Criaturas salvajes... sueltas.
Un pibe le avisa a la vieja que sale y que seguramente llegará tarde. La madre le pregunta a donde carajo va con tanta pintura en la cara. El muchachito se da vuelta, la mira con cara de obviedad y le dice que va a ver a Manson. “¿Monzón?”, pregunta ella, todavía con la escoba en la mano. “Nada, dejá, que vuelvo tarde”.
Y ahí iban: miles de chicos pintados, vestidos de negro, arriba del bondi que los dejaría en el Club Ciudad de Buenos Aires para encontrarse con otros como ellos, que también crecieron escuchando a Marilyn desde sus emepetrés. Porque seguramente no faltó nadie que no haya podido pagar los ochenta pesos de la entrada.
El negro fue el lugar común favorito de un día de sol ideal para pasar horas viendo música al aire libre. Si bien la temática era bien dark, se lo podía esquivar con otras opciones como El mató a un policía motorizado, una banda de La Plata que dentro del ambiente under/indie se viene llevando todos los premios. Su breve, pero contundente set, no tuvo desperdicios, ni tampoco faltó el hit under “Amigo piedra”. También estuvo Poseidótica, que sedó a todos los de la carpa del Roxy con su propuesta instrumental que recuerda a Migala, God Is An Astronaut, o los locales Natas, pero un poco más serenos.
Cómo núcleo angular de la fecha estuvo el ensamble de sonido impecable que coronaron la mayoría de los grupos. Tanto en los escenarios principales como en el Pop Art (el de la entrada). Acá se pudo apreciar un increíble sonido tanto con El nombre del Padre, Tristemente Celebres y D-Mente.
Las opciones estaban en todos lados: la gente iba y venía buscando buenas cosas, evitando bochornos, escuchando un par de temas de cada uno siempre con el programa en el bolsillo derecho y el reloj en la muñeca izquierda. De los poderosos Satan Dealers a Carajo, quienes hicieron un show seguro e irreprochable para los que los siguen. Un par de hits y algún que otro tema de “Inmundo”, su nuevo trabajo de estudio.
Con el viento se soportó el calor, y con Massacre las ganas de ver buen rock en el escenario principal: a las 18:15, salieron para dar un show con un sonido gigante y una lista de temas perfecta para recibir las primeras luces artificiales. “Te leo al revés”, “Tres Paredes” fueron algunos de los temas que sonaron. Y hasta se animaron a “Ziggy Stardust”, de David Bowie. Walas saludó a los vampiros y veneró la figura del artista principal.
El problema (bah, problema) de estos festivales es que las bandas no reciben el aplauso final, ya que todos apuntan al otro escenario ni bien se acerca el último acorde. Walas dijo chau y Los Natas hola. La banda más popular dentro del género instrumental tocó ante muchos que los conocían de nombre pero que nunca pudieron verlos en vivo. Aunque es mucho más recomendable escucharlos sentados en el piso sin sonidos externos, dieron un show correcto y casi conceptual.
De vuelta al otro escenario, Cabezones, con integrantes nuevos después de dejarlo pagando a César, fue a lo seguro y repasó temas ya conocidos como “Sueles Dejarme Solo”, “Globo” y “Ojos en mi espalda”. Si bien Andino no está recuperado del todo después del accidente con Gaby de Catupecu Machu, se lo notó complicado esforzando hasta el límite gritos que antes salían con fuerza.
Ya habían pasado cinco horas desde que Malos Aires arrancara con el octavo día del festival. Cuentos Borgeanos, inauguró el escenario CTI con hits como “Mírame” y se llevó el aplauso de compromiso de niños dark que decidieron ver todo lo que podían.
Las horas pasaban y solo quedaba El Otro Yo para que salga la excusa de esos ochenta pesos. Otros que fueron a lo seguro, pero que funcionaron perfectos y llenaron de guitarras a nostálgicos que escucharon “Alegría” evitando el lagrimón, y a niños que los conocieron y pegaron onda enseguida. “No me importa morir”, “Corta el pasto” y “10.000.000”, dieron pogo y una linda fiesta para entendidos y no tanto.
¡Hola Archenchinaaaa!
Ante 22 mil personas salió Marilyn Manson para cerrar la octava fecha del Pepsi. Con una potencia roquera más emparentada a un grupo de hard rock que a la estética gore que alimentó en los 90s, “El Reverendo” empezó con la sombría “If I Was Your Vampire”, con el que abre los shows en esta gira. El cantante salió a escena con pantalón, chaleco y guantes negros para luego ir mutando de vestuario en el transcurso de sus 12 canciones. Además, lució un micrófono caracterizado como un gigantesco cuchillo y después del segundo, “Disponsable Teens”, fue revoleado por los aires.
Con un concierto efectivo e intenso (sólo duró poco más de una hora), pero enérgico, la banda alteró temas de su nuevo disco, “Eat Me, Drink Me” (2007), con clásicos de sus producciones anteriores. Las primeras ovaciones llegaron con “Mobscene” y siguieron con “Sweet Dreams”, “Lunchbox”, “Fight Song” y “Rock is Dead”.
Manson, firme en su rol de “frontman”, cuyo protagonismo sólo comparte por momentos con el guitarrista Tim Skold, se adueño de la pasarela que se extiende desde el escenario hasta el centro del campo, arengó al público y demostró su firme impronta de rocks star. Después de diez minutos de receso llegó el final con “The Beautiful People”.
En su tercera visita al país Marilyn Manson no decepcionó. Dio un show impecable en el marco de un festival que en su octavo día tuvo como mejor aliado al sonido que, en general para todas las bandas, fue excelente.
TXT: Sebastian Barrera y Gaston Magallanes