Revista El Bondi - 15 AÑOS DE ROCK
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Skay Beilinson

La belleza del brujo en Flores

Cronista: Gentileza: Gaston Magallanes | Fotos: Beto Landoni

17 de Marzo, 2007

La belleza del brujo en Flores

Skay volvió a tocar en el Teatro de Flores el sábado pasado. En un show caracterizado por su furia rockera logró que su energía se haga eco.

Especial fue la noche en que “El Brujo redondo” eligió para iniciar el año musical en Capital. Presentó temas nuevos y, como siempre, se despachó con varias canciones ricoteras.

Las inmediaciones de El Teatro fueron pobladas, desde temprano, por mucha gente con remeras de Patricio Rey, La Renga, El Indio (Pocas se vieron de Skay) y de El Soldado. Pero la magia no estuvo en las calles, sino adentro del recinto. Ahí, el público se apuró a ingresar para desatar lo que sería una fiesta.

Una hora antes de que suenen los primeros acordes, todos alentaron y no pararon de gritar por Los Redondos (y su ansiada vuelta). La hinchada estuvo enardecida de principio a fin, siempre en paz.

Cuando la impaciencia no se pudo contener, el telón se abrió y dio rienda suelta al delirio colectivo. “El golem de Paternal” fue el primero de la velada. Las “camisetas” volaron por sobre las cabezas de los incautos concurrentes y los saltos llegaron al techo. “Paria”, “El gourmet del infierno” y “La ley del embudo” fueron los que siguieron. Hasta que el pedido del público llegó de forma vehemente: “Sólo les pido que se vuelvan a juntar”. Ante esto, el violero abrió los brazos en clara alusión (y respeto) a los músicos que lo acompañaban, pero nadie hizo caso al gesto.

Nada empañó la fiesta. Todo llevó a mimetizarse con los sentimientos de fidelidad y exuberancia. El marco, ideal: un recinto encantador y místico, construido a principio de siglo XX. En él, los cánticos ricoteros tomaron fuerza y siguieron hasta que, por fin, llegó el inédito “Nene, nena”. Que los comandados por Solari tocaron mucho allá de los 80. Un rocanroll de base rápida que dejó ver el gran virtuosismo de Eduardo Beilinson en la viola. Y a su vez, la grandeza que lo decora, fuera del egocentrismo permitió que los demás componentes de la banda demuestren sus cualidades a flor de piel. Algo que sucedió en canciones como “Flores secas, Lluvia sobre Bagdad” o el ecléctico “ Dónde estas?”.

La función fue muy emotiva. Con muestras de humilde instrumentista Skay encendió una mecha que duró casi dos horas donde se pudo sentir la fuerza redonda con el tan mentado “Ji, ji. Ji” y “El pibe de los astilleros”. Y otros más nuevos como “Tic- Tac”. Verdadera poesía urbana que todos entienden.

Si se van a juntar o no, es cosa de ellos. Cansados de disfrutar su amistad arriba de un escenario por más de 25 años, ahora, tal vez, El Indio y Skay, sigan juntándose una vez por mes a comer un asado en familia. ¿Quien sabe?

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