El Bondi
Revista Digital
 
* Coberturas | Erasure MAYO 05, 2018

Erasure: Oh el amor!

El dúo británico se presentó en el Luna Park en el marco de su gira "World be gone".
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Con un estadio repleto y entradas agotadas por un público que rondaba los cuarenta y muchos, el Palacio de los Deportes se transformó en una fiesta que incluyó coreos, trencitos, carteles en cartulina de colores y mucha energía.

La noche arrancó con una previa más que adecuada: Miranda!. La banda capitaneada por Ale Sergi y Juliana Gattas se encargó del precalentamiento, a partir de una lista de canciones apropiadas que hicieron del Luna Park un boliche bailable. El público festejo sus temas, los bailó y quedó más que preparado para la gran panzada pop que se daría después.

Con 33 años de carrera a cuestas, es indiscutible que Erasure es uno de los máximos exponentes del synth pop y eso quedó demostrado con cada tema de su lista. Abrieron con “Oh L‘Amour” y los asistentes no pudieron evitar agonizar en un suspiro de entusiasmo y amor. “¿Qué tiene que hacer un muchacho enamorado?”, frasea el hit de 1986, y así, con esa pregunta, se escribe perfecto lo que sucedería el resto de la velada: un público embobado por una banda que supo estar, incluso con problemas técnicos al final del show, a la altura de las circunstancias.

Con una puesta en escena simple pero teatral, luces violetas y azules, en un balcón en las alturas del escenario se ubicó el reverendo Vince Clarke (tal vez el único hombre en el mundo con la mejor cara de traste cool en la historia de la música). Taciturno, con una concentración impecable, combinó sus sintetizadores por momentos con una inaudible guitarra acústica y una coqueta pandereta fluo. Mientras tanto a los costados del escenario, dos grandes cuadrados blancos contenían a las coristas Emma Whittle y Valerie Chalmers. Andy Bell, sin embargo, fue otro cantar. Arrancó tímidamente sentado en una silla, habló casi todo el show en una mezcla de spanglish más que simpático, bailó y terminó paseando por todo el terreno en un catsuit semi transparente con dibujos maoríes.

Los ingleses desplegaron una adecuada mezcla de canciones: “Ship of Fools” y “Breathe”, fueron la cuota justa para introducir un temas de su disco nuevo como “Just a Little Love” o “World Be Gone”. La lista siguió con otras de esas que sabemos todos como “Chains of Love”, "Blue Savannah”, "Drama!”, “Love to Hate You”, "Victim of Love” y la archibailable “Stop!”. Y entonces cuando el show estaba llegando a su fin -¡PAREN TODO! STOP!- La pista de “Sometimes” falló y aquello que podría haber terminado en desastre se transformó en el momento más mágico de la noche. El público tarareó el coro de la canción, y Andy se encargó de dejar en claro que a pesar del paso del tiempo, es un frontman indiscutido, poniéndose a cuentas el resto del tema acapella, en una versión inesperada pero victoriosa.

“A Little Respect” fue el postre para una cena más que abundante, con una panzada de hits, algunos sabores nuevos y mucha efervescencia ochentosa. Los comensales quedaron más que satisfechos, y los chefs del synth pop se despidieron con la frente en alto.


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