Revista El Bondi - 15 AÑOS DE ROCK
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Cabezones

Siempre se puede volver

Cronista: Gentileza: Sebastián Barrera | Fotos: Beto Landoni

16 de Diciembre, 2006

Siempre se puede volver

Cesar llamó a sus compañeros de Cabezones y les dijo que estaba listo para tocar. Se pusieron tan contentos que reservaron Obras para presentar su último trabajo Bienvenidos.

A los 16 años, el pendejo quiere romper todo. Plena edad del pavo y con las hormonas al taco, se introduce en el Nu Metal con esas bandas ideales para el futuro rockero que busca identificarse con sus letras, un sonido fuerte y buenas voces.

Allá por el 2000, esos adolescentes vivían en un paraíso: un tal Jonathan Davis con otros compañeritos habían creado un par de años antes un nuevo sonido que poco y nada duraría en este mercado tan asesino. Korn, Deftones, Limp Bizkit, POD y Papa Roach eran sólo algunos de una enorme ola que inundó las radios, la televisión y millones de remeras negras.

En Argentina pasó algo similar: avivados por el movimiento, salieron a la luz bandas como Catupecu Machu y Cabezones para que todo púber tenga a pocas cuadras de su casa mercadería nacional de buena calidad.

A Catupecu lo llegaron a denominar “la nueva aplanadora del rock”, pero crecieron tanto que les alcanzó la guita para comprarse un perfume, una linda bufanda y los mejores jeans para tocar en los más exclusivos escenarios argentinos y consagrarse en el mundo Mtv. Cabezones siguió en el under, llenó pequeños teatros y continuó ese sonido ya muerto pero que gustaba a esos viejos seguidores y a esos pequeños que recién los escuchaban.

Hoy
Seis años más tarde, la banda de Cesar se animó al cada vez menos mítico estadio Obras Sanitarias. Ya recuperado de la terrible lesión que le provocó un accidente con su amigo Gabriel Ruiz Díaz de Catupecu, reunió a la banda para ensayar los 25 temas de un buen show con grandes invitados, un sonido discreto y mucha emoción.

¿Cuánto sale un ventilador de techo?
“¿Y ese humo?”, preguntó un boludo. De adentro de Obras salió la neblina que crearon los 40 grados de térmica que Buenos Aires nos regaló para que la pasemos genial, con gaseosa patrocinante en mano y pañuelito careta en otra.
 
Guarda que salimo’

"En momentos en que parece que nada es posible de llevar adelante, hay personas importantes. Quiero agradecer a mis hermanos de Cabezones". Cesar estaba emocionado y contento, con ganas de subir a un escenario y gritar con todas las ganas. Y así arrancaron, con Vertiente, Cada Secreto, Inmóvil y Abismo. Cuatro temas registrados en el disco en vivo de su último show previo accidente, cuando las cosas estaban casi en su lugar y llenaban los teatros de Colegiales y Flores.

La verdadera aplanadora
El estadio se vino abajo cuando Ricardo Mollo apareció en escena para acompañar el regreso de Cesar. La voz de Divididos se calzó la guitarra para “Lejos es no estar” y dejar en segundo plano a Esteban Serniotti y Leandro Apud que miraban cómo el ex SUMO descosía esa guitarra.

Cesar se ayudaba con un bastón y un sillón blanco que combinaba con la humilde escenografía que contrastaba con sus uniformes negros ya conocidos en toda banda Nu Metal. “No puedo defraudar mis principios. Para este tema tengo que estar parado”, dijo y arrancó con Hombre Paranoico. Pogo, rondas suicidas y mucho coro por parte de los cuatro mil pibes que los miraban desde abajo.

¡Bancá que falto yo!
Como era de esperarse, el invitado obvio de la noche fue Fernando Ruiz Díaz, voz Catupecu Machu, que entró casi desapercibido en Silencia para acompañar a su amigo y traer, ya que estaba, a toda su banda. Zeta Bossio (quien suplanta en el bajo a Gaby) y Javier Herrlein entraron, saludaron y volvieron a tocar con sus amigos como en los comienzos, cuando tocaban en barcitos para un par de amigos.
“Este tema lo veníamos tocando cada vez que nos juntábamos”, introdujo Cesar a “Pasajero en Extinción”: tema ya conocido y casi vencido que sirvió como primera canción de difusión del disco en vivo “Bienvenidos”.

Pese a los dos temas en vivo y los cantitos reglamentarios para Gaby y todos los Catupecu, Fernando quería un poco más de Obras y volvió para ser el pibe macanudo de la noche que les entregaría el disco de oro por ese buen disco en vivo grabado en el Teatro de Colegiales. Micrófono en mano, fernandito hablaba y hablaba y parecía no querer parar.

Se agradece
Irte cerró una buena noche de invitados, buena selección de temas y mucha emoción. “Chau hermosos”, despedía Cesar mientras se juntaban todos adelante para recibir los aplausos merecidos y las fotos del otro día. Fernando volvió a aparecer (obvio) y sonrió, agradeció y saludó como un integrante más de la banda.

Cabezones se sacó las ganas de tocar y se mereció tanto aplauso y tanta emoción junta a pesar de que esa noticia amarilla que prometió la vuelta de Cesar haya reunido a tantos curiosos que lo conocieron por su terrible accidente y necesitaban saber quién, qué y cómo es Cabezones.

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