El Bondi
Revista Digital
 

Días de resurreción

El elemento perfecto parte II.
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Si buscamos dentro de la música progresiva a una de las mentes más creativas, inquietas, y exploradoras, seguramente aparezca el nombre de Daniel Gildenlöw. Quien a los 11 años, creó Reality, lo que sería el embrión de Pain of Salvation, donde  firmó como letrista, vocalista y guitarrista líder, nueve discos conceptuales de lo más variados. Gildenlöw supo ser integrante oficial de The Flower Kings, alineación que dejó por razones políticas; y también formó parte, gracias a su condición de multiinstrumentista, de Transatlantic el supergrupo liderado por Mike Portnoy. Acá es donde las cosas se pusieron densas y oscuras, ya que durante el KaLIVEoscope tour, Daniel contrajo una bacteria que devoraba su carne -algo parecido a lo que terminó llevándose al guitarrista de Slayer, Jeff Hanneman- que realmente puso en jaque su vida.

Todo este repaso tiene un justificativo, ya que esos seis meses internado en Suecia, jugando a las cartas con la muerte mientras recibía seis tipos de antibióticos, sirvieron como disparador para componer In the Passing Light of Day (2017), un álbum excepcional basado en su experiencia traumática, que sería elegido como el disco del año por los medios especializados, convirtiéndose en una masterpiece moderna del género, junto a The Similitude of a Dream (2016) de Neal Morse Band.

Esta segunda visita de PoS al país es bien distinta a las del 2012. En aquel show había mesas ¡y la gente comía cuando ya había comenzado el espectáculo! Esta vez, la fuerza de la nueva placa le dio otro aspecto al Roxy Live, y esto se hizo tangible cuando el tecladista Daniel Karlsson, marcó la melodía de “Full Throttle Tribe”, seguida del riff sincopado y pesadísimo de “Reasons” con el arreglo a capella ejecutado a la perfección por el quinteto.

Después de esos dos estrenos, el poder escénico de Gildenlöw quedó consolidado y a flor de piel para todo lo que iba a venir: hace headbanging, se suelta pelo para que el efecto sea más contundente, grita, lanza agudos, susurra, narra, pronuncia mil palabras por segundo como si fuera un locutor leyendo legales, baila, se tira al piso, se arrastra. Un nivel de compromiso con la interpretación de sus canciones que asombra.

PoS supo exponer su humor escandinavo cuando Daniel dijo: “Está comprobado que saben rockear, que saben cantar, pero queremos saber si saben bailar…” hasta que el bajista Gustaf Hielm lo interrumpió: “Y si saben pescar…”, la cara de asombro de Daniel lo dijo todo, antes de conjurar varias veces el riff roquero de “Linoleum” jugando con el público, en una versión más potente que la de estudio.

En “Meaningless” los fanáticos congregados en Palermo se dividieron, ya que es la canción insignia del ex guitarrista islandés Ragnar Zolberg -quien fuera echado no sin antes decir que Gildenlöw había comenzado actuar como líder hegemónico, que apenas le pagó 1.000 euros por la grabación del disco, y repitiendo era sólo mérito suyo”-. Pero el papel que cumplió el musculoso violero y cantante, Johan Hallgren, que retornó después de seis años, fue impecable.

“Rope Ends” y “Beyond the Pale” hicieron viajar a todos a 2002, más específicamente al álbum Remedy Lane, otro semi- autorreferencial de Daniel, haciendo delirar a los seguidores con su fluctuante complejidad, sus pasajes pesados después de la tensa calma, como en “Inside Out”. La sensibilidad se hizo presente en la simplísima balada “Silent Gold”, llegando al climax en “On a Tuesday” donde la violencia y la quietud se abrazaron en un final con samples disparados, que uso la piel de gallina, mientras el baterista Léo Margarit, se vestía de Ragnar Zolberg cantando los pasajes agudos.

El final llegó con la épica “The Passing Light of Day” y sus quince minutos de sube y baja emocionales potenciados por las palabras de Daniel: “Abran sus corazones, abran sus ojos y dejen que las lágrimas salgan”, dijo el líder, lo que sumado al hecho de verlo cantar en plan victorioso “me siento entero, llevame de nuevo a casa”, aflojó varios lagrimales en el local de Palermo. Si así es el dolor para la salvación, quizás varios términos debieran ser revistos, porque esto, es puro placer.

 

 


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