Revista El Bondi - 15 AÑOS DE ROCK
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BUE

Sonidos que acoplan

Cronista: Gentileza: Sebastián Barrera | Fotos: Beto Landoni

04 de Noviembre, 2006

Sonidos que acoplan

Sabor a poco del festival BUE, que con algunas propuestas interesantes, por momentos hicieron valer el precio de la entrada.

Cuando uno mezcla los últimos sorbos de cerveza, fernet y vino que hay en los vasos de la mesa, se le dice “el mezcladito”. Es horrible, pero el borracho se lo toma por cebado.

Ahora, si el promedio de muchachos que usan anteojos de sol es un cuarenta por ciento mayor al que normalmente se ve en la vereda de tu casa un sábado con mucho sol, algo está pasando: un eclipse repentino o un festival electrónico. Pero si a ese evento se le agrega una banda africana, otra de ska y otra de rock, algo mucho más extraño está pasando.

“Veamos, tenemos a Yeah Yeah Yeahs, Daft Punk, Mimi Maura y a Tv On The Radio. Ya fue, los metemos a todos en el mismo día, ¿no?”. Casi, casi seguro dijo uno de los pocos organizadores del festival. Al parecer, poco importó y se las ingeniaron para juntarlos y hacer una mala fusión.

 

Buen comienzo

Meses antes era un simple rumor y una visita frustrada del año pasado fue la derrota de aquellos pocos band-aids que los conocían. Pero el chisme se hizo oficial, y los muchachos de Brooklyn vinieron para presentar Return to Cookie Mountain, un disco tan free jazz, tan rockero, tan shoegazing y bueno como su primer disco Desperate Youth, Blood Thirsty Babes. Lamentablemente, el público argentino no está preparado para estos sonidos, o quizás el BUE no estaba a la altura de tanta música junta, ya que lo ideal hubiera sido escucharlos en un lugar cómodo, chico y con mejor sonido que los organizadores de estos festivales ofrecen a las bandas que no son las principales.

“Imaginen por dos segundos que sus hijos nazcan con alas”, traducía el mexicano, flautista y saxofonista del grupo, lo que Tunde Adebimpe no podía decir. “Se vería un poco raro, pero sería muy bueno”. La gente aplaude y espera convencerse de que los ochenta pesos de entrada valieron la pena, sin saber a quién tenían enfrente: dos negros cantando como nadie, que pueden hacer saltar con Playhouse, disfrutar de Providence, cantar con Staring at the sun y limar con Dreams.

La noche acababa de llegar, y ellos inauguraban una larga noche hasta cualquier hora. Agradecidos, se sorprendían con el pequeño pogo de cuarenta personas que se hizo adelante. Saltamos con cualquier sonido, no les habíamos avisado.

 

El digestivo

No bailes así, no te muevas así, no te toques Mimi. Si sabés cuánto gustás. Porque sabés que sos sensual, y que el ska, los boleros y el reggae que hace tu banda, son compatibles con esa pollera negra bien caribeña que tenés puesta.

Atrás tenía a sus compañeros, que con el lapso justo de una hora por banda, la difícil tarea de animar y satisfacer a un público ajeno al que acostumbran tener en sus shows, 60 minutos no son nada. Pero a la media hora de show, muchos guardaron la pastillita para más tarde y se animaron al porro. El reggae gustó y el ska insitó a bailar un poquito.

Todo empezó con “La huella”, cuando los del fondo dejaron esa fea costumbre de charlar en medio de un tema, y los de adelante se animaron a bailar “Yo no lloro más”, “Misterio” y para cerrar la tristísimo “Monotonía”, donde la gente contenta, aplaudía de espaldas y casi corriendo por la insoportable puntualidad del festival y no llegar tarde al otro escenario.

 

Guitarra y alaridos

Después de ver a Mimi Maura, Karen O. parece una prostituta contenta, fina y despechada. Vestida con un traje amarillo con manchas azules y telas sueltas por el cuello, la nueva niña mimada del rock llamó con sus gritos exagerados de pseudo rockstar, que quienes no se dejan seducir por la marea comercial que come todo intento por mostrar algo distinto lejos del mainstream, sabrán muy bien que sus escupitajos, sus revoleos de micrófono y sus arrastradas por el suelo son pura fachada.

