Revista El Bondi - 15 AÑOS DE ROCK
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Gustavo Cerati

 Avenida Alcorta, perfección

Cronista: Gentileza: Franco Spinetta | Fotos: Beto Landoni

10 de Marzo, 2007

 Avenida Alcorta, perfección

En una noche épica, Gustavo Cerati cerró el maratónico ciclo cultural propuesto por el Gobierno de la Ciudad. El Bondi se adentró en el corazón de la multitud para intentar una crónica a la altura de la noche. He aquí el extracto.

El cielo ya estaba consumado por la noche y la gente peregrinaba hacia el norte porteño en busca de la tan preciada música. La cita era a las 21 horas de un 10 de marzo, en Avenida Figueroa Alcorta y La Pampa. Fecha que hará historia como una especie de “Woodstock” argento donde el gran anfitrión fue nada más y nada menos que Gustavo Cerati. Los que dijeron presente no eran pocos: 200 mil personas (según datos oficiales) protagonistas de un marco emotivo e histórico.

Las luces se apagaron y las imágenes en las cuatro pantallas gigantes mostraban como el ex Soda Stereo se acercaba al escenario. Los beats electrónicos se apoderaron de los cuerpos para entregarse al baile con “Artefacto” para luego dar con una reversionada “Pulsar”, de Amor Amarillo. El manto tecno se fue cortando con canciones bien rockeras. La mixtura de ambos géneros se hace posible por la presencia de dos estandartes, seleccionados por Cerati para llevar adelante esta nueva etapa. Uno de ellos es el líder de Los 7 Delfines, Richard Coleman (guitarra), quien es su aliado perfecto. Un personaje oscuro inmerso en un trance continuo bajo luces que, lejos de iluminarlo, lo ocultan aún más; resulta el contraste necesario para que Gustavo no encandile. El otro punto alto de esta formación es la presencia de Leandro Fresco, que desde su set (órgano-sintetizadores-pandereta-coros) dispara una textura musical envidiable.

“La excepción” y “Bomba de tiempo” se transformaron en un pogo dificultoso y un tanto violento. La advertencia del frontman no tardó en llegar, pidiendo calma y mesura ante la posibilidad de desbaratar la torre de sonido, estructura que comenzaba a sucumbir por los continuos empujones. La cosa se fue calmando y los pequeños tumultos devinieron en una paz generalizada. Había llegado el momento para desenfundar la primera balada-para-corear de la noche: “Adiós” y la gente aclamando un finale con muchísimo entusiasmo.

Una rareza fue la interpretación de dos canciones poco habituales: “Cabeza de Medusa” y “Avenida Alcorta”, ambas de Amor Amarillo (1993). “Esta canción no estaba en la lista, pero vino alguien y me dijo: ¡cómo no vas a tocar Avenida Alcorta! Y tenía razón”, fueron las palabras de un Cerati extasiado por tanta emoción concentrada. Las canciones de su ex banda se hacían esperar, y la gente se encargaba de recordar cuánto anhelan la vuelta de Soda Stereo. Ante un aluvión de cánticos rogativos, Gustavo se encargó de sepultar algún rumor de posible regreso que andaba circulando entre los medios, diciendo “algo menos lúgubre para cantar no, ¿no?”. Inmediatamente le dio el gusto a la multitud tocando “Juegos de Seducción” y “Nuestra fe”, las dos pertenecientes a Soda.

Todavía había más, mucho más. Gustavo Cerati, en el centro del escenario, comenzó un prólogo a puro elogio para el único invitado de la noche. La intriga era grande, pero todo se develó cuando Luis Alberto Spinetta pisó el escenario y la ovación ensordecedora se quebró el escenario en dos. Épico, único. Un encuentro muy esperado entre un confeso discípulo y el gran maestro. ¡Cuánta emoción y homenaje denotaban las miradas de Cerati hacia Spinetta! El Flaco se colgó la guitarra y antes de tocar pidió que se firme el petitorio que impulsan los padres de las víctimas del colegio Ecos (donde asiste una de sus hijas). Luego…la Música (sí, con mayúscula): “Té para tres” y “Bajan”. Increíble, grandioso.

“Cosas Imposibles” volvió a transformar el lugar en una pista de baile y el video de aquella canción hacia imaginar al público como bebotes en pose disco. La felicidad no cesaba, era continua. Luego de una hora y media llegó el primer respiro y un inesperado corte de los sistemas de luces. Pero nada podía fallar: lejos de dilatar el show, el desperfecto terminó inmortalizando el momento. La oscuridad, sumada a la gran balada de Ahí Vamos (2006), “Crimen”, y los encendedores (hoy por hoy, también celulares) en alto conformaron una escena vital y emotiva.

Cuando sonaron los primeros acordes de “Prófugos” la imagen era propia de un intenso racconto. Hace casi veinte años, Soda Stereo convocó más de doscientas mil personas en la 9 de Julio y brindó un show vibrante. Las sensaciones fueron demasiado cercanas; posiblemente aquellos viejos fans del gran trío, que estuvieron presentes aquel día, se encontraron envueltos en un hermoso recuerdo. La última nota de “Jugo de luna” terminó de inundar los paladares de sabores dulces y nostálgicos. No se podía pedir más. Aún quedaba el regreso a casa, pero con la satisfacción de haber presenciado un acto intenso y repleto de felicidad masiva.

En la semana anterior al show, la ciudad se vio invadida con gráficas anunciando el “broche final” del exitoso ciclo veraniego. La elección incluyó una apuesta creativa y perfecta: elegir a Gustavo Cerati implicaba la presencia de una multitud, justo en tiempos electorales. Pero la música se abrió espacio y despojó la carga política que podía generar la proximidad de los comicios. 200mil personas agradecen una noche que va a ser difícil de olvidar.

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