Revista El Bondi - 15 AÑOS DE ROCK
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Moris

Un café concert eléctrico

Cronista: Maii Kisz | Fotos: Anabella Reggiani

06 de Diciembre, 2018

Un café concert eléctrico

En marco de uno de los encuentros íntimos que se realizan durante diciembre en el Picadilly, Moris y Antonio Birabent se volvieron a encontrar sobre un escenario.

Antonio Birabent fue el primero en apropiarse del escenario. Sentado y con guitarra en mano comenzó entonando 2 textos prestados, con melodía propia. El primero, del escritor argentino Abelardo Castillo, fue “Cuando cae la noche” y el segundo “¿Por qué no mandas?”, de Almafuerte. Ambas interpretaciones pertenecen al disco Oficio: juglar, publicado este año. “Hoy vamos a cantar canciones muy distintas. Nosotros, que somos tan juglares que nos gusta contar y cantar”. Y así fue. Cada canción estuvo precedida de una anécdota o poesía creada por alguno de los dos artistas.

Esta canción la compuse en un bar de España”, reveló Moris que se había sumado al escenario entre aplausos interminables. El músico, acomodado en una silla al lado de su hijo, tocó algunos acordes que musicalizaron la explicación y desembocaron en “Nocturno de princesa”.

Antonio tuvo la oportunidad de leer textos inspirados en su padre, sentado a su lado y frente a un público que, en cada silencio producido desde el escenario, no perdía la oportunidad de vitorear el nombre de Moris. “Nunca pensé que iba a escuchar ese cantito en un escenario sin batería”, confesó Birabent.

La puesta en escena plasmaba a la perfección el concepto del espectáculo: música y palabras. Papeles llenos de poesía y cuatro instrumentos que permanecieron a lo largo del espectáculo sobre el escenario. Una guitarra criolla para Moris y otra para Antonio. La tercera era una eléctrica que Birabent utilizó en canciones como “Madrid”. La fase musical se completaba con un teclado en manos de Lolo. “¿Cómo bautizaste esto, papá?”, preguntó Antonio, a lo que Moris no dudó en responder: “Un café concert eléctrico”.

Una hora y media de espectáculo puede parecer poco, pero fue suficiente para hacer presente la historia del rock a través de canciones como “El oso”, “Sábado a la noche” y “Rebelde”. También hubo versiones libres de temas internacionales. “Zapatos de gamuza azul” se presentó con una combinación de inglés y castellano. Además interpretaron un segmento improvisado de  “Tutti Frutti”, en su idioma original, como un homenaje a Little Richard que Moris, en el momento, decidió incluir. “¿Cómo seguimos?”, preguntó a sus compañeros de escenario al terminar. “Como quieras, Moris”, coincidieron Birabent y Lolo, acompañando las libertades que se tomaba el artista para decidir qué hacer.

Canciones conocidas por el público, anécdotas familiares, chistes y luces tenues, enfocadas únicamente en el escenario, completaron la sensación de intimidad de la noche. El espacio resultó apropiado para cerrar esta idea. La disposición de las butacas permitía disfrutar tanto visual, como sonoramente, el espectáculo. Incluso estando en las filas más alejadas.

El show fue corto, íntimo y emotivo. Por un lado sonaron canciones fundamentales para la historia del rock nacional, entonadas por uno de los fundadores del género. Por otro lado el clima familiar, generado por estar al lado de su hijo y junto con un tecladista que conocen hace mucho tiempo, se transmitía al público. Todo esto dio como resultado un espectáculo de ambiente ameno y excelente calidad musical.
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