Revista El Bondi - 15 AÑOS DE ROCK
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Gran Martell

Un cocktail nocivo que quema la sangre

Cronista: Gentileza: Pablo Gabriel Krause | Fotos: Beto Landoni

15 de Diciembre, 2006

Un cocktail nocivo que quema la sangre

Gran Martell cerró el año en el ND/Ateneo, acompañado por Neuronautas y los Maltratan Hamsters de Andrea Prodan, en una noche que lo tuvo todo: rock, potencia, intensidad, experimentación y muy buen humor.

Eran las doce de la noche del viernes y la cola para ingresar al local de Paraguay al 900 ya daba vuelta a la esquina. Llegar temprano valía la pena. Los primeros cien en entrar iban a tener una copia del DVD de Gran Martell para poner en el arbolito este 24. En algo que es prácticamente una costumbre para las presentaciones de Gran Martell (y que el mismo Araujo se encargaría de aclarar más adelante), eran de la partida otros dos artistas, tan disímiles como interesantes: Neuronautas y Maltratan Hamsters, el particular proyecto de Andrea Prodan.

Precisamente, fueron los Neuronautas los encargados de abrir la noche. No confundir con Dragonauta, más allá de que estos muchachos también tengan cierto acercamiento con melodías stoner. Tal vez Los Natas puedan servir como punto de referencia en cuanto al sonido, aunque no termine de ilustrar la propuesta de Neuronautas. Es decir, sí, tienen la psicodelia, el cuelgue, la constante experimentación y la sensación de improvisación desde el escenario. Tienen proyecciones multicolores sobre el fondo y temas largos con poca (o ninguna) letra, pero también tienen una computadora en el fondo que genera un contraste bastante fuerte. Es raro asimilar todos esos elementos tan vinculados al espíritu mismo del rock, teniendo un tipo con una PC arriba del escenario. Aún así, el potencial de la banda sobre el escenario termina pesando más que las ayudas tecnológicas.

Tan solo un par de minutos después, se abrió el telón y sobre el escenario aparecieron tres individuos en mamelucos blancos y mullidos, cual piel de hamster, sentados sobre diminutas banquetas. Así, arrancó Maltratan Hamsters, el trío vocal, humorísitico y hasta teatral por momentos que comanda Andrea Prodan, en el que se intercalan tangos, rap, reggae y arreglos corales con un exquisito sentido del humor. Como se dice en estos casos (y no por caer en un lugar común) fueron ovacionados a más no poder por toda la sala, que estalló en carcajadas continuamente. Es que una propuesta tan original, y a la vez entretenida, merecía ser reconocida como tal. Excelente, y además, divertidísimo.

Eran casi las dos de la mañana y todavía faltaba el plato fuerte, aunque la noche hasta ese momento ya había valido la pena. Fue entonces cuando Gran Martell volvió a dejar en claro porqué es uno de los grupos más potentes y originales con los que cuenta la escena por estos días. Es que Gran Martell tiene impregnada esa energía de los años 60’s y 70’s, donde la potencia convivía con la psicoldelia y la introspección.

Ellos mismos afirman que le escapan sistemáticamente al cuatro por cuatro, y es por eso que su sonido termina siendo original y sin muchos ejemplos que sirvan de referencia. Es furioso y adrenalínico, pero a la vez prolijo y cuidado. Jorge Araujo y Gustavo Jamardo construyen con sus bases una cortina impenetrable, sobre la que Tito Fargo lleva su Gibson a través de un paseo salvaje, donde cada nota tiene un lugar exacto, que termina dando forma al desorden sonoro con el que impacta al oyente Gran Martell. Todo acompañado además, por proyecciones psicodélicas acordes a la energía que la banda transmite arriba del escenario.

Pero más allá del desenfreno y la potencia, también hubo tiempo para un pequeño set acústico, según Magoo, “para que vean que no solo tocamos al recontrapalo, sino que también podemos hacer cosas tranquilas”. Y así arrancó Latidos, un tema que “esta bueno tocarlo, después de todo lo que pasó esta semana” (recordemos que el último fin de semana se había conocido la muerte del dictador y genocida chileno Augusto Pinochet). Inmediatamente después, A Ver contó con un invitado de honor: el señor Diego Arnedo, compañero de aventuras de Araujo durante sus nueve años en Divididos. El mismo Araujo se encargó además de recalcar la importancia de eventos en los que se puedan disfrutar de distintas propuestas artísticas de buen nivel, como sucedió el viernes en el ND/Ateneo.

Puntualmente, si bien el estilo de Gran Martell difícilmente los deposite algún día en los primeros puestos de ventas, siempre es importante que existan bandas que quieran romper con los moldes ya conocidos. Porque ésa es la forma que tiene el rock para reinventarse a sí mismo y evolucionar, precisamente cuando las fuerzas del mercado intentan volverlo cada vez más simple, más complaciente y más tonto.

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