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Pat Mastelotto: "Fripp es audaz, meticuloso, voluble y efervescente"

En la corte de los hombres palo.

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En 1974, con 17 años, Pat Mastelotto se mudó del norte de California a Los Ángeles en busca de un sueño: convertirse en músico sesionista. Ese chico, que empezó a tocar la batería a los 10 y que se introdujo a la música “por la ventana del baño, con los Beatles y la radio”, iba realmente en serio. De hecho, el propio destino acompañó con varios guiños esa mezcla de garra y enorme talento. Muestra de ello es lo que ocurrió en su audición para Mr. Mister: dado que el bajista de turno no apareció, Mastelotto terminó improvisando con Richard Page. Al cabo de media hora, y dada la química, festejaron su ingreso a la banda. Fue así, que por accidente, registraría sus beats en I Wear the Face (1984), Welcome to the Real World (1985) y Go On...(1986).

Los dos #1 que el grupo insertó en los charts de los Estados Unidos -"Kyrie" y "Broken Wings"-, pusieron gasolina a la carrera de Mastelotto, sumando una gran cuota de confiabilidad a su currículum. En 1990, Mr. Mister se separó, pero tres años después, su vida se vería atravesada por la estela del guitarrista Robert Fripp -líder y creador de King Crimson-, quien lo llamaría para a tocar  en una de las tantas reencarnaciones de la agrupación. Aunque bajo un formato novedoso: dos guitarras, dos baterías y dos bajos.  El doble trío se presentó en nuestro país en el ‘94, visita que quedó registrada en el álbum B‘Boom: Live in Argentina (1995). Desde aquel concierto, Pastelotto es uno de los miembros con más vigencia en la formación del Rey Carmesí.

Por otra parte, su conocimiento musical lo llevó a trabajar con infinidad de artistas, como Steven Wilson, John Paul Jones, The Flower Kings o Steve Hackett; y a liderar otra tonelada de proyectos, como HoBoLeMa y Stick Men, el innovador trío compuesto por Markus Reuter y Tony Levin con el que vuelven a la Argentina. Acá su vida y su carrera, desmenuzada, progresivamente.

-Antes que nada, ¿cómo está tu oído?, años atrás se te perforó un tímpano...

-Sí, eso pasó en 2014, justo cuando Crimson estaba volviendo. Está mucho, mucho mejor. Pero nunca volverá a estar perfecto.

-Entraste a la música por los Beatles, pero ¿cómo es tu relación con lo progresivo?

-¿Prog? Prefiero la época en la que a lo progresivo se lo llamaba avant-garde, y rompía barreras. Supongo que era otra actitud, más extrema. Un tipo de vanguardia que realmente unió todo y pateó las puertas para reconstruir la música. No como el jazz, el blues o los tambores de Burundi.

-Hablando de reconstruir, ¿cómo impactó a Stick Men que Markus Reuter reemplazara a Michael Bernie en 2010?

-Markus tiene una personalidad musical muy distinta, es muy preciso y consistente, con raíces diferentes. Está más metido en la música clásica de Europa y en bandas progresivas. Es muy metódico y minimalista, siempre parece estar un paso adelante.

-¿Y cómo era con Bernie?

-Él era dueño de una gran voz y estaba más influenciado por la fusión. Era un solista excitante con manos rápidas. Un gran artista con muy buenas métricas y noción del tiempo. Era capaz de ejecutar el tabla -NdlR: un instrumento de percusión membranófono compuesto por dos unidades-. Sin embargo, Mike tocaba de oído y, ocasionalmente, en algunos shows podía empezar los temas en la tonalidad equivocada. 

-Es conocida la relación percusiva que existe entre la batería y el bajo convencional. No obstante, ¿cuánto cambia ese vínculo cuando tu compañero utiliza el Chapman Stick?

-El Chapman Stick es mucho más percusivo que un bajo regular, tiene un ataque más potente. Hay veces que suena como el bombo de la batería. Así que tengo que tener cuidado con lo que está pasando ahí abajo, con mi pie. Ahora bien, el instrumento de Markus, un Touch Guitars, suena diferente, ya que tiene más sub bajos. Pese a ser menos contundente, cuando implementa el tapping toca más notas que un bajista con los dedos. El desafío está en dejar ese espacio extra para dos personas.

-¿Cuán especial es el tour que encaran, ahora que se sumó David Cross, violinista de King Crimson?

-Muy especial. David es un violinista muy fuerte, alejado de la cobardía y la timidez. Tiene músculo. Es más, para esta gira, la batería no va a tener que empujar tanto como lo hace habitualmente. Voy a poder recostarme y aguantar más el groove. Espero encontrar algún espacio hipnótico, para escuchar los largos solos de los muchachos.

-Los shows de 1994 en la Argentina significaron la primera presentación de King Crimson en más de diez años...

