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Naomi Preizler: "No soy parte de ningún género"

De modelar para Chanel a ser una de las voces más representativas de una nueva generación.

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A sus 26 años, Naomi Preizler quemó varias naves. A los 15 arrancó una carrera como modelo, que le permitió vivir en París, Londres y New York; salir en las portadas de Vogue y Vanity Fair, y trabajar para Chanel, Givenchy, Balenciaga, Jean Paul Gaultier, Marc Jacobs. Pero no todo no lo que brilla es oro. De manera progresiva, Preizler se fue volcando hacia la escritura, con su blog The Jerut of Rosa Luxemburgo, y hacia la música, donde encontró un refugio ante tanto glamour y hastío.

A cuatro años de su vuelta al país, Naomi se alojó definitivamente de las pasarelas y se acercó a los escenarios. Gracias a su reciente disco debut, Strass (2017) llegó, por ejemplo, a telonear el show de Dua Lipa en el Teatro Vorterix. “La recepción del público fue muy emocionante. Salí con toda, con mucho color, muchas cosas pasando en el escenario, coreografías, adrenalina, ganas de ir por todo y hablarle y llegarle a la nueva generación. Terminamos todos gritando ‘fuck the system’, y eso fue un fuego. Quedé muy feliz y agradecida del lugar que se me está dando y que tanto me costó y luché”, relata sobre aquella noche, una suerte de consagración para alguien que no busca encajar.

-Decidiste titular tu disco como la imitación en plástico del diamante, que además se puede entender como una declaración de principios, teniendo en cuentan tu anterior profesión.

-Sí, de hecho es una declaración de principios. Estuve en el mundo del lujo, del glamour y me di cuenta que casi todo es falso, es trucho, que el brillo pasa por otro lado, no por cuánta plata valga. El strass es una metáfora de todo eso, además es algo grasa para la gente de la alta costura, porque es muy barato y acá lo venden en el Once. Es un accesorio muy femenino, muy gay, muy drag, muy teen y eso me fascina, me da mucha ternura la gente que usa strass en la cara, me da ganas de abrazarla. Me conmueve que ese accesorio una a tantas personas de distintas clases sociales.

-Optaste por trabajarlo con varios productores. ¿Por qué? ¿Qué buscabas?

-Buscaba aprender mucho y no casarme con nadie. Ser dueña de mi proyecto, de mi disco, de mis sonidos y mensajes, sin tener a una persona bajándome línea y reprimiéndome. Digo esto último porque ya me pasó y no quiero jamás volver a sufrirlo. Elegí productores que admiro y con los cuales quería intercambiar ideas. El desafío fue unir todo en una obra homogénea, pero en cuanto a la historia que cuenta, y a los sonidos y sampleos étnicos.

-¿Y cómo resultó la dinámica?

-Cada productor fue muy libre de interpretarme y eso me encantó, ya que siento que el resultado fueron temas "de autor" que nos quedan para toda la vida. El "nos" es porque la música, una vez publicada, es de todos y no hay nada más lindo que se la apropien los demás.


-Consultada sobre tu oficio, te preguntaron cómo te definías como música, a lo cual afirmaste: "Yo no soy música, soy artista". ¿Por qué haces esta diferenciación?

-En mi familia la música era considerada un virtuosismo. Si cantabas, tenías que ser súper afinada; si tocabas un instrumento, tenías que tocarlo increíble; y así. Para mí, ser música era algo muy lejano, no me atraía la idea. Más adelante descubrí que podía usar la música para transmitir un mensaje, para hablarle a la gente, para comunicar algo. Venía haciéndolo a través de mis dibujos, de cosas que escribía en mi blog, y la música fue como adquirir un nuevo y muy poderoso método. Podría haber sido la escultura, la pintura, el cine, pero fue la música lo que me terminó de cerrar, penetrar y atraer.

-También admitiste que la música es una manera de hacer política. ¿Cuándo y de qué manera te percataste de esto?

-Cuando la gente empezó a sentirse identificada con mis letras, con mis ideas y eso les hacía bien. Todos mis temas buscan algo, romper con lo que está impuesto, con las ideas que nos metieron, prejuicios, dogmas y sé que hay mucha gente que necesita eso y no se lo están dando. Como espectadora vi un hueco, un vacío de referentes que le haga bien a mi sociedad, por eso decidí hablar sobre lo que pocos hablan. La música es muy poderosa, gratis, directa y genera muchas sensaciones al instante.

-En relación a esto último, hace días Ariel Minimal, de Pez, afirmó que "el rock se está haciendo el boludo", en cuanto al compromiso que debe ocupar en la sociedad. ¿Coincidís?

-Puede que antes el rock haya sido la contracultura: hablaba sobre la sociedad, criticaba, etc. Con el tiempo se banalizó y se volvió tan comercial que se le fue la frescura. Yo escuchaba Viejas Locas y a Pity Alvarez, y hoy no hay nadie así, que se anime a decir eso, El único es Charly García. Por eso consumo muy poco rock, no me interesa, me aburre. Lo mismo de siempre, las mismas formaciones en el escenario tocando entre y para ellos, sin conectar con el público, y sin decir nada que me vuele la cabeza.

-¿Y qué género sí te moviliza?

-El rap. Casualmente, el argentino creció mucho en el último tiempo, porque no busca encajar en ningún sistema y tira la posta en sus letras. No tiene que complacer a nadie y hace su propia movida sin buscar salir en el diario. Te muestra que se puede hacer música con beats: muchos wachines bajando bases de YouTube y freestyleando con soltura y frescura. Eso me parece genial, ojalá yo hubiese descubierto eso en mi infancia. Esto nos muestra que lo más importante es el hambre de decir las cosas y la manera en la que lo haces. No es un capricho, es una necesidad. Yo no soy parte de ningún género, uso lo que más me gusta de cada uno para hacer la mía. Soy una outsider, una observadora y todo el tiempo trato de nutrirme con cosas nuevas que me movilicen.

-Confesaste que no te gusta la perfección, que de hecho buscás el contacto con el público. ¿A qué responde esta necesidad?

-A que nadie es perfecto, que es una mentira publicitaria y eso es muy aburrido y nos hace más infelices. Podría ser amiga de todos mis fans porque soy como ellos, pensamos y queremos lo mismo. El error genera cercanía y empatía.

-Te apartaste del mundo del arte visual, porque te sentiste señalada. En cambio, aseguraste, en la música podés decir lo que quieras y les llega a todos. Pero la música tiene un público tan o más crítico que el del arte, y se puede comprobar, por ejemplo, en cada uno de los videos que subiste a YouTube.

-No le podés gustar a todos, más haciendo algo tan controversial y provocador como lo que hago. Sé que a muchos les puede molestar y soy consciente de eso, pero sé que mi mensaje trasciende cualquier puteada porque es algo que a la larga hace bien y puede ayudar a muchas personas. Sé muy bien quienes son mis haters y muy bien a quienes quiero llegar con mi música. Por eso no me sorprenden los comentarios en mis videos, sí es lo que estoy buscando generar.

*Viernes 1 en La Tangente, Honduras 5317 . A partir de las 23:30. 


 
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