El Bondi
Revista Digital
 
* Coberturas | Louta SEPTIEMBRE 09, 2017

Con ustedes, el Alto Uach

Jaime James pasó por Palermo y cumplió con lo prometido: derretir Niceto con su arte poco convencional.
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Entró al escenario con los brazos en alto y los puños cerrados, con el semblante de un triunfador. No lo sabía, pero lo presentía: se iría de Niceto Club como un ganador, por knock-out. Enfundado en su ya clásica chomba celeste, Louta llegó al recinto con la intención de derretirlo, y vaya si lo hizo. Sin mediar palabra alguna, se disparó la pista de “Ponetelo bien”, sobre la que el lungo cantó: “La tienen clara/Si se caen, caen bien”. Fue el primer recto. Derecho al mentón.

Para el que no esté familiarizado con su propuesta, o para los puristas (casta que nunca falta), puede resultar chocante y hasta profano que no haya una banda que respalde al artista. “Soy muy fan del vivo con música grabada. Es muy claro y prolijo. Nunca me llamó la atención la destreza musical”, confesó meses atrás a la prensa quien hace de la vanguardia y de lo popular un estilo: puede agitar al ritmo de “One More Time”, de Daft Punk, o bailar al son del nefasto “Meneaito”. Lo cierto es que prescindir de un grupo le permite, por lo menos en vivo, una oportuna cuota de soltura. En él, se hace carne un viejo axioma: menos es más. De hecho, el minimalismo se traslada al escenario, ya que sólo tuvo: un sillón, una lámpara y un par de plantas de plástico que lleva y trae de su casa. Home sweet home.

Hijo de Diqui James y Ana Frenkel (ambos fundadores de la compañía teatral De la Guarda), el músico ostenta una gracia innata, que al momento de hacer “Felix” o “Cuadradito de prensado”, salió a relucir. Por caso, su pinta a lo James Dean no impide que ejecute pasos a lo Vanilla Ice en su mejor momento, como cuando conquistó los charts con “Ice Ice Baby”.

Pero reducir a Jaime James (ese es su verdadero nombre) únicamente al rol de cantante es un error. Trasciende las fronteras del frontman común y corriente. Tanto, que sus fechas están más cerca de ser una intervención artística que un recital. Más acorde al Malba que a Niceto. Lo demostró cuando estuvo acompañado por su bailarines lookeados a lo Días Felices; cuando se plantó ante el público y vociferó un suerte de manifiesto loutiano, o, inclusive, cuando se introdujo en una esfera de plástico, como El Chico Burbuja de Jake Gyllenhaal, pero con onda.

Entre los temas de su álbum debut y homónimo, que publicó a fines del año pasado, intercaló nuevas canciones, muy bien recibidas por los espectadores, que cedieron ante la envestida sonora de Louta. Por eso, al momento de retirarse del escenario repitió su gesto inicial: brazos en alto, puño cerrado y semblante triunfal.

En un mundo tan marchito como en el que nos toca vivir, es preciso más personas como Jaime James. Alguien que deja la piel por lo que hace. Que pone en práctica lo que la máxima del rosarino Jorge Orta: "El arte es a todo o nada, y no está hecho para cualquiera".


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