Revista El Bondi - 15 AÑOS DE ROCK
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La Covacha

De mano en mano, hay que gritar

Cronista: Gentileza: Christian Alliana | Fotos: Beto Landoni

03 de Marzo, 2007

De mano en mano, hay que gritar

Este fin de semana, La Covacha reventó por dos noches consecutivas El Teatrito. Con El Mendigo y Viejo Empedrado de soportes, la banda del sur del Gran Buenos Aires desató una fiesta de rock y algo más.

El Mendigo abrió la noche del sábado a puro rocanrol. La banda de los hermanos Abbiatici aprovechó la ocasión para seguir presentando temas de su disco debut Hasta enloquecer (2006). Así pasaron, entre otras,  “El barrio es mi motor”, la delicada  “Bajo el mismo sol” y el clásico de Las Pelotas, “Sin Hilo”. Un show compacto ante un escaso público que igualmente agradeció la entrega mendiga.

El siguiente turno fue para Viejo Empedrado. Arrancaron con el tema que da nombre a su disco debut,  “Mucho verde y poco caviar” para luego darle paso a la ricotera “Rock N´ Telmo”. Sobre la base de puro rocanrol stone, la banda de San Telmo entretuvo a los presentes por espacio de media hora dejando para el final una sorpresa cuando subió Salva de La Covacha para hacer coros en “Loco Py”. De esta manera se cerraba el set de Viejo Empedrado que se despidieron a puro aplauso.

Ahora sí estaba todo listo para que arranque la segunda fecha de La Covacha en El Teatrito. El lugar estaba lleno y la gente explotaba, se veía venir una fiesta y para eso ya había varios globos preparados para recibir a la banda. Con el telón cerrado, la ansiedad crecía un poco más y los golpes de batería que se escuchaban ponían impaciente al público. Sin embargo, luego de unos minutos de espera, los acordes de “Corre, corre” empezaron a sonaron para dar comienzo al show.

La lista siguió con dos clásicos de su primer disco, “Hoy, en este lugar” y “La venda” y la guitarra de Seba Fernandez bien adelante. Luego de estos temas la voz del grupo, Salvador Tiranti, agradeció a los covacheros por las dos fechas llenas y por el apoyo.

La mixtura de ritmos que caracteriza a la banda se hizo presente en el chamamé “Ni pa´ la suerte” que describe las desventuras de un auténtico yeta (¿en quién estará inspirada dicha historia de mala suerte?). Por las dudas, los presentes, se tocaron su lado izquierdo.

Aprovechando que se trataba de un ensayo general, los quilmeños mostraron varios temas de su futuro trabajo, como ser, “Trapos viejos”, “De la esquina al sueño” y “Adonde te irás”. El público escuchó las nuevas composiciones de manera apacible y atentamente.

Poco a poco fueron pasando los temas como “Sacudirán”, que fue uno de los más festejados, junto a “Frenesí” en donde las palmas de la gente acompañaron el ritmo.

El show se partió al medio con el cover de Sumo, “Whitetrash” (con la intro de “No tan distintos”).  La fiesta como no podía ser de otra manera, debía tener su murga y para esto, se armó una batucada en donde se lució la percusión de Hernán Sodanelli junto a la batería de Hernán Monteagudo. Salva desde el costado del escenario arengaba con el clásico cantito “Baila covacha oh eh oh eh”.

Luego siguió “La ironía más buscada” con la gente a full que desembocaría en otro canto popular. El infalible “Es un sentimiento” mostró la gran conexión entre los de arriba y los de abajo y el agradecimiento fue mutuo.

Los decibeles bajaron un poco con el mejor tema nuevo que presentaron: “Sin más” en donde se lucieron el saxo y la trompeta. La tranquilidad siguió con esa historia de amor futbolera que es “Dale y dale”, con las luces climatizando el ambiente y el acordeón en manos del bajista  Lisandro Tiranti que le dio un tinte melancólico al tema.

El final se iría acercando con “Cuando tú no estás”, “Venir andando” y “Yo me juego la cabeza” con un interesante solo de bajo. La banda se retiraría nuevamente de escena por un par de minutos.

Al regresar entregarían los últimos temas. Primero sonó “Por el mismo camino” que fue dedicada por Salva a “Eli de Los Gardelitos, Ale de El Bordo y Pato de Callejeros”. La emoción se apoderó de todos y los aplausos fueron unánimes. Inmediatamente después llegó el turno de “Apago la luz” donde la gente sola coreó el final por largos minutos.

Ni la gente se quería ir ni la banda quería dejar de tocar por lo que volvió a sonar “Es un sentimiento” y el “soy covachero” se escuchó más fuerte que nunca y sonó con mucha fuerza en el reducto de Microcentro.

En dos noches al palo, La covacha confirmó el gran presente por el que atraviesan y que ya había quedado demostrado en su presentación en el Cosquín Rock. A fuerza del rock rioplatense que alguna vez iniciaran Los Piojos, los quilmeños siguen en ascenso y se consolidan como una de las bandas más importantes del golpeado under argentino.

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