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Sergio Rotman: "No es buen negocio ser famoso"

Uno de los músicos más multifacéticos e inquietos de nuestro país habla en la previa del show de Los Sedantes pero no escapa a ninguno de sus otros proyectos musicales ni a su interesante y necesaria forma de ver la música y la vida.

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“Mimi Maura estaba en un momento de quiebre. Los Cadillacs habían vuelto y gracias a eso teníamos mucha plata. Entonces, nos preguntamos: ¿convertimos a Mimi en una megaestrella, nos aseguramos la economía para siempre y nos metemos en el mainstream y en la vorágine del negocio de la música, o nos vamos de viaje por el mundo? Bueno, ya sabés qué elegimos, por eso acá me ves, a los 54 años, feliz, hablando con vos”. Con semejante declaración de principios arranca la charla Sergio Rotman, que si bien tiene como disparador el show de este sábado de Los Sedantes en Lucille, es imposible no salpicar hacia todos los proyectos que tiene uno de los personajes más inquietos y prolíficos del rock argentino. “En ese lugar tocamos con Mimi cuando era Velma Café, en el primer desbande que tuvo la banda, donde Hugo Lobo tocó la batería y trompeta, no a la vez, aunque en algún solo lo ha hecho (risas)”.

-¿Cómo fue ese desbande?

-Ocurrió más o menos en 2006, 2007. Es muy raro cuando los artistas tenemos esa suerte de boom, se mueve la estantería de todo el mundo, a pesar de que nosotros ya teníamos mucha experiencia. Frenesí (2004), el disco siguiente al éxito de “Yo no lloro más” -NdlR: incluido en Raíces de Pasión, de 2002-, fue más oscuro, más raro y nos costó un poco renovarnos. Además, nadie tenía ganas de ser la gran cosa, me daba cuenta de que Mimi no estaba cómoda con lo que se venía. Yo ya había pasado por esto de ser una estrella de rock, y Mimi no era muy feliz haciendo eso. El negocio de la música te utiliza mucho y mal. Ser famoso y estar en las tapas de las revistas no es bueno, no es un negocio para el artista, tampoco ser famoso, porque, cuando entrás en ese sistema, empezás a trabajar para otro y no para vos. No existe un artista que sea popular y que toque para sí mismo, porque las empresas tienen monopolizado el éxito. Salvo el Indio, La Renga y alguno más, el resto pone la chapa para que otra gente haga un negocio. Y Mimi no daba para eso, un poco por timidez, otro poco porque no le interesaba y porque enseguida volvieron Los Cadillacs, y nos chupó un huevo la plata (risas).

-La banda, entonces, buscó quedarse en los mismos lugares y no dar un paso más allá.

-Es imposible negar que ese proceso no estuvo sostenido por el regreso de los Cadillacs. Hizo que Mimi y yo pudiéramos replantearnos lo que queríamos hacer y cual era nuestra intención. Mimi firmó un contrato en 2003 que luego también firma Julieta Venegas, que la llevó a donde está, y ahora Julieta es un personaje triste. Yo la conozco a ella, la veo y digo “menos mal que no hicimos ese camino”. Porque te ponés a laburar para la discográfica, y ya no sos una nena de 19 años que sí lo pueden hacer y están dispuestas a eso. Mimi y Julieta ya eran mujeres grandes. Decidir viajar por el mundo en lugar de adentrarnos en el mainstream total fue una decisión muy fuerte, que contó con el cariño de nuestra banda y nuestro manager que la bancaron. Nos fuimos siete años a vivir a Puerto Rico, y si bien veníamos a tocar acá, al hacer eso ya quebrás tu carrera. Nosotros preferimos ir a tocar al Fuji Rock Fest en Japón, girar en Nueva york, Puerto Rico. Fue una decisión de vida, ni siquiera de carrera. Si no, ahora estaríamos en “La Voz”, o en alguna mierda de esas (risas). No está mal, ojo, son caminos que se toman, Miranda! también fue parte de eso y está muy bien y ganan mucho dinero. Pero hay gente en el mundo que no le importa el dinero, parece increíble pero es así.

-En el medio de todo este nuevo camino de Mimi Maura sale el disco Días de Sol, con letras muy oscuras, que si uno le cambia la música y le pone la de Cienfuegos o El Siempreterno encajan perfectamente. Algo parecido a lo que vos decías recién que empezaba a pasar en Frenesí.

