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Gavin Harrison

Gavin Harrison: "Tocar en King Crimson es un gran desafío en mi carrera"

Cronista: Fernando Canales | Fotos: Gentileza: Prensa

07 de Enero, 2019

Gavin Harrison: "Tocar en King Crimson es un gran desafío en mi carrera"

Engañando al polígrafo.

¿Qué tienen en común el fútbol, el ballet, el jazz, las big bands y el rock progresivo? Probablemente en la historia del baterista Gavin Harrison encontremos un buen hilo conductor. De chico, supo tomar clases de ballet donde era muy bueno, al igual que jugando a la pelota, pero como una especie de lobo estepario, a pesar del deseo de sus profesores y de su gran coordinación, a los seis años prefería estar detrás de su set de batería. “Practicaba siempre que no estaba en la escuela, no hacía ninguna actividad extracurricular como los otros chicos que se quedaban jugando al fútbol, simplemente porque quería estar en casa con mi batería. Recién a los 11 empecé a tomar clases formales con un profesor”, confiesa el músico a Revista El Bondi.

Su padre Bobby Harrison -trompetista profesional de jazz- fue quien le construyó un cuarto lleno de colchones para que el pequeño Gavin pudiera practicar hasta que la paciencia de los vecinos aguantara. También fue responsable de fomentar la pasión del baterista por las Big Bands. Ya en la adolescencia, y después de escuchar juntos miles y miles de discos, supieron también compartir el escenario. 

El empeño, el talento y las horas de puntilloso estudio, transformaron a Gavin en músico profesional a los 16 años y en un sesionista de excelso nivel, capaz de tocar grooves ingeniosos, creativos y complicados técnicamente, dignos de un prodigio. De no haber sido así, artistas bien diversos como Lisa StansfieldIggy PopDave StewartCamouflage o Eros Ramazzotti (por nombrar algunos), no lo hubieran convocado para hacerse cargo de los beats.

Su perfeccionismo y la capacidad de entender qué es lo que pasa en el espectro musical, lo ubicaron tras la partida de Chris Maitland en 2002, como baterista de Porcupine Tree. Allí no sólo dejaría su huella en cuatro discos -In Absentia (2002), Deadwing (2005), Fear Of A Blank Planet (2007), The Incident (2009)-, sino también una gran camaradería con el líder Steven Wilson que traería más colaboraciones en los álbumes Blackfield (2004), Insurgentes (2008) y Storm Corrosion (2012). Estos trabajos le valieron ganar la encuesta de lectores de la revista Modern Drummer al "mejor baterista progresivo del año" consecutivamente de 2007 a 2010 y nuevamente en 2016.

Una de las mentes más prodigiosas del rock progresivo es sin dudas Robert Fripp, líder de King Crimson, que como no podía ser de otra forma, localizó en su radar la capacidad y la versatilidad de Harrison y lo convocó para formar parte de la versión actual de la banda con tres bateristas junto a Pat Mastelotto y Jeremy Stacey. Al aceptar el trabajo, Gavin pasó meses escuchando, aprendiendo y transcribiendo la música de 40 canciones, y, consultado sobre su nivel de autoexigencia, contestó entre risas, “Me gusta estar preparado”. Fripp estaba -una vez más- en lo cierto.

Completando su agenda de tiempo completo, quien ahora es también miembro oficial de The Pineapple Thief, repasa el proceso para convertirse en uno de los bateristas más respetados del mundo.

-A los 11 empezaste con las clases formales, pero más adelante, al cambiar de profesor llegaste a decir: “Cuando tuve mi primera clase con Dave Cutler me di cuenta en 30 segundos que apestaba tocando”. ¿Qué te mostró él para descubrir y cambiar esa realidad?
-Cambió todo cuando me mostró ejercicios de coordinación que estaban más allá de mi capacidad y de mi comprensión. Además de ritmos sincopados dentro del contexto del swing que no había imaginado jamás.

-Después de todos estos años de estudio y de tocar ritmos complejos, ¿qué porcentaje de tu mente al tocar en vivo está concentrada en “pensar lo que viene” y cuánto en “dejar que fluya”?
-Diría que 50 y 50.

-Trabajaste con un montón de músicos como sesionista, pero en tu currículum aparece Iggy Pop. ¿Cómo fue la experiencia de trabajar con él, viendo que confesaste que “No entendías la música punk”, y que sus shows tienen un alto nivel de intensidad?
-Disfruté mucho trabajar con Iggy Pop, fue un gran desafío, ya que no crecí escuchando música punk, pero estaba súper preparado. Traté de asimilar el estilo para que sea realmente convincente. Aprendí mucho viendo cada performance de Iggy, poder presenciar todo ese cúmulo de energía y de intensidad, era increíble.

