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Mariano Fernández Bussy: "Esta juntada es muy emocional"

El cantante y guitarrista habla de la reunión de Me Darás Mil Hijos. 

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El entrevistado prende un cigarro, el primero de un puñado que fumará en el transcurso de la nota, y se sienta en su sillón blanco de dos cuerpos. Está cómodo. Acto seguido, comienza a diseccionar, respuesta tras respuesta, la historia de una de las bandas más interesantes que dio la escena nacional en los últimos 15 años, Me Darás Mil Hijos. Está suelto. “Cosechamos lo que sembramos”, reconoce Mariano Fernández Bussy entre bocanadas de humo, sobre el grupo que se terminó, originalmente, hace casi dos años y que ahora retorna en su formato original, como una orquesta.

Para 2015, Mil Hijos tenía un nombre y cuatro discos, pero no un futuro. El desgaste y la apertura de nuevos proyectos llevaron al entonces quinteto a tomar la decisión de poner un punto final: “No había planes a mediano plazo, no había tiempo para ensayar ni para preparar temas nuevos. Estábamos agotados”. El cierre, entonces, ocurrió en el teatro Caras y Caretas, un 5 de diciembre. “Fue un show hermoso y tremendo”, recuerda hoy Mariano sin sobresaltos, mientras apura un mate algo tibio.

Lo que siguió fue un camino natural, cada miembro tomó su rumbo. En el caso del cantante y guitarrista, se dedicó de lleno a la producción de espectáculos: viajó por el mundo con Fuerza Bruta (“trabajaba 24x7, aprendí un montón”). Cuando frenó y bajó los decibeles, se dio cuenta que no estaba componiendo (“llevé de paseo una guitarra a China”). Necesitaba parar y concentrarse en la música, hacer foco ahí. Por eso, optó por tomarse un descanso del trajín que le representaban las giras junto a la compañía creada por Diqui James, para dedicarse, entre otras cosas, a su nuevo proyecto: Ó. Pero antes, “pasó lo de Santi”.  

  

EL REFLEJO

A principios de 2017, falleció el hermano de Mariano, Santiago Fernández. El suceso, además de impactar en el músico, propició el reencuentro de varios de los integrantes originales de Me Darás Mil Hijos. Fue el puntapié para el regreso del grupo. “Hice una serie de shows, donde fui invitando a todos. Fue como volver a tocar, me costó un montón”, reconoce y sostiene que un día se cebó, les escribió y les propuso el retorno. La respuesta no se hizo esperar: “Sí, dale”.

-¿Cuál fue la propuesta?

-Les planteé hacer un Niceto (18/02), que era nuestra casa, donde tocábamos siempre. Se coparon todos. Pero este no es un resurgir de la banda, porque no hay planes más allá de esto, en principio. Tiene que ver con volver a tocar juntos, ver qué pasa, qué sale, qué reacción hay.

La idea, entonces, es repasar los cuatro álbumes de estudio. Con una lista hecha en octubre, admite que hubo una aprobación unánime (“sólo me pidieron incluir una que me olvidé”) y que apuntan más al formato original, a la orquesta. El punto clave, igual, pasará por el disco Un camino, algún lugar (2004): “Es el mejor de punta a punta, al que no le sobran temas, el que mejor laburado está y suena”.

-¿Cómo están encarando el regreso?

-Estamos muy contentos, emocionados. Nos estamos llevando muy bien, es muy lindo, porque acá no hay nada comercial. No hay nada de eso. Es muy emocional esta juntada. Además, hay que estar a la altura, porque toda la vida tuve la suerte de estar rodeado de músicos de puta madre, con pocas limitaciones. El vivo estará mejor que antes. No sabés lo que son los ensayos. Estamos volando. Aparte, somos otros músicos, con otras cabezas. El primer acorde salió sonando increíble, con todos diciendo: "Claro, estaba bueno esto". Porque cuando estás en un proyecto por tantos años, por ahí no te das cuenta. Un ejemplo es "Canción de amor lejano", del primer disco (Me Darás Mil Hijos, 2002), que no la tocamos durante mucho tiempo. Fue darnos cuenta de ese quilombo que hacíamos.

-Se te nota más relajado, como disfrutando de cada paso que estás dando.

-Es que hice un cambio muy grande en mi vida respecto a otra época, en la que nunca me alcanzaba nada. No podía disfrutar de los procesos, porque siempre pensaba en lo que venía. En cambio, hoy, no. Disfruto de cada ensayo, no me hincha las bolas la prueba de sonido, que es una de las cosas más odiadas por los músicos. Estoy muy amigado conmigo mismo. Hice cambios profundos, sobre cómo quiero vivir mi vida. Hubo un tiempo donde lo padecía, no me daba cuenta o no podía ver que estaba haciendo lo que quería, que era vivir de la música, con un proyecto con identidad, rodeado de gente muy talentosa. Son cosas que, estando en la locura, por ahí no las ves tan claras.

*Domingo 18 en Niceto Club, Niceto Vega 5510. A las 20.

 


 
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