Revista El Bondi - 15 AÑOS DE ROCK
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Fito Paez

Una que nos sepamos todos…

Cronista: Gentileza: Pablo Gabriel Krause | Fotos: Beto Landoni

03 de Abril, 2007

Una que nos sepamos todos…

Nuevo ciclo de Cuál Es: un músico interpretando temas a pedido. En este caso, Fito Paez en La Trastienda y ante apenas 300 invitados. Uno de ellos, El Bondi.

Esta vez no fue el “Cuál Es Rock”, sino más bien un antagonismo. No hubo carpas, ni promotoras, ni camión de la radio. Ni siquiera fue en Obras. Apenas un piano con unas cuantas sillas alrededor, sólo para los que habían logrado (sorteo mediante) hacerse poseedores de una entrada. Ambiente ideal para un show difícil de repetir, donde el músico ni siquiera pisó el escenario. Así fue la presentación de Fito Paez en este nuevo ciclo que piensa llevar a cabo “Cuál Es?”, intitulado “Lito, tocá La Balsa”. 

Si bien es una costumbre que cada edición “fuera de estudio” que hacen de su programa Pergolini, De la Puente y Gantman cuente con concierto en vivo, los parámetros para el del martes pasado en La Trastienda no fueron los convencionales. Por empezar, fueron los conductores quienes tomaron el escenario, desde donde realizaron el programa, mientras un negro piano de cola aguardaba en el medio de la sala la llegada de Fito Paez.

Como ocurre comúnmente, a medida que la mañana avanzaba entre medialunas y Mogui Aventuras, los cortes eran aprovechados por Mario Pergolini para intercambiar alguna que otra conversación con los que iban llegando. Curiosamente, preguntó en un momento si alguien tocaba el piano, y entre los varios que levantaron la mano, apareció un tímido muchacho (de nombre Matías) en compañía de su padre. Después de un par de preguntas Mario lo desafió a sentarse en el medio del salón y “tocar algo”. Para sorpresa de todo el resto, el pibe se despachó con dos temas de Charly (“Dinosaurios” y “Desarma y Sangra“) y hasta peló uno de su propia autoría que tomó por sorpresa a todo el recinto. Incluido Eduardo de la Puente, que sólo atinó a gritar un “¡Mátenlo!” desde atrás del escenario, al escuchar que el niño en cuestión contaba con apenas quince años. Impresionante.

Aún así, la atención estaba puesta en la llegada de Fito, que se acomodó frente al piano alrededor de las once y media de la mañana. El concierto iba a ser a pedido de los oyentes, pero Paez tenía derecho a escoger la apertura, que fue “Eso que llevas ahí” a la que después, charlando con Pergolini, se le pegó un pedacito de “Muchacha (Ojos de Papel)”, de Almendra. A partir de ahí, comenzaron a salir al aire los llamados, mientras un plomo alcanzaba una tras otra las carpetas con partituras (claro está, no íbamos a pretender que el rosarino memorizara su discografía de punta a punta).

El primero de los pedidos vino desde Valencia, España, y fue “Sasha, Sisí y el círculo de baba”, al que después se le agregó “Creo”, por petición de una muchacha mendocina. Entre tema y tema, Mario y Fito intercambiaban anécdotas que tarde o temprano terminaban con una melodía de piano, como “Estación”, de Sui Generis. Un poco más adelante, Pergolini comentó el episodio del corte y llamó a Matías para que se siente nuevamente al piano. Esta vez Mario pidió que tocara algo de Fito, por lo que terminaron interpretando a dúo “11 y 6”. Momento Kodak para el padre de la criatura, que estaba más feliz que el propio Matías.

Siguiendo con el concierto, pidieron “Mariposa Technicolor” (uno que se caía de maduro) y en medio de la charla posterior al tema Fito confesó haberse inspirado en un tema de Steve Wonders para “Polaroid de locura ordinaria”. Sin proponérselo, la estructura del show terminó intercalando un pedido con alguna improvisación que salía de la charla/entrevista. Así, tras “Pétalo de Sal”, revisitó nuevamente “Desarma y Sangra”, y una versión de “El Oso”, entre “Lejos en Dublín” y “Ambar Violeta”.

Después renegó un poco por el esfuerzo de memoria (y tonos) que significó “Viejo Mundo”, y una vez pasada “La rumba del piano”, llegó el cierre con “Al lado del Camino” y “Dar es dar”.

Prueba superada para este nuevo formato de radio en vivo que “Cuál Es?” busca implementar a lo largo del año, y que se mostró capaz de rendir frutos, apoyándose sobre todo en la cercanía del músico con la gente y, sobre todo, en la espontaneidad que genera la intimidad del formato.

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