-Ese disco nunca hubiera sido posible que se edite por una disquera. Es el disco más lindo que hice en toda mi trayectoria, incluyendo Cadillacs, Siempreterno, Cienfuegos. Es el disco que quiero que cuando me estén por echar la última palada de tierra, esté en mi mano, y que sepan que lo hice yo. Fue mezclado en Jamaica con Steven Stanley, ingeniero de Black Uhuru, Talking Heads, B-52. Jamás una disquera nos hubiera pagado eso, ni permitido dar ese paso, porque no está en el estratagema que un artista debería estar, que es ir a México, Colombia, que está bárbaro, yo lo hice 70 mil veces. Pero nosotros fuimos dos semanas a Jamaica, bregando con los chabones mano a mano, con pistolas arriba de la mesa de grabación, toda una secuencia compleja.

-Muy fuerte, ¿cómo fue eso de las pistolas?

-Es que Jamaica es así, gitanismo al palo. Preguntale a Fidel como se dealea en Jamaica, es para guapos, y Mimi es muy guapa y se la recontra banca. Lidiamos un poco con la violencia implícita de Jamaica que no es para cualquiera, y se hubieran hecho caca encima todos estos artistas populares de los que hablamos, y la verdad es que no sólo no estoy arrepentido de haber hecho eso, sino que estoy absolutamente orgulloso. Pero siempre depende del camino a elegir, nuestro camino no sé si es el correcto, sino el que elegimos. Si querés ser tapa de la Para Ti, buenísimo también. Este disco tiene un aspecto para mi fantástico, y es que llevó a Mimi Maura a otro nivel de letras y su búsqueda, esa oscuridad es necesaria. Yo no sé cuántos artistas te gustarán a vos, pero seguro son muy pocos los “divertidos”. Lo que se espera de un artista es profundidad, sentimiento, vida, no pavadas.

La Fe Ciega es el último disco de Los Sedantes, editado en 2017, que cierra con “It‘ll end up in tears”, cover del grupo inglés Jacobites. Algo a lo que nos tiene acostumbrados Rotman es a revivir artistas oscuros, de moderado o poco éxito comercial, como si nos quisiera educar con la música que tanto lo apasiona. Así recordamos un tributo completo a Jeffrey Lee Pierce (El fuego del amor), o un cover con El Siempreterno de la banda española Décima Víctima, como para citar sólo dos ejemplos. “Me pareció atinada la canción para Los Sedantes, porque era importante para mí cantarla. Después sí, hay un poquito de maestría, de decir que existe esta banda. Pero yo antes que nada quería cantar esa maldita canción”.

-El tema queda perfecto para Los Sedantes.

-Si hay un looser en el mundo es Nikki Sudden, le iba todo re bien (sic), y la heroína hizo lo suyo. Fue un factor muy importante en los ‘80 y ‘90 para los grupos underground. No es casual que Johnny Sanders, Jeffrey Lee Pierce, todos cayeran ahí, y estaba puesta a propósito, para que estos genios no pudieran llegar al mercado y tengamos a Britney Spears. Pero cualquier persona con un mínimo de gusto musical preferiría escuchar en su casa a Jeffrey Lee Pierce que a Madonna, sin dudas.

-Los Sedantes empiezan, de hecho, con la idea de cantar muchos temas de otros artistas.

-Claro, en ese proceso de “muerte” de la primera banda de Mimi Maura, que tenía muchos problemas internos, teníamos sala propia y dijimos “hagamos otro grupo”. Cienfuegos no podía seguir por el mismo problema (N. de la R: Martín Aloé era el bajista de ambas bandas y quien se va de las dos), y entonces yo conocía al Ruso en la platea de San Lorenzo, y junto  a Dante Clementino y Mimi nos pusimos a tocar canciones que yo tenía y que no encajaban en las bandas: de cuatro tonos, lánguidas, lentas. Armamos el disco, lo grabamos entero y faltaba algo, que era un guitarrista. Le pregunté a Gamexane, me dijo que sí y en dos horas metió todas las guitarras. Esos Sedantes sacaron un disco que me encanta y lo tocamos muy poco, nunca cobrando entradas como un grupo normal, es más, hasta tocamos en un evento para la revista Playboy. Ahí vuelve Todos Tus Muertos, vuelven los Cadllacs y todo quedó ahí. Horacio muere en 2011 y tres años después un amigo mío que es stage de Mimi, tenía un bar que le estaba yendo mal, e hicimos un show con Los Sedantes para ayudarlo. Fue un show caótico, desastroso, en el cual pasó algo que jamás vi: se rompió el pie de teclado y el teclado cayó y se destruyó, muy extraño lo que estaba pasando. Lo tomamos como una señal, pero a la vez revalorizando ese disco, por lo que hicimos algunos shows como cuarteto, aunque dándonos cuenta definitivamente de que a Gamexane no le gustaba ni ahí que tocáramos. Entonces me empecé a comunicar con Saúl Díaz de Vivar que era de Los Pillos, y yo, sin ningún asidero físico o real, pensé que era una persona que Gamexane iba a aceptar como su reemplazo. El tema es que hacía 28 años que no nos veíamos y vivía en la montaña en San Martin de los Andes. Nos empezamos a comunicar por una historia de Los Pillos, que nos habían borrado a los dos de la misma. Estábamos encabronados, y yo que soy escorpiano y malo como la peste, le dije “vamos a tocar juntos”. Hace quince años no venía Buenos Aires y vino a vivir a mi casa, y con él Los Sedantes cobraron vida nuevamente e hicimos el disco La Fe Ciega.

