Revista El Bondi - 15 AÑOS DE ROCK
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Stratovarius

Una sana costumbre

Cronista: Gentileza: Pablo Gabriel Krause | Fotos: Beto Landoni

11 de Octubre, 2006

Una sana costumbre

Los finlandeses de Stratovarius bajaron nuevamente hasta nuestras latitudes, lo cual se está transformando en costumbre estos últimos años. Esta vez desembarcaron en El Teatro de Flores, junto a Doro Pesch, la blonda cantante de Warlock como soporte.

Apenas a un año de su última visita (aquella oportunidad, en el Estadio Obras), Stratovarius volvía a desembarcar en Buenos Aires. Esta vez la cita eran dos noches consecutivas en el Teatro de Flores, el local de Avenida Rivadavia al 7800. En un principio iban a estar acompañados por los legendarios Saxon, pero los ingleses cancelaron de manera inexplicable su presentación, a días del show. En su reemplazo arrivó Doro Pesch, quien por mediados de los ochenta estuvo al frente de Warlock.

A pesar de haber pasado los cuarenta, la rubia cantante alemana, todavía con todo en su lugar, y envuelta en tachas y un pantalón de cuero, logró ganarse al público que hasta le regaló un “Olé, Olé, Doro, Doro…”. Premio Chamigo para el baterista, que al mejor estilo ochentas, se la pasó revoleando los palillos por el aire y demás piruetas. Para cerrar, llegó el cover de Judas Priest, Breaking The Law (en una versión acústica-distorsionada más que interesante) y finalmente All We Are, de Warlock, como era de esperar.

A las 21.30 ya todo estaba listo para el gran cierre, a cargo de los finlandeses. Con el recinto a oscuras comenzó una cortina de música clásica (la misma que musicalizaba el programa Función Privada, para aquellos memoriosos), e inmediatamente después la guitarra del mítico Timo Tolkki dio comienzo a Hunting High And Low.

Si bien las condiciones del lugar estuvieron a la altura de las circunstancias en lo que a sonido se refiere, no dejaba de ser un contraste llamativo el hecho de ver a una banda como Stratovarius en un lugar con capacidad menor a dos mil personas. Si bien hay que tener en cuenta que el show fue en un día laborable (miércoles por la noche) y la entrada rondaba los noventa pesos, era más chocante aún el espacio libre que había en el Teatro de Flores, cuando arriba del escenario se desenvolvía una de las bandas más renombradas de heavy metal a nivel mundial.

Sin embargo, la banda no escatimó en su entrega al público y brindó un show potente, del que sólo se le podrá reprochar la ausencia de algún que otro clásico, como “Will The Sun Rise?”. Claro está, la discografía de los finlandeses consta de quince materiales, por lo que era imposible dejar satisfecho a todo el mundo. Aun así, Kotipelto y compañía se esforzaron por repasar el mayor espectro posible de su catálogo. Así pasaron canciones de la talla de Speed Of Light, Kiss Of Judas, Phoenix e incluso algunas inesperadas como Will My Soul Ever Rust In Peace, o una bellísima versión de Forever con guitarra acústica para los bises, que finalizaron con Black Diamond, como no podía ser de otra manera.

Stratovarius es una de esas agrupaciones donde cada uno de los miembros brilla por su virtuosismo y su calidad musical individual, además del nivel compositivo de la banda. Por momentos, los duelos entre la guitarra de Tolkki y el teclado de Jens Johanson eran incluso difíciles de seguir visualmente. Al mismo tiempo, el legendario Jörg Michael (que pasó por tantas y tan buenas bandas que sería interminable la enumeración) daba una verdadera lección tras los parches, y el recientemente incorporado Laurie Porra, quien ya había participado de la carrera solista del cantante Timo Kotipelto, no sólo demostró su talento con un emotivo solo de bajo donde mechó melodías de “Por una cabeza”, sino también por los arreglos que realiza sobre los temas, a altísima velocidad y con una precisión envidiable.

Stratovarius pasó nuevamente por nuestro país y volvió a demostrar porqué es una de las bandas más respetadas de la escena mundial. Lo cierto es que, si bien el show no tuvo bajezas tanto en lo escénico como en lo musical, es inevitable marcar que una banda como Stratovarius merece un lugar acorde a su nombre. Además, la reducida capacidad llevó a que el precio de la entrada sea totalmente desproporcionado por un show en un recinto para 1800 personas. Tal vez hubiese sido más conveniente realizar la presentación en un lugar de mayor capacidad, con una única función para mayor cantidad de público, lo que no sólo hubiese brindado un plus al espectáculo, sino seguramente, un alivio al bolsillo de los espectadores.

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