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Piti: "La lírica del Indio Solari es lo mejor que nos ha pasado"

Entre Las Pastillas del Abuelo y su aventura solista Conmigo Mismo, el cantante charló con El Bondi de su presente, su pasión por las letras, y la admiración hacia Sabina, Los Redondos y Luca Prodan. Y recuerda: “El único hit que tuvimos no se editó nunca”.

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Juan Germán Fernández es Piti. Desde principios de siglo es el cantante de Las Pastillas del Abuelo, una de las bandas que más ha logrado trascender en la última era del rock argentino. Paralelamente al crecimiento y consolidación de una masividad notoria, el cantante ha demostrado estar inquieto y abierto a constantes desafíos: primero con Virna Lisi se puso (y se pone) los anteojos negros para invocar con su impronta y su personalidad, al espíritu de Luca Prodan para homenajear a Sumo. Y desde el año pasado, Conmigo Mismo se posiciona en el mismísimo círculo íntimo, con canciones que se entrelazan en autorías y dedicatorias familiares, con primo productor artístico, sobrinos músicos y poesías del abuelo (¿eran estas las verdaderas pastillas?).

Piti nos invita a su mundo y nos adentra en los inmediatos show de Las Pastillas del Abuelo en Obras: “En el marco de los diez años de Crisis decidimos hacer estos shows, prácticamente no tocamos nunca en ese lugar. Vamos a tocar los temas que deberíamos haber hecho si hubiéramos tocado en Obras en su momento, porque a nosotros nos tocó pasar de siete teatros al Luna Park, como que nos salteamos ese eslabón”.

-Se viene un recital nostálgico.

-Vamos a tocar hasta Crisis (2008), incluyendo inéditos, dejando fuera a Desafíos (2011), por ejemplo, que es un disco con composiciones muy importantes. Fuimos a los temas viejos, a ver cuáles son reflotables y cuáles no. Por ejemplo, “Mi mamá y mortadela” es un tema que muchos piden pero a mí ya no me da, me da un aire a reggaetón, no sé qué pasaba con nuestras mentes en ese momento (risas), se ve que queríamos hacer un carnavalito pero salió reggaetonero. Otros como “El country de la soledad” o “Ama a quien llora por ti” sí son de los inéditos más rocanroles que van, o “Solo en sueños”. Y después va a haber unos acústicos en el medio que era algo que yo hacía mucho en los Teatros Flores, y ahora va a ser raro, porque una cosa era tocarlos en la intimidad de Flores y otra en Obras a lo Gieco para cuatro mil personas.

-Hasta en esos detalles van a revivir entonces los shows de aquellos tiempos.

-Sí, lo único distinto es que ya no tengo tiempo para adelgazar (risas) y no me voy a cortar la barba porque si me querían barbudo, no me corten la barba. Después todo, con la remera del Mariano Acosta incluida.

Con Piti mismo

Al mismo tiempo, el cantante nos deja también asomar en sus conversaciones consigo mismo. Luego de la salida del disco el año pasado, giró por distintos lugares del país y en la ciudad se presentó en el Teatro Coliseo. En septiembre será el turno de La Trastienda el viernes 14. “Es todo bien reciente”, arremete, aunque rápidamente empieza a dudar recordando una canción para sus hermanos, “El ángel y el hada”, que lo remite a un Luna Park con Pastillas del Abuelo en el que les recitó la poesía que luego se volvió canción. “Después, hace seis años, mi viejo cumplió 70 y Alberto Sueiro (el tachero amigo autor del tema para Maradona y el disco para Bonavena) le regaló una poesía que yo hice canción. Y hace tres años pasó exactamente lo mismo pero para el cumple de 70 de mi vieja. Ahí ya había tres canciones, y era redundante en Pastillas meter más canciones para ellos, por lo que agarré a mi primo para hacer un disco para la familia”.

-De repente ya estabas con vos mismo.

-Y entonces estaban estos temas, más uno que me hizo mi sobrino a mí, otro mi primo a mi tía y cuando faltaban pocos temas a él se le ocurrió buscar un libro de poesías de mi abuelo, donde mágicamente encontramos cuatro que encajaban perfecto. Mi primo es una pata fundamental de todo esto, es el productor artístico, y él labura como productor de televisión por lo que maneja una velocidad sarpada. Yo propuse hacer un disco a dos años y él me empezó a exigir juntarnos todos los lunes y en tres semanas teníamos nueve temas. Fue hasta sospechoso, los de las Pastillas me decían “che boludo, cuanto hace que tenías este disco guardado” (risas).

Clásico y moderno

Las Pastillas del Abuelo llegarán por primera vez a España a fines de septiembre y es un país al que Piti le pone muchas fichas: “Le tengo mucha fe, por mis comienzos liricos con la trova y esa forma de escribir que le fui copiando a Joaquín, yo creo que debería tener su efecto allá, más que en México, donde nos resulta más difícil”.

-En México como que parece todo más trabado, ¿no?

-Sí, o sea, tenemos nuestros doscientos mexicanos que nos siguen, lo cual es hermoso. Pero bueno, el estilo de música también influye, yo tengo una lectura de que pega una música más jocosa: Decadentes, Caligaris, Cadillacs, Bersuit, que si bien tienen letras espectaculares también esa cosa bailable, o Babasónicos que va por el lado de pasarla bien a la noche. Y Pastillas tiene una cosa más de reflexión, intrincada. Pero seguimos laburando igual siempre y hace poco estuvimos en el Vive Latino que fue genial. Volviendo a España, creo eso, que las letras pueden ser justas para ese lugar.

-¿Hacia dónde nos remontamos con aquellos momentos en los que empezaste a escribir?