Los neoyorquinos de Yeah Yeah Yeahs mostraron que pueden sonar fuerte, que pueden gritar y que pueden hacer agitar a 20.000 pibes que los miraban por primera vez. Con un sonido garage rock pasaron por sus dos discos Fever to Tell (2003) y Show Your Bones lanzado este año, y no se olvidaron de encaprichar con “Date With The Night”, tema ultra conocido que las radios porteños ya supieron quemar.

En medio de tantos alaridos y entre buenas guitarras sucias, Karen O. agradecía y escupía agua para todos lados y seguía con la lista: “Phenomena”, “Pin”, “Gold Lion”, fueron algunos de los momentos más interesantes donde el público hizo bien los deberes y se aprendió la letra para cantarla y hacer buena letra con el pibe cool que tenían enfrente.

 

La claridad hecha sonido

Sin duda lo mejor de la noche fueron los sesenta minutos de Amadou Bagayoko y Mariam Doumbia: un matrimonio ciego que se conoció en el Instituto para Jóvenes Ciegos de Malí. Amadou et Mariam mezcla sonidos africanos con guitarras eléctricas, mucha percusión, tablas indias y buenos vientos, que contagian las ganas de saltar y bailar. Y como este festival es tan extraño, nada parece sorprender: la gente se sabía las letras y festejaba cada sólo de Amadou como si tocaran todos los sábados en el Teatro de Flores.

Siempre nos inflamos el pecho cuando tenemos que decir: “Claro, pero tenemos el pogo más grande del mundo”. Siempre. Nos encanta ese titulo y pensamos que  al que viene de afuera, le ofrecemos el mejor show de su carrera. Pero el hecho de que no nos vean, hacen que los demás sentidos se despierten y puedan sentir bailar, cantar y esa cara de felicidad del argentino que asistió al BUE y que tarareaba los tema con todo el cariño.

 

Robotech, mezclate un disco

Es difícil entender cómo los mismos niños que antes creían sentir las guitarras de Nick Zinner de Yeah Yeah Yeahs, se pusieran tan furiosos con dos robots franceses como Daft Punk, que giraban sus discos sincronizando LED’s para enloquecer a todos, subidos en una alta pirámide parte de una excelente puesta audio-visual.

Para los que les suena, pero tienen el tema en la punta de la lengua, son los creadores de mega hits como “Around the world” y “One more time”, que seguramente escucharon en algún boliche o casamiento de plata.

Al parecer, la resaca del día anterior se había ido: el mal sonido de los Beastie Boys fue una buena advertencia para que los franceses pudieran explotar y hacer saltar a sus chicos electrónicos con el volumen justo antes de que les exploten los oídos.

Hora y cuarto más tarde, el agua no daba a basto para saciar tanta sed pastillera (Seis pesos. Un peso más cara que una gaseosa) y dieron fin a tanta máquina robótica. Daft Punk se retiró ovacionado para darle lugar a Amparanoia, una española que mezcla todos los sonidos y que recuerda a su amigo Manu Chao, quien la ayudaría en algunos trabajitos musicales. Dosis contradictoria pero justa para cerrar una larga noche de festival

 

Conclusión barata

Es extraño y muy interesante el poder que tienen los medios en las mentes de aquellos que están entregados a cualquier sonido, siempre y cuando lo escuchen los demás. Poco tiempo atrás, en el mismo lugar tocó una leyenda como Iggy Pop. El sábado, emisoras, canales y revistas de moda hicieron asistir a miles de personas para poder escuchar un sonido sucio y desprolijo como el de Yeah Yeah Yeahs. Pero nadie de los que los fueron a ver se hizo el gran favor de escuchar una clase de rock and roll como la que dio la iguana renga en el Pepsi Music ya que, seguramente, “era pura mierda de un viejo gagá que no tenía éxito”.

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