo, no vuelven a tocar hasta septiembre: “vamos a hacer el esfuerzo de sacar un tema durante el Mundial. Por eso este show es corto para que se queden manija para lo que se viene”. Quizás, a sabiendas de esto, cada una de las personas que se iba a sumando al público no paraba de disfrutar cantando, bailando y acompañando con palmas cada una de las canciones. No faltó “Siempre es lo mismo en verano”, corte de difusión que Rodrigo sacó en noviembre pasado.

Este grupo, al igual que el primero, presentó ocho canciones sobre un escenario simple. En ambos casos, sobre una pared en altura se presentaron videos con imágenes abstractas que acompañaban a la perfección los diferentes compases de las canciones.

Compartir puede entenderse como ese espacio en el que dos partes se encuentran, se enriquecen y benefician en porciones iguales. Por eso la equidad y el equilibrio logrado entre los shows de Emilia y Rudo son necesariamente un lugar de respeto y crecimiento. No sólo por el cumplimiento de horarios por parte de ambos, sino también por darse mutuamente la posibilidad de compartir espacio y público. En la escena under son muy necesarios los encuentros de iguales, músicos, compañeros que están en condiciones similares: presentar un primer disco siendo solistas. Existe una simbiosis entre los artistas, como Emilia y Rodrigo, que resulta sumamente positivo y fortalece la idea de que se puede crecer sin competir porque todos y todas son necesarias y necesarios para la cultura. 


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