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Miguel Zavaleta: "Recién ahora soy el músico que anhelaba ser"

El cantante habla sobre su carrera, la escena actual y el fenómeno extraterrestre: un combo fuerte y un artista con muchas ganas de seguir vigente.

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Miguel Zavaleta habla sin filtro. Gesticula, recuerda, escarba entre sus conocimientos (que no sólo son de música) y dispara contra todos. En el 81 fundó Suéter, una de las bandas más influyentes del pop/rock nacional de esa época (“En ese momento el país estaba más relajado”), que con una serie de hits logró sonar en todas las radios. “Volví en el 80 y era otro país del que me fui, en el 78. Se aflojaron las riendas y un pequeño color despuntaba por el lado de la juventud. Por ahí tocaba Serú Girán y se llenaba Plaza Italia. Algo estaba pasando. Y ni hablar en el 82, cuando el gobierno militar estaba super flojo. De hecho, en un recital dije ‘no sean hijos de militares’. Luego de Malvinas, que fue una tragedia que a nadie le importó, a diferencia del mundial, como no se podía pasar música de afuera en la radio, nos hicimos todos famosos”, cuenta el músico sobre el contexto político y social que se vivía en Argentina cuando le tocó formar su grupo.

Para el tercer disco, 20 caras bonitas (1985), la producción estuvo a cargo de Charly García, quien, según el propio Zavaleta, se invitó solo, luego de ver el caos que era la selección de temas, ya que los 20 seleccionados por los integrantes parecerían ser de bandas distintas. “Habíamos hecho una mezcla espantosa, porque soy un tarado que creía en la democracia y a todos los que incorporaba les daba el mismo voto, y de esa manera terminé echando a mi mejor amigo y peleando con la productora”, recuerda y asimila que Charly fue a poner un poco de orden.

-Volvés a los escenarios después de un tiempo, ¿cómo te sentís con eso?
-Nunca me fui de los escenarios. Lo que pasa es que en Capital Federal es difícil. En las provincias hay otro mundo y en el exterior ni hablar. Estoy contento porque hace mucho tiempo me estoy preparando para ser un verdadero músico y ya estoy ahí.

-¿Recién ahora considerás que sos un verdadero músico?
-Sí, recién ahora soy el músico que anhelaba ser, el nivel mínimo de eso. Con la cantidad de horas que toqué y que practiqué, hasta la Mole Moli podría tocar Tchaikovsky (risas).

-De todas formas, con Suéter tuviste un lapso en el que te saliste de la escena.
-Hubo un momento dado, después del cuarto disco (Misión Ciudadano 1-1985), sagrado para mí, que cayó en las manos de pocos sensibles. Ya esa música no interesaba, para las nuevas generaciones era como un fantasma que pasaba a través de ellos. Este fue el álbum por el cual hice todo lo anterior. Y no pasó nada, me sonaron en la discográfica. En un tiempo me querían lanzar como solista, y dije que sí, porque todavía me importaba ser famoso y estar en el mainstream. Como seguramente me usaron de palanca para afanarle a la casa central de la discográfica, no podía hacer nada para que me vaya bien, o sea, tenía que dar números rojos para justificarlo. Esa es mi deducción, porque fue ridículo, tenía para hacer un disco entero con la producción de Pedro Aznar, casi gratis, y no lo querían, ni tampoco devolver el contrato hasta que terminó. En ese lapso mi carrera se hizo trizas. Luego, en el 98, me enamoré de nuevo de la música y del piano. Empecé como un cavernícola, probando. Hice todas mis canciones sin sacar ni un tema, no sabía lo que hacía, sólo lo hacía, después, si alguien me acompañaba, mejor.