-“La cerveza” la hice a los 16, o “Solo te pido” que es bastante triste, a los 15. El primero al que le descubrí buenas letras fue a Charly. Y ahí me llegó todo junto: Sumo y toda esa locura, o El Cielo Puede Esperar de Attaque 77 donde vi otra manera de escribir. Arranqué ahí a tocar la guitarra con un profesor que me enseñaba temas de Sui generis y después Joaquín me voló la peluca, me encontré con ese mundo gigante de las letras. Un par de años más tarde, después de haberlo perseguido en taxi y todo eso, empecé a ahondar en Los Redondos y fue un borrón y cuenta nueva: todo lo que aprendí no sirvió de nada, vamos a empezar de cero. La lirica del Indio creo que es lo mejor que nos ha pasado.

-¿Ahí ya viste que las letras iban a ser fundamentales en tus canciones en cuanto a lo que se dice y cómo?

-Exacto. Qué y cómo, las dos cosas. Jugar con eso es lo que más me resulta, tal vez también por no tener tantas herramientas musicales, por más que haya terminado una carrera de músico, pero no es que sea un arreglador genial como Aristimuño o Cerati, que ven mucho más mundo en la música que en las letras. Una vez que nace una armonía ya no le doy más vueltas y empiezo a divagar con las letras, ahora estamos haciendo un tema nuevo para Conmigo Mismo que se llama “El cómo y el qué”, justamente. Y son cuatro frases nomás, pero se va repitiendo todo cada vez más rápido y más intenso, y el qué es lo mismo pero el cómo de repente hace cambiar toda la historieta, por lo que termina entonces cambiando el qué. Eso me encanta, está buenísimo, sin necesariamente hacer letras largas. Me gusta, sobre todo cuando te vas de la rima y eso, se abre un abanico hermoso.

-¿Te estás yendo cada vez más por esos lugares?

-Me cuesta salir pero lo estoy intentando. Yo soy más del estilo José Hernández, con la métrica y la rima, cosa también de Joaquín, me da placer cuando escucho una frase que cierra toda redondita. Pero me encantaría tener la libertad de Miguel Abuelo o el Indio de no tener necesariamente que rimar en los estribillos, meter una palabra no porque rime sino porque es bella al oído en ese momento, o no, porque es incómoda justamente al escucharla. Me encantaría y estoy en esa búsqueda.

-¿Estudiaste algo?

-Estuve dos años en Letras pero no fue para mí. Muy irresponsable era.

-La forma no fue la correcta.

-Claro, el cómo (risas). No fue el adecuado. Recuerdo que rendí la materia Sociedad y Estado cinco veces. Aunque me gustaba la historia era ya una negación, y recordar las cosas, porque yo si bien leo mucho tengo muy poca retención. Un día dije “esto no es para mí, voy a agarrar los libros que quiera yo y cuando quiera yo”. Después entonces me metí en cursos más cortos, como el de Coaching ontológico o PNL (Programación Neurolingüística) que en uno o dos años tenés buenos panoramas de esas técnicas de evolución, trabajo en equipo y percepción. También unos talleres de Conductismo, no sé si te pasó que te pidan abrazos gratis por la calle, yo también pedía abrazos gratis en un momento e hice locuras como tirarme un plato de fideos en la cabeza en medio de un shopping (más risas).

Mira la luz por mí

-¿Cuándo empezaste a notar que había algo fuerte en lo que generaban tus canciones?

-Desde los comienzos con lo que pasó con “El sensei”, de repente todas las provincias tenían un Hernán.

-Yo siempre me acuerdo de ir a un boliche en el interior hace muchos años y que de repente suene el tema remixado.

-Reggaetoneado, esa guita me la perdí toda, porque no lo edité nunca. El único hit que tuvo Las Pastillas del Abuelo a nivel país no se editó nunca, fue todo al vuelco eso (N. de la R: dinero que queda de regalías de SADAIC que se reparte entre los artistas que más cobran). Y bueno, ya cuando tocaba temas, como “La casada” a mi familia, les llegaba y me decían si tenía una banda y eso. O “Solo te pido” a los 15 años, que era para un tío fallecido y me preguntaban “¿esto lo hiciste vos?”. Respecto a lo que puedo generar, me sirvió mucho el concepto de comunicación que tiene el coaching ontológico: el paradigma ha cambiado, ya no es más un emisor activo y receptor pasivo con mensaje único y direccional. Los receptores son activos, la escucha es activa, crea mundo y uno escucha desde sus vivencias. Cada cual dice lo que dice, cada cual escucha lo que escucha.

-¿Sentís de todas formas esa responsabilidad a la hora de comunicar?

-Sí, pero es compartido. Siento responsabilidad de lo que digo pero no puedo estar seguro de cómo llega al otro. Por ejemplo, la libertad para uno no es lo mismo que para el otro, y me pasó cuando iba mucho a la cárcel de Marcos Paz, siempre decía que la libertad de algunos pibes parece estar más adentro que afuera. De repente afuera están presos de la mirada del otro, de un sistema que no los tiene en cuenta, limitaciones propias de la sociedad. Y adentro, ya cuando pasaron más de ocho años aprendieron a caminar, y mal que mal tienen un techo, morfi,  hasta a veces un laburo aunque lamentablemente sea por unas pocas monedas. A veces afuera están más presos que adentro. Entonces cuando hablo de libertad no tengo la certeza de que la libertad para el otro sea lo mismo que para mí.

* Las Pastillas del Abuelo se presentan el 31/8, 1 y 8/9 en Obras.

* Piti Conmigo Mismo se presenta el 14/9 en La Trastienda.


 
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