Festival del absurdo en una obra que intenta obtener el impacto a base de diálogos rápidos y fuera de contexto, rindiendo un homenaje a La Cantatrice Chauve, obra francesa estrenada en 1952 y escrita por Eugène Ionesco.
“La cantante calva” resume la vida de dos parejas que al hablarse no se encuentran a pesar de los años de relación que tienen encima. Intentan comunicarse pero no logran entenderse, por egoístas y cotidianos que se (nos) volvieron a lo largo de la historia: seres individualistas que conocen el diccionario de memoria pero no logran entenderlo.
Los Martin y los Smith se duermen y vuelven a despertar en el mismo lugar de siempre. El círculo de la vida se ejemplifica constantemente gracias a cuatro personajes tristes y rutinarios que escupen ideas sin ningún tipo de significado para nadie, ni siquiera para sus parejas que están siempre al límite de olvidarlos como si nunca hubiesen existido.
Un bombero entra a escena para “apagar los fuegos”, intentando ser el cable a tierra de estas cuatro personas vacías y sin almas, pero todo parece inútil ante estos esclavos de la simple vida que los tiene dormidos.
Cristina Tavano, Andrés Rojas, María Errecaborde, Sandra Camaño, Sergio Cambareri y Sergio Marinoff tratan de descifrarse en un mundo extraño pero conocido por todos nosotros. El trabajo de Gabriel Molinelli, el director general de la obra, fue ordenar esos diálogos absurdos, intentando no perder el ritmo de una obra difícil de seguir pero correcta en sus tiempos.