Revista El Bondi - 15 AÑOS DE ROCK
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Luis Alberto Spinetta

El alma al viento

Cronista: Gentileza: Bruno Lazzaro | Fotos: Beto Landoni

21 de Noviembre, 2006

El alma al viento

Luis Alberto Spinetta se presentó el martes 21 en La Trastienda y brindó un show íntimo en el que aprovechó para seguir exhibiendo su última placa, “Pan”. Eso sí, los clásicos como “Durazno sangrando”, “Kamikaze” y “Laura va” se hicieron presentes.

Hablar del Flaco sin nombrar algo que ya se haya dicho es, de por sí, difícil. Y eso que hablamos de uno de los artistas más abiertos de la historia del rock local. Entender su mística, saborear su poesía y dejarse llevar por su inclasificable y camaleónico estilo es una experiencia inigualable. Más si esta relación se lleva a cabo en una ceremonia íntima como la que se desarrolló el martes pasado en La Trastienda Club.

En un show armado a su estilo y gusto, ese que suele estar lleno de temas de su último disco más los clásicos de su extensa discografía, Luis Alberto Spinetta continuó con la seguidilla de recitales que había comenzado hace unos meses en el reducto de Telerman y compañía.

Acompañado por el suave pero concreto bajo de Nerina Nicotra, la estocada fresca de la batería de Sergio Verdinelli y la estela del abstracto teclado de Claudio Cardone, el hombre de los mil y un estilos se sinceró ante un público que, pese a pagar entre 50 y 120 pesos, le respondió agradecido.

“Atado a tu frontera” y “Sin fin” (los dos de su última placa “Pan”) sirvieron para dar comienzo a la cálida velada. La sutileza del bajo y la prepotencia de la batería hicieron de colchón para un Spinetta fresco que demuestra que para ser un buen cantante no es necesario apoyar el micrófono en la boca (¿quién no recuerda el espasmódico balanceo, made in Paez, que el Flaco realiza cada vez que tiene que conseguir un agudo?). Y hablando de Fito llegó “Las cosas tienen movimiento”, canción que para el hombre de Belgrano “es un placer hacerla”.

“El enemigo” sirvió para mostrar lo mejor de la guitarra rojiblanca de Spinetta; “No habrá un destino incierto”, con sus extraños cortes y punteos que parecen cantos de ave; los Jades “Un viento celeste”, con su toque de jazz fusión, y “Resumen porteño”; “Cabecita, calesita”, en donde todos los instrumentos parecen ir por lados distintos hasta concluir en un golpe; y la brillante “Kamikaze”, donde Spinetta expresó: “estos locos creen que van al cielo, que se van a ganar un Ace”, se sucedieron hasta el primer corte.

A su regreso, y luego de un logrado set en solitario de Claudio Cardone, siguieron “No ves que ya no somos chiquitos”, el clásico “Durazno sangrando” y “Nelly, no me mientas”.

Después no digan que no puedo hacer cosas simple”, dijo el Flaco antes de dar con “Qué hermosa estás”. “Aunque estés así tan radiante, rendida en la niebla, yo no respiro hasta ver tu despertar...” canta Spinetta y confirma lo antes mencionado. “Dale luz al instante” y “Espuma mística”, dos de los mejores temas de Pan sirvieron para empezar la retirada.

Con el aura místico que suele girar sobre su figura, representado en una pantalla de fondo, el padre del rock local (junto a otros como Lito Nebbia y Javier Martínez) culminó con lo que la gente estaba esperando: clásicos de su etapa solista, “Seguir viviendo sin tu amor”, Almendra, la exquisita “Laura va”, (las dos con criolla y acompañado por el teclado) y Pescado Rabioso (la demencial “A Starosta, el idiota”, ya con toda la banda).

Una noche personal, pero sin celulares ni etiquetas de moda. Una vuelta al pasado embellecida por el presente de un artista que se resiste a repetirse.

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