-¿Cuál es tu visión acerca de la música actual, comparado con lo que ustedes hacían y desde tu lugar, que seguís haciendo?
-La música que me gusta hacer es la que menos popular puede ser; y la música más popular, a los días de hoy en la Argentina, me parece una de las cosas más hórridas que un ser humano puede oír, con excepciones, claro. Este es un país de grandes talentos, pero sucedió algo horrible: cayó como una bomba atómica en la estética. Primero vino el feísmo. Pero hay ejemplos con talento, como Marilyn Manson. Te podría decir 100 mil feístas sin talento, mostrar fotos de masas de gente que ama el feísmo y que ama que el rock -que fue amor y paz, color, alegría, belleza- sea “fuck you” (hace el sonido de un escupitajo). Se distorsionan en nombre de la boludés, porque la rebeldía es otra cosa, algo mucho más profundo. Si la rebeldía fuera ser un boludín, todos seríamos el Che Guevara.

-¿Escuchaste algo que puedas rescatar?
-Hay buenos artistas pop, como Palo Pandolfo, que es un poeta. Y me gusta Chano (Moreno Charpentier), porque es el verdadero rockstar: vive como tal, tiene glamour y canta bien. Los demás no tienen ese nivel, ni si quiera intelectual. En los 80 hablabas con Federico Moura, con Spinetta, con Charly inclusive, que se hacía el boludo pero no era un opa, y se podía hablar de muchas cosas.

-Volviendo a tu carrera solista, ¿hay material nuevo?
-Tengo un montón de música nueva. Ahora voy a poner mi propio sello y a empezar a subirla, inclusive el disco con Pedro Aznar, que quedó pendiente. 

I WANT TO BELIEVE, EXTRAÑO SER
Resulta que en el universo Zavaleta hay mucho para ahondar, más allá de la música. Una de sus pasiones está vinculada con los fenómenos extraterrestres, incluso llegó a tener un programa de radio en el que trataba el tema.

“Hay tanta locura dando vueltas que no puedo decirte cuál es real, pero no sólo en el universo, sino en la actualidad del ser humano en todo el planeta, en el poder, las logias, las religiones, las guerras tecnológicas; MK Ultra... Todo está ahí, pero ¿cuál es la verdad? Lo único que sé es que lo que se dice en la televisión no es verdad”, arremete.

-¿Cuándo arrancó este interés por la ufología?
-Tenía once años y vivía en una casa muy grande, porque éramos muchos hermanos y estaba dispuesta como un cine. Papá era médico, pero no me imaginaba que mi mamá, que era un personaje y nunca planchó una camisa (NdR: un guiño sutil a la canción “Mamá planchame la camisa”, de Suéter), se interesaba por el tema. Ella arrancó porque había una tía que era experta y como tenía plata y no tenía un porongo (sic) que hacer, viajaba por todos lados y estaba avanzaba a su tiempo. Se le mataban de risa todos los cuadrados que comían en casa. Un día llegué a casa y había un grupo de Fabio Zerpa, quien iba a mostrar unos videos y a hablar. Ese día vi unas fotos que no lo podía creer. En esa época el trucaje de fotos existía, pero no se podía hacer tan alevosamente. Con el tiempo, me fascinó el tema, pero cuando tuve Internet, que la tuve tarde, ahí dije, acá está todo y me estudié lo que había.

-En Argentina es un tema casi tabú que muy pocos investigan...
-En ningún lugar del mundo tiene difusión, hay poca gente a la que le interese mirar quién les da la noticia, los demás leen cualquier idiotez y ya está. Si Estados Unidos pudo derribar esas Torres (Gemelas) y nadie se preguntó nada, porque la masa sólo señaló a Bin Laden, salvo algunos grupos especializados que no llegan a los grandes medios. Son brutos como acá, porque la gente es bruta, porque somos brutos, porque el promedio de la humanidad es bajo y yo no soy una cosa muy brillante que digamos, pero por lo menos miro quién me informa, como mínimo.

-¿Alguna vez vivenciaste algo relacionado a estos fenómenos?
-No mucho. Una sola vez vi un drone no humano, hace unos ocho años. Vi una pelotita, a un kilómetro, y pensé que era un pajarito, que de forma recta después se metió en las nubes. Eso no es humano o al menos no es tecnología humana difundida. Estaba con mi mujer y le dije que mirara, y al momento que ella lo hizo, se fue para arriba y lo logró ver.

*Sábado 30 de diciembre en Velvet Club, Salta 755. A las 21:30.


 
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