El Bondi
Revista Digital
 

Suban el volumen, quiero tocar

Jóvenes Pordioseros presentó su segunda fecha de julio en Rockin‘ Music y repasó su carrera en un formato diferente.
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Resultó obvio que Cristian “Toti” Iglesias había llegado al lugar cuando la atención de los y las comensales del Rockin‘ Music se desvió de los platos de cerámica blanca hacia la puerta. Sin embargo, todavía faltaban diez minutos para que el cantante suba al escenario y una hora para que empiece el show.

Con fotos mediante, abrazos, palabras y alguna cerveza, el músico se abrió camino entre la gente hasta subir al escenario y apoderarse del micrófono: “Perdón”, dijo asumiendo que había llegado una hora tarde al lugar, “Me agarró alergia pero ya estoy bien. Juro que no son los vicios, mamá”, aclaró riendo y disparando una mirada cómplice hacia la mujer que, ubicada en la mesa contigua al escenario, le devolvía la sonrisa y dejaba ver su collar con las iniciales de la banda. Era Susana, su mamá, a quién después invitaría a cantar “Eterno”.

El escenario estaba listo. Antes de empezar el show musical, se realizó la presentación del capítulo dedicado a Jóvenes Pordioseros en el libro “Villa Gesell Rock&Roll”. El autor es Juan Ignacio Provéndola, presente esa noche, y periodista del suplemento NO de Página 12, "mientras exista", aclaró, "porque como saben la situación está difícil. En el último tiempo cierran medios y echan a colegas", afirmó previo a la charla empapada de algunas de las anécdotas que se relatan en el libro. “Hay que ser profesionales más allá del reviente del rock”, reflexionó Toti rememorando el momento en el que afirma haber dejado de tomar 18 cervezas antes de cada show y continuó explicando que es necesario cumplir con lo que fueron a hacer como banda; que si Jóvenes Pordioseros va a un lugar a tocar, tienen que poder hacerlo de la mejor manera posible.

Tras media hora de charla, Juan se bajó del escenario y se quedó entre el público esperando para volver a la tarima un tiempo después a tocar la guitarra en “Nunca pude estar solo” y, como no podría ser de otra manera, también lo hizo en “105 y 3”, canción que narra una de las tantas historias de Toti en aquella esquina icónica del rock geselino.

Pero si la banda vino al Rockin‘ Music a tocar, tiene que cumplir. Por eso Leonardo Raffa, Lucas FiorentinoGustavo Zorry y Germán Drago subieron al escenario uno tras otro, se acomodaron en sus instrumentos y, sin mediar palabra, comenzó oficialmente el show.

El lugar se prestaba más para una cena musicalizada que para un recital de rock. La disposición de las mesas no dejaba espacio para quienes querían pararse y juntarse a cantar, y los pocos que lo pudieron hacer llenaron el espacio que separaba las mesas de la pared y bloquearon el paso hacia el escenario. Aún así, Jóvenes Pordioseros supo aprovechar cada espacio y cada momento para exponer sus ganas de seguir vigentes en la escena musical.

Las demostraciones de afecto se convirtieron en un intercambio de reconocimientos. “Vení a cantar sobre la mesa”, se escuchó que proclamaban desde el fondo algunas voces de quienes se habían quedado sentados. “Ahí voy”, obedeció Toti y emprendió una caminata hasta llegar al fondo del salón. Así, como alguna vez supo ponerse como meta tener una banda de rock, esta vez también estaba seguro adonde quería llegar. Tambaleándose a cada paso, con mucha gente que lo sostenía y deteniéndose en cada lugar seguro para cantar alguna estrofa, logró lo que se había propuesto: llegar hasta el fondo generando su propio camino.

Entre los más de veinte temas que sonaron en la noche, no faltaron los eternos clásicos como “Cuando me muera”, “Descontrolado” o “Estatua” y covers como “Espadas y serpientes”, de Attaque 77. El Indio Márquez subió para tocar la guitarra en “Pánico” y se quedó durante más de la mitad del show. Cuando los instrumentos tomaban el poder del sonido, era Toti quien los acompañaba con rápidos movimientos de manos, piernas y caderas a lo Jagger.

Las luces irradiaban diversos colores desde el fondo del escenario lo que, al mezclarse con el humo, formaba nubes rojas, verdes, azules y blancas, sin seguir un patrón en especial. Y, aunque el intervalo se produjo porque el cantante pidió un tiempo para que arreglen su retorno, desde abajo el show sonó impecable. Y pese a modificar la lista prevista porque desde el público le pidieron “Hombre rock and roll”, el sonido se mantuvo prolijo tanto en lo instrumental como en la voz.

Jóvenes Pordioseros demostró, una vez más, que no importa el lugar en el que se presente porque cada uno de sus integrantes lleva la música en la sangre, como vienen dejando en claro hace más de quince años. Romper con el espacio escénico, haciendo que desaparezca la lejanía y la altura que muchas veces los separó del público, fue un gran acierto. El respeto y el reconocimiento por los presentes fue la pieza clave del recital, logrando un clima de constante demostración de afecto que para la banda se tradujo en poder disfrutar del cariño de sus familiares, compañeros y fans, mientras realizaban un show de altísima calidad, pero poco accesible debido a las características del local. Lo que queda claro: con un largo camino recorrido y muchas anécdotas en su haber, las energías están intactas.


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