El Bondi
Revista Digital
 

La décima sinfonía psicótica

Dios los cría, el prog los junta.
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Apollo es el Dios de la música, y si estos cinco súper talentosos músicos son realmente sus hijos, todo tiene sentido. Más aún, si ponemos la lupa sobre sus carreras, donde podemos ver un equipo de estrellas con décadas de experiencia en las grandes ligas: Mike Portnoy en batería (Dream Theater, Avenged Sevenfold, Adrenaline Mob, The Winery Dogs); Billy Sheehan en bajo (Steve Vai, David Lee Roth, Mr. Big, The Winery Dogs), Ron "Bumblefoot" Thal en guitarra (Guns ‘N Roses, Art of Anarchy, Lita Ford), Derek Sherinian en teclados (Dream Theater, Alice Cooper, Kiss, Planet X, y Jeff Scott Soto en voces (Yngwie Malmsteen, Journey, and Trans-Siberian Orchestra).

La hiperactividad crónica de Mike Portnoy es históricamente conocida. Un día anuncia que está preparando ¡otro proyecto!,  todo es incógnita, y de pronto el gran sueño se cumple cuando devela que el co-fundador es Derek Sherinian, quien hasta 1999 compartió filas con el baterista en Dream Theater. Bingo y quinteto ideal de lujo, con carga emotiva. Psychotic Symphony (2017) es el disco debut de Sons of Apollo que los trae a la Argentina después de haber tocado por primera vez en el ya clásico del prog, el Cruise to the Edge.

El sistema de sonido de Groove hace sonar “Intruder” donde Eddie Van Halen hace ruiditos locos con su guitarra, mientras una cítara se empieza a adueñar del ambiente con su sonido arábico. Es la intro de “God of the Sun”, donde Bumblefoot, Sherinian y Sheehan se unen para tocar al unísono un titánico riff que abre la noche. “Signs of the Time” empieza a confirmar algunas cosas, sobre todo la destreza del guitarrista líder, que no sólo demuestra por qué pudo reemplazar sin problemas a Slash en los Guns, sino que también despliega un nivel de técnica altísimo en cada solo al estilo shred. Su guitarra freetless doble mástil le da un sonido único a la banda, con un degradé de matices poco visto antes en el metal. Teniendo en cuenta que Ron es el que menos vinculado estaba al género progresivo, su tarea está aprobadísima.

Las influencias creativas de SOA saltan rápidamente a la vista en “Divine Addiction”, canción con condimentos a lo Deep Purple y donde Soto, el cantante de descendencia puertorriqueña, comenzaba a destacarse con sus gritos, su potencia vocal y sus movimientos acompañando cada corte a contratiempo. Para completar la escena, mandó sus palabras bien aprendidas en perfecto español: “Dulce de leche, Quilmes, y aguante el rock and roll”, para después explicar entre risas, “Yo no hablo muy bien español, pero ojo que entiendo todo, así que cuidado”. Su highlight más vistoso se dio al interpretar un medley de Queen jugando con el delay generando varias capas con su voz en “The Prophet‘s Song” un tema no tan reconocido de “A Night at the Opera” (1975), y la balada “Save Me”, marcando otra influencia: Freddie Mercury.

El disfrute y las miradas cómplices entre Sherinian y Portnoy -esta vez con un perfil muy bajo- generaban esa vibra especial entre los fanáticos, que tendrían su premio sorpresa con dos covers de Dream Theater de la era Falling into Infinity (1997), “Just Let Me Breathe” y “Lines in the Sand” con Bumblefoot vistiéndose de John Petrucci en el melódico solo. Épico.

SOA no tiene ningún problema en mostrar su destrezas con sus instrumentos, de hecho casi es su leitmotiv. Cada integrante, menos Portnoy, tiene su momento para solear sin compañía en el escenario. Composiciones como “Labyrinth”, que como su nombre lo indica, desemboca en un complejo laberinto de notas y tiempos raros, “Opus Maximus” un instrumental de diez minutos donde también se desata la locura con bombardeo de solos y riffs, son una buena muestra de esto. Al igual que cuando el grupo juega haciendo el cover del tema de la Pantera Rosa, ¿es proggy hacer la intro de uno de los mejores personajes animados de la televisión? Claro que sí.

El show fue relativamente "corto", ya que Psychotic Symphony cuenta con apenas nueve temas. Para completar el setilist, el grupo tuvo que apelar a covers y solos, y terminó en modo cíclico si vemos la intro, con “And the Cradle Will Rock…” de Van Halen. Viendo la cantidad de proyectos que integraron los miembros del supergrupo, quizás la elección del cover no fue la mejor, ya que bajó un poco la euforia de la gente. Problema resuelto rápidamente con “Coming Home” que volvió a encender los motores.

Así, los fanáticos se despidieron de sus ídolos del género esperando una nueva visita, para ver cuán alto es el techo de los hijos del Dios de la música...

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