Revista El Bondi - 15 AÑOS DE ROCK
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La Mocosa

Un rock bastante resfriado

Cronista: Gentileza: Sebastián Barrera | Fotos: Beto Landoni

28 de Abril, 2007

Un rock bastante resfriado

La Mocosa quiso tocar en El Teatro y le dijo al dueño: “Escuchame flaco, reservame dos fechas que te lo llenamo todo, te lo llenamo”.

Un pibe apura la última seca y trata de meterse entre empujones y saltos descordinados al medio del pogo. Mira atrás en busca de su chica, que lo sigue agarrando de la mano mientras toma a otra igual que ella pero gorda y más desprolija. Las luces se acaban de apagar y los cantitos se vuelven a repetir. El Teatro está casi lleno y La Mocosa sale entre griteríos de mujeres y no tan mujeres con “Como Ayer”. La noche recién empieza y quedan veinticinco temas más de una banda nueva y bastante joven del rock and roll argentino.

Entre toda esa ola poco fresca denominada por intelectuales del tema como “rock stone”, se encuentra La Mocosa: una banda sub-20 influenciada por Jóvenes Pordioseros y La 25 (qué lejos quedó Jagger). Sus canciones son rockeras, con melodías de cancha ideales para acompañar los solos de guitarras y hacer un poco de quilombo. Sus letras hablan de las cosas feas que le pasan a ellos y a su publico: otros niños-púberes-adolescentes, que las gritan sintiéndose identificados o porque las saben de memoria de tanto escucharlas tomando cerveza de litro con un par de amigos en el bar de la esquina.

La noche anterior ya habían llenado el Teatro, y esta, la del sábado, era su prueba personal para plantar bandera y decirles a todos que hay una banda que cuando menos se lo esperen, se animan a tocar en Obras. Guste o no.

Ellas bailan “Oídos sordos” (no se permiten chistes fáciles) y ellos saltan con “Tipo sabio”, ambos de sus dos discos de estudio Un viaje al norte y Abrazado al sol, este último editado el año pasado. El público se divierte, y eso es lo único que parece importar.

El baterista debe ser menor de edad, nos jugamos un par de cervezas a que no llegó a los dieciocho. No le pidan que mueva las muñecas ni que despliegue un gran solo de esos que tanto les gusta hacer a los que le saben pegar, pero el niño (Nacho Sarta) es correcto y tan cuadrado que sirve de base para que sus compañeros le agreguen los demás clichés del estilo.

Antes de retirarse y empezar el set acústico, pasaron “Tan lejos”, “Es vieja” y “Tanto tiempo”. Los chicos descansaron, se refrescaron y salieron con las guitarras criollas para tocar “Sábanas frías” y homenajear a Pappo con “Juntos a la par”. El silencio se volvió obligado, pero la peña fue corta y suficiente debido a la voz de Juampi García, que todavía no alcanza las notas necesarias para animarse y caretearla con las acústicas.

Una mina charla con otra que parece estar aburrida. Le dice que el corte no le quedó tan mal y que la remera de Los Gardelitos que se compró está demasiado blanca para la ocasión. Suena “Lo mejor” y la deja colgada y pensando en el hijo de puta que no entendió que el corte era stone, y no punk.

En los vientos se ve a alguien conocido de bandas como Mimi Maura, Zumbadores y Dancing Mood: es Sergio Colombo, en su labor como “cesionista colaborador”, que con el saxo agregó un poco de color y dinámica que puede ofrecer el estilo. Una changa, como se dice.
 
La noche iba terminando pero nadie parecía cansado. Pasaron “Mucho mejor”, “Un viaje al norte” y “Sucios recuerdos”, antes del esperado final con “¿Por qué?”, para dar el último gran pogo e irse contentos hasta la parada del bondi pensando que la pasaron bien y se reencontraron con un par que hacía mucho no veían.

Porque de eso se trata. Dejando de lado la intensa crítica que reciben de todos lados, La Mocosa tiene su público y logran una reacción en ellos a través de su música y sus letras. Los demás podrán (podremos) opinar, discutir y analizar su poco contenido musical, pero los temas están, los discos existen y el público los quiere seguir escuchando, porque les hace bien, porque los deja contentos. Y eso es lo único que importa. Guste o no.

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