El Bondi
Revista Digital
 
 
Richard Coleman

F-A-C-I-L


Volcado hacia ritmos más bailables, Richard Coleman editó su cuarto disco solista. Una muestra clara de cómo un músico con amplia trayectoria puede reinventarse, evitando volver a los mismos lugares de siempre.

No cambié, mi vida, yo no cambié. Pero ya no soy el mismo de antes”, canta Coleman en “El Ritmo Cuando Rima”, segundo tema de F-A-C-I-L, que cuenta con la participación de Gillespi en trompeta. Y es que posiblemente esa frase sea uno de los modos de definir al nuevo trabajo del guitarrista. Desde la separación de Los 7 Delfines su búsqueda va por otro lado. Si bien en la escucha se le reconoce el pasado musical, cada álbum nuevo del también ex Fricción tiene ingredientes distintos, detalles que lo separan y demuestran una intención de evolución siempre lograda.

Siberia Country Club (2011), A Song Is A Song (2012), Incandescente (2013): en cada disco de su carrera solista el músico se fue librando del rótulo de hombre dark que lo acompañó toda la vida, siempre negado o por lo menos cuestionado por él mismo: se ha cansado de decir que sí, que The Cure fue una gran influencia, pero que sus grandes ídolos fueron David Bowie y Brian Eno. Esta transformación se notó incluso desde la estética visual de sus trabajos con colores más vivos o incluso su exposición a la prensa cada vez mayor.

F-A-C-I-L tiene un punto en común con todos los álbumes de Coleman. Necesita más de una escucha para comenzar a entenderlo, a digerirlo. Contrariamente a su título, es un disco que empieza a cerrar sus piezas con el tiempo. Desde un principio, con la canción que da nombre a la placa, queda claro por dónde va a ir la cosa. Mucho groove, mucha base funk e incluso algo de disco. Ejemplos claros son el tema ya mencionado, “El Agua No Se Puede Beber”, “Sin Un Plan” y “Días Futuros”, donde canta como invitado Andrés Calamaro, un lujo que nos permite escuchar a estos dos íconos de nuestra música nuevamente juntos desde la participación de Richard en Vida Cruel (1985), de Andrelo. Como ya es costumbre en las producciones de Coleman, también hay lugar para las baladas: “Tu Mejor Momento” y “Para Sufrir de Verdad”, ésta última con aires de soul, siguiendo con la intención goovera del álbum. Obviamente hay lugar para el rock, está presente de principio a fin, pero nunca tan claro como en “Cuarto Secreto”. Como supo decir Gustavo Cerati, una canción de estribillos heroicos. La frutilla del postre se encuentra al final con “Desechos Cósmicos”, una canción de energía contenida generadora de un ambiente espacial.

F-A-C-I-L está enteramente dedicado a la memoria de David Bowie, lo que hace imposible no vincularlo a discos como Let´s Dance o Young Americans, donde el duque blanco se animó a jugar en el universo en el que los músicos negros siempre se desempeñaron como nadie. ¿Quién sabe? Quizás esto no sea así. Lo importante es que en este cuarto disco solista, Richard Coleman confirma quién fue y quién es. Vale destacar al Transsiberian Express, la banda estable que acompaña al cantante desde hace años y que parece no conocer límites de calidad. Cuando se cree que no pueden sonar más ajustados, ellos se llevan puesta dicha idea con la potencia de una verdadera locomotora. Ahora, solo queda disfrutar de este disco en vivo.

 
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