-¿Qué te da Los Sedantes que no te dan otros de tus grupos?

-En cada proyecto de los que tengo, veo la idea de tocar en diferentes lugares y para distinto público. No imagino a Los Cadillacs en Lucille, ni a Los Sedantes en un estadio. Están construidos para que la gente los vea sentados y cerca nuestro. Los entornos hacen el show en el rocanrol. Si bien hoy la música es un commodity, no creo que nos hayan doblado del todo: nos han doblado, sí, pero no nos han quebrado. Y hacer esta música con Los Sedantes es exprofeso. El Siempreterno, en cambio, funciona en lugares más parecidos a donde puede tocar una banda de punk rock, un entorno de gente de pie, produciendo dinámica. En Los Sedantes la dinámica solo está en la banda: “vos sentate, mirá y escuchá”. Solamente por ver cantar a Mimi una de Neil Young tu entrada ya está paga. Los Sedantes es el grupo más grupo que tengo, más que Los Cadillacs, especialmente ahora que Flavio y Gaby tomaron la dirección musical. Acá componemos todos y el aporte es absolutamente democrático. No creo en la democracia en la vida real, mucho menos en las bandas, sólo la utilizo en Los Sedantes porque todos tenemos la misma capacidad musical. Uno de los grandes problemas que tienen las bandas es cuando dicen “seamos democráticos”. Sí, pero hay un flaco que tiene un montón de talento y otro que no.

-Hablabas de un público distinto para cada banda, pero hay muchos de esos que van a todas las opciones que ofrecés, aceptando cada propuesta.

-Sí, claro. Les agradezco un montón, para ellos y para sus amigos hago todo esto. Para esa gente que captó todo esto. Hay una cosa en la que siempre discrepo con los músicos, y es que para mí, sí hay que hacer un show para la gente, que sea bonito y diferente, con un concepto musical y artístico. Ahora hay tanta mierda alrededor de la cultura del rocanrol, y yo que viajo muchísimo, te puedo decir que no hay lugar en el mundo una ciudad donde el rocanrol sea tan importante como en Buenos Aires. Sería bueno que esto se mantenga, yo pensé que cuando llegó la electrónica lo iba a destruir, pero la misma semana que se hizo el último Creamfields, La Renga metió la misma cantidad de gente. Ahora no hay más Creamfields y La Renga sigue tocando.

-¿Hay algún tema que tengas vos en estos tiempos que digas “uh, este iría perfecto para Los Cadillacs”?

-No, primero yo pienso lo que tengo para decir, compongo y después veo a qué proyecto se lo voy a dar. Hay una sola canción que pertenecía a Mimi Maura, que es “El siempreterno”, que la tocamos una sola vez y claramente no iba para ahí. Pero no, eso que preguntás no me pasa, porque no tengo la suerte de tener 35 canciones por año, con suerte tengo entre tres o diez.

-Jugando con esas mezclas, “El fin del amor”, de Los Fabulosos Cadillacs, por ejemplo, claramente podría ser un tema de Cienfuegos.

-En ese momento recibimos mucha presión de la compañía de no hacer un disco nuevo, pero no dimos el brazo a torcer y quisimos poner temas nuestros. Pero claro, no había un concepto, sino que fue más bien algo repartido, por eso “Hoy”, de Vicentico, parece más un tema de su parte solista.

-Casi siempre en las redes cuando publicás algo, aparecen los pedidos por la vuelta de Cienfuegos. ¿Cómo te llevás con eso?

-No nos juntamos porque no nos ponemos de acuerdo los integrantes de la banda. Hace once años ya, su interés es otro (por Martín Aloé), el mío es otro, y está bien, no pasa nada. Yo confió en que alguna vez volveremos y estaré encantado, pero cada vez lo veo más lejano.


 
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