El Bondi
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La revolución de Juan Rosasco

Con su nuevo EP, Niebla de Otoño, el músico y su banda realizan un aporte a la causa nacional y popular: el amor vence al odio.

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“El ‘Che’ Guevara y Silvio Rodríguez están a la misma altura”, confiesa en seco Juan Rosasco. “Ambos son igual de revolucionarios”, agrega el artista de 40 años que suma 20 como músico y como militante de la canción. Lo que piensa, lo dice. Lo que reflexiona, lo manifesta. "Estoy absolutamente comprometido con lo que digo y hago", sintetiza el compositor que alguna vez añoró con ser profesor de historia.

Esa coherencia que exhibe se trasladó al EP Niebla de otoño (2018), el nuevo disco de su proyecto, Juan Rosasco en Banda: "Calabaza", una de las tres canciones que integran el flamante trabajo producido por “WillyPiancioli (Los Tipitos), está inspirada en la "la Plaza del 9 de diciembre de 2015. Me largué a llorar como un niño, porque sabía todo lo que se venía", relata el autor de “Hipnosis” (Cuentos para coleccionar, 2014), su canción emblema sin dudas, que sonó en radios y canales de TV Abierta.

-Silvio Rodríguez aseguró que las canciones no pueden cambiar al mundo, pero contribuyen para que sea un lugar mejor. ¿Vos por qué las escribís?

-Se dice que uno escribe canciones para no ir al psicólogo, que es para sacar la pena. Soy un tipo que lleva mal las penas, hasta que descubre la canción. A partir de ahí, sublimo. Un psicólogo español decía que cuando sacas la pena te podés relacionar de otra forma.

-¿Te ocurrió?

-Sí, absolutamente. Cuando canto “Toxi”, por ejemplo, puedo ver a mi mamá, que ya no está conmigo. Es una forma de vida, es a la que aposté. Hay una historia detrás de cada canción, un contenido profundo, que te marca, que te deja algo. No tuve una linda infancia ni adolescencia. Todavía arrastro eso, de ver gris el universo.

-El actor y dramaturgo Manuel Santos Iñurrieta planteó que es necesario destruir lo anterior para construir lo nuevo. ¿Coincidís?

-En realidad, no. Las que cosas que uno vivió no se olvidan. A mí me gusta tener memoria de las cosas lindas y feas. Uno es lo que fue, es su historia. Como escribió (Alejandro) Dolina en (el relato breve) Instrucciones para abrir el paquete de jabón Sunlight: "No se imagine señora que estamos llorando por las veredas, no es que ser triste significa estar llorando todo el tiempo. Nosotros, con nuestros amigos, recurrimos a bailongos, vamos por la vereda pateando tachos, tocando timbres, haciendo ring raje, pero en la corrida hay un momento en el que nos detenemos, nos miramos y nos decimos, pero ojo que no nos olvidamos de nada". Y si le preguntás a mis amigos, no te van a decir que estoy triste, todo lo contrario, pero no me olvido de nada.

-¿Cómo encaraste la composición de un nuevo disco después de Cuentos para coleccionar?

-Con cierto temor y mucha presión. Hay quienes ya comparan “Niebla de otoño” (primer corte, que incluye un feat con Leo García) con “Hipnosis”. Y está bien, pero hay que darle tiempo, ver qué pasa. Estos tres temas tienen mucho para dar. Fueron una tremenda elección de “Willy”. De hecho, este EP es 100 por ciento producción de él. Tiene mucho para dar.

-De cara al futuro, ¿la idea es continuar publicando en formato de singles?

-Sí, hacer tres o cuatro tandas. Me lo metieron en la cabeza, la cosa cambió. Ya está, lo aprendí. El disco no es negocio para nosotros ni para nadie. Por eso Musimundo vende televisores. No nos vamos a encaprichar con eso, nos adaptamos.

-¿Ya está compuesto lo próximo?

-Hay mucho material, tenemos 12 o 15 maquetas, pero dependerá de cada uno de los productores con los que trabajamos, si alcanza o no. Igual, tengo que volver a componer, porque no estoy pudiendo hacerlo. La época de publicación es difícil, porque estás con muchas cosas.

-Componer de esta manera, para publicar por tandas, ¿es mejor o peor?

-Es algo a lo que hay que adaptarse. No hay tanto tiempo, el trajín es otro. Soy un melancólico, de lo que ya no es, pero hay que tratar de no quejarse. Igual, la tecnología hace muy mal al mundo. El saldo es absolutamente negativo.

-Pero de esta forma hay un montón de personas que tienen acceso a tu música, que de otra manera no sería posible.

-Ese es un lado, pero yo hablo en general. Sí, igual, la gente tiene más acceso a lo tuyo como a todo. Entonces no es fácil porque hay mucha oferta. Y tenés de todo, desde el pibe que estudia hasta el facilista, que estupidiza.

-Pero son dos cosas diferentes: una es perder oyentes ante otra propuesta, y otra muy distinta es que lo que suene “estupidice”, baje la vara.

-Absolutamente. Pero es así en todo sentido, la cultura está en baja. Poné un canal de aire, a cualquier hora, y no lo vas a poder creer. Es triste. Hay versiones de El Príncipe, de Maquiavelo, o El Manifiesto Comunista, de Karl Marx, que valen 40 pesos. Una Coca-Cola. Eso quiere decir que no los compra nadie, que la gente no lee libros. No se puede perder eso, leer no se puede perder.

-¿Por qué?

-Porque se achata el cerebro. Leer te agiliza la cabeza, te despierta la imaginación. Me hace mejor persona. No va haber nada que te haga mejor al alma que eso, o por lo menos no lo vas a encontrar en la televisión.

-A partir de Cuentos para coleccionar, firmaron el año pasado su primer contrato discográfico, con S-Music. ¿Qué representa para ustedes?

-Es una etapa nueva, donde nos apoyan bastante. De hecho, en mucho momentos nos preguntamos cómo hace una banda independiente que no tiene resuelta la parte de convocatoria. Representa todo un cambio, pero me da mucha confianza trabajar con Alejandro Varela (presidente del sello), porque es muy respetable. Le creo cuando habla de la música que hacemos, y en la forma en la que lo dice.

-En 2017 publicaste “Tu revolución”, un corte inspirado en la lucha de las Abuelas y Madres de Plaza de Mayo. Hoy en día, ¿por dónde crees que pasa tu aporte a "esa revolución" que empezaron?

-A veces me siento una bazofia haciendo música, cuando todo se cae a pedazos. Que no estoy haciendo más de lo que tendría que hacer, porque están pasando cosas bravas, de verdad. Pero hay momento en los que siento que cambio el mundo con una canción. Paso por distintos estadíos. Por supuesto, el arte cambia las cosas, es una forma de revolución. El "Che"  Guevara está a la altura de Silvio Rodríguez, y viceversa. Pero sólo con canciones no lo sacaban a (Fulgencio) Batista de Cuba. Aunque eso no quita que la revolución no haya estado mojada por las canciones de Silvio.

*Jueves 17 de mayo en La Trastienda Samsung, Balcarce 460. A las 20.


 
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