-No sólo eso, además fue mi primer show con King Crimson, así que hay mucho por recordar. Como estuvimos en Buenos Aires cerca de un mes, decidimos alquilar departamentos. Después de siete días de ensayos y de nuestras presentaciones en el Prix D‘Ami, nos esperaba el Teatro Broadway, donde tocaríamos por una semana. Ya que los ensayos eran por la tarde, en esas horas organizamos un montón de material de lo que sería el disco Thrak (1995). Luego giramos por otros lugares, como Rosario, Córdoba y La Plata. Pero esos días en Buenos Aires fueron una locura, el teatro estuvo lleno todas las noches. Al terminar la visita, nos fuimos a nuestras casas y al poco tiempo volamos hacia el Real World Studio, para grabar nuestro primer álbum juntos.

-¿Hay alguna chance de que vuelvan el año que viene, a propósito de su 50 aniversario?

-Se habló mucho, pero mucho, durante años, así que sigo cruzando mis dedos.

-¿Está King Crimson contemplando la idea de lanzar un nuevo disco de estudio?

-No.

-¿Cómo definirías a Robert Fripp en el rol de líder?

-Audaz. Meticuloso. A veces voluble. Siempre efervescente.

-En lo que respecta a las presentaciones actuales de King Crimson, ¿cuán complicado es coordinar tres bateristas en el escenario, como lo hacés con Gavin Harrison y Jeremy Stacey?

-Hoy en día, las baterías del grupo están, en gran parte, escritas. Hay espacio para la improvisación, pero no mucho, salvo por unos breves instantes en los tramos más largos, donde podemos zapar. Por eso, mantenemos nuestros oídos alerta y tratamos de actuar como un baterista de seis  brazos y seis piernas.

-Ya que mencionás múltiples bateristas, ¿cómo surgió esta idea loca de crear HoBoLeMa, el grupo con el que improvisan sobre el escenario?

-En el 2000, junto a Terry Bozzio hicimos un disco basado en la improvisación (Bozzio / Mastelotto), al que le siguió un show entero de zapadas. Años más tarde, Terry me invitó a Japón, para hacer lo mismo, y lo sumé a Tony Levin. Creo que nuestro primer concierto fue en Osaka. A los pocos días y ya en Tokio, nos sorprendimos cuando el guitarrista Allan Holdsworth se subió al escenario. Fueron dos dos noches consecutivas, sin ensayo alguno y sin material escrito. Se dio algo así como “vamos a ver qué pasa”. Como el manager de Alan quería hacer más conciertos, realizamos tres o cuatros tours, pero más cortos. De hecho, en Europa encaramos 20 fechas, siempre en base a la improvisación. Pero cada noche se hacía más difícil sacar un conejo de la galera.

-Hablando de Allan Holdsworth ¿cúal es el mejor recuerdo que tenés de él después un poco más de un año de su fallecimiento?

-Tengo muchos, perdón, pero no quiero entrar en este tema...

-Colaboraste con Steven Wilson, un referente del prog, ¿cómo fue esa experiencia?

-Trabajé con él en tres o cuatro de sus discos como solista. Como grabé en mi casa, sólo interactuamos vía emails. Pero en estos años nos encontramos varias veces y nos llevamos diez puntos. Una vez, en México, estaba preparando un show con Trey Gunn (Tu), y tuvimos que hacer una prueba de sonido muy larga, ya que no habíamos tocado juntos en uno o dos años. El lugar estaba bastante vacío, salvo por el staff, que preparaba las mesas y la barra. Cuando terminamos, Steven aplaudía desde el fondo de la sala: había pasado toda la tarde escuchándonos. Buen chico, grandes instintos y muy fácil trabajar con él.

-Tuviste la posibilidad de mezclar a los Rolling Stones, ¿cómo recordás aquello?

-Fue una cosa extraña, que no mucha gente sabe. Un día, me levanté temprano, sonó el teléfono, atendí, y era alguien de Virgin Records UK, preguntado si estaba disponible para viajar al día siguiente a Los Ángeles. Debía ir a Record Plant, para trabajar en un tema de los Stones. ¡¿What the fuck?! Pensé que era una joda, un chiste. Después caí, era Don Was, a quien conocí cuando grabé un disco con XTC, para Virgin. Volviendo al tema, se trataba de “Rock and a Hard Place”, que estaba cortado en 140 BPM, y ellos querían bajarlo a 120, para usarlo en un dance mix. Tuve que jugar al reloj humano (risas), tocando un ritmo disco, con cuatro negras en el bombo y de semicorcheas en el hit hat. Así podían usar mi bombo en todas las secuencias, con ese beat box de mierda que le pusieron. Fue un día de locos, pero una experiencia genial escuchar a Mick (Jagger) y a Keith (Richards) en mis auriculares y que Charlie (Watts) contara con su palillos. ¡Gracias, Don!

*Viernes 31 de agosto en Nd Teatro, Paraguay 918. A las 21.


 
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