Revista El Bondi - 15 AÑOS DE ROCK
Seguinos en

Quilmes Rock

Una que sepamos todos, dale.

Cronista: Gentileza: Sebastián Barrera | Fotos: Beto Landoni

13 de Abril, 2007

Una que sepamos todos, dale.

Se anunció como la fecha más pop del Quilmes Rock 07, y miles de adolescentes se juntaron para ver a Keane, Babasónicos y Psychedelic Furs en River Plate.

La llegada de Keane a River dejaba ciertas incógnitas a la hora de evaluar un posible bochorno. Sesenta mil personas parecían mucho, y lo fueron para una banda que recién estrena su segundo disco y tienen un par de hits que los hicieron recorrer el mundo.

El trío inglés es meloso y pegajoso, pero correcto y con un par de canciones románticas que obligan a prestar atención a la armoniosa voz de Tom Chaplin y el dulce e insistente piano de Tim Rice-Oxley. Ellas deliraban, mientras ellos escuchaban detrás de un abrazo la melodía de “The Iron Sea”, el primero de los diecisiete temas de la noche.

Con una audiencia en su mayoría femenina, Chaplin parecía emocionado ante tanto griterío y conocimiento de cada una de sus canciones. “Everybody´s changing”, “Nothing in my way”, “We might as well be strangers”, pasaban mientras el vocalista agradecía y explicaba en un horrible español lo feliz que estaba de tocar en Argentina y los demás “etcéteras” a los que habitúa todo artista de afuera que pisa escenario porteño.

“¿Y a quién abren estos?”, preguntó uno que garroneó la entrada. Pero al parecer los cien pesos de entrada no importaron para las cuarenta mil personas que nunca imaginaron ver a Keane pasar por Buenos Aires sabiendo que quizás nunca lo volverían a hacer debido a las modas y sus vicios.

En el secundario Chaplin tenía granos y nunca una novia. En los recreos tomaba yogurt de frutilla, y a la salida lo golpeaban entre diez. La pubertad le dejó una voz armoniosa que muchos tildaban de homosexual. Él, caprichoso, formó una banda con otros como él, desplazados de la jerarquía superficial. Le cantaron al amor y un caza talento los escuchó y los llevó a la fama gracias a “Somewhere only we know”. “Ah bueh, estamos todos”, susurró un pibe, aburrido del mismo piano, la misma base y el mismo tono de voz. El resto se divertía y cantaba casi opacando al rubio que miraba a lo lejos con cara de llegar a la victoria, al éxito, a la cúspide de su corta carrera musical.

Chaplin se paró frente al público agarrando una guitarra acústica. Pidió amablemente que prendan los celulares (el encendedor parece que pasó de moda) e introdujo “Bad Dreams”. River escuchó y se iluminó de azul, verde y naranja (dependiendo el modelo). “¿Eh? ¿Me cuelgo viendo un culo y este saca una guitarra?”, reía otro codeando al de al lado.

Para lo último dejaron los obligados de la noche, los que si no tocaban se pudría todo: “Is it any wonder?”, “Atlantic”, “Crystal ball” y “Bedshaped”, como el gran final romántico y Hollywood de la noche. Keane se retiraba entre aplausos de un público satisfecho después de tanto pop junto. “¿No se reunía Sumo hoy?”, preguntó uno que se quedó dormido.

Mucho antes

Estelares abrió una jornada que parecía defraudar debido al poco público. La banda platense recorrió su último trabajo “Sistema Nervioso Central” para aquellos que insisten en la banda con más crecimiento del año pasado.

Le siguieron los chicos de Arbol, que sin Eduardo Schmidt, intentaron seguir como si nada hubiera pasado sin caer en la espantosa realidad de que el cantante era él, y sin sus agudos no llegan a satisfacer a sus fans. Temas como “Ya lo sabemos” y el “Fantasma” emocionaron a los pequeños nostálgicos que miraron con pucheros en la cara. Para el final, ”La Balsa” a capella reemplazó a Ji Ji Ji. “¿Psicodelia cuánto se llaman los que siguen?”, preguntó un rollinga.

Psychedelic Furs participó de una importante movida post-punk que se movía en secreto por los escenarios ingleses ya en los finales de los setentas. El viernes, River se llenaba de a poco y con toda la paciencia, mientras los Furs salían ante quince mil personas para repasar sus éxitos como “Sister Europe”, “Sleep Comes” e “India”. “Ahora se juntan todos, qué chorros”, comentó una mina sentada al costado y bien cómoda escuchando esa voz ya gastada por los años de Richard Butler, que gritaba ladrando y susurraba con una voz afónica ideal para ese sonido ya alejado del glamour de los ochentas y con guitarras sucias de raíces punks.

Babasónicos se anunció como una banda principal y pudo demostrar que puede llenar escenarios grandes más allá del anuncio de los ingleses como el gran final. La banda de Dárgelos pateó al medio, tranquilo y seguro, asegurando aplausos repasando todos sus hits. Las chicas deliraban ante un vocalista glamoroso (ridículo para muchos) que recorría el escenario permitiéndose el cargo de rockstar. Se podía bailar o saltar, ellos decidían de acuerdo al tema: “Y que?”, “Yegua” o Carismático”. Uno contento comentó: “Tendrá actitud, pero qué cara de nabo”.

River se llenó de melodías y se quedó tarareando temas melosos de Keane hasta el lunes a la mañana, que a pesar del exagerado precio de las entradas y la falta de una banda más interesante, fue a disfrutar de una jornada de pop solo para entendidos.

TODAS LAS FOTOS