-En 2008 te uniste a King Crimson, ¿cuál fue la primera impresión que tuviste de Robert Fripp?
-Conocía a Robert de hacía algunos años cuando hizo de soporte en varios de los shows de la gira de Porcupine Tree en 2006-07 -NdR: Fripp tocó de invitado en la placa Fear of a Blank Planet agregando sus famosas capas de sonido)-. Me pareció muy interesante la forma que tiene de encarar la música y la vida. Ese fue otro gran desafío en mi carrera, tocar con King Crimson junto a Pat Mastelotto toda esa música maravillosa con la cual no estaba familiarizado.

-¿Cómo definirías la interacción con Pat Mastelotto y Jeremy Stacey en el escenario?
-Pasamos mucho tiempo ensayando, arreglando, tocando... tratando juntos de encontrar la mejor solución musical para las canciones. Obviamente, muchas de las composiciones de King Crimson fueron originalmente grabadas con un solo baterista, y eso hace que completar el proceso de re-arreglado del tema para tres baterías, lleve mucho tiempo. Pat y Jeremy son muy distintos y eso hace que todo funcione perfecto en el contexto de las presentaciones de King Crimson.

-¿King Crimson tiene planes de grabar un nuevo disco de estudio? El año pasado hablamos con Mastelotto y nos dijo que “no”, pero Jakko Jakszyk en otra entrevista dejó las puertas abiertas...
-La verdad, no sabría decirte porque no lo sé.





-Respecto a Porcupine Tree, el proceso de grabación de cada disco fue distinto, ¿cómo creés que eso afectó al producto final?
-Sólo intentamos encontrar distintos caminos para cada disco, porque no queríamos repetirnos a nosotros mismos y hacer álbumes demasiado similares.

-Hablando de The Pineapple Thief, Bruce Soord dijo en una entrevista con Nación Progresiva, que tu contribución para el disco Your Wilderness “fue gigante”, ¿qué nos podés decir acerca de eso?
-Bruce me preguntó si podía tocar en el álbum y me mandó los demos. Me encantaron la composición y la atmósfera de las piezas. Así que contribuí con lo que yo sentía que eran las partes de batería más significativas para cada canción. Hubo una buena conexión con Bruce y los otros chicos de Pineapple Thief, todos sentimos que lo que hicimos está muy bien.

En 2009 Gavin fue invitado a participar del concierto en memoria del icónico baterista Buddy Rich,  Cathy -la hija de Buddy- lo abordó diciéndole: “Sos más que bienvenido y podés tocar cualquiera de los temas de mi padre, pero lo que sería realmente divertido, es que hicieras unas canciones de tu banda Porcupine Tree". Y lo que primero fue la versión big band de “Futile” arreglada junto a Laurence Cottle, poco a poco mutó en el ambicioso proyecto de la creación del disco Cheating The Polygraph (2015), donde con la misma idea, se reversionaron más temas de Porcupine Tree perfumados por la influencia que dejó la infancia en su casa en Londres. 

-¿Fue difícil desarrollar las canciones de Porcupine Tree para transformarlas en arreglos de Big Band?
-Fue muy complicado, tomó cinco años de trabajo producir ese disco. Laurence es extremadamente bueno haciendo arreglos, yo tenía ideas muy crudas acerca de cómo quería que fuera cada canción, así que se las transmitía directamente a él. Era como un rompecabezas de Jig Saw (NdR personaje de la película El Juego del Miedo) que tenía que ser terminado, pero estoy muy contento de cómo suena el disco.

-¿Te resulta difícil encontrar un proyecto o una banda donde tus ideas musicales se sientan a gusto?
-La verdad es que no voy por ahí buscando los proyectos, conozco a Laurence Cottle desde hace más de 30 años, cuando tuve la idea de hacer el disco con la Big Band, sabía que él era el indicado. Conocí a O5Ric de casualidad y en ese momento sentí que teníamos algo en común y que un proyecto juntos podría funcionar. De hecho hicimos tres discos en cinco años -Drop (2007), Circles (2009), The Man Who Sold Himself (2012)-. Ahora fui invitado por la gente de The Pineapple Thief, y sabía que iba a ser un buen hogar para nuevas ideas.


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