Revista El Bondi - 15 AÑOS DE ROCK
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Cadena Perpetua

El Templo del Punk

Cronista: Pablo Andisco | Fotos: Gentileza: Andrea Villa

22 de Junio, 2007

El Templo del Punk

Cadena Perpetua festejo su primer Obras con pretensiones variadas. Una lista de 47 temas dejó conformes a todos, pero la grabación de un DVD atentó, como suele pasar, contra la espontaneidad que caracteriza a cualquier vivo. Sin embargo, su público se fue más que satisfecho, y los músicos consolidaron su propuesta con un salto grande en su carrera.

 La noche fría del viernes cubrió los alrededores del Estadio Obras de una estética punk de no tantas crestas y chupines como de pantalones anchos y piercings. Una vez adentro, el calor humano se hacía sentir y el público, que llenó el piso y apenas cubrió las populares, esperaba y alentaba a la banda al grito de “Soy Cadena” y saltando contra “estones” y “botones”.
 
Recién pasadas las 21, el show arrancó de la misma manera que Demasiada intimidad (2006), última placa del trío, con el tándem “Violencia” y Culpables”. A partir de allí se desarrolló la maratónica lista de temas, con una fuerte presencia de los dos últimos discos, pero sin dejar de lado aquellas viejas piezas que vienen tocando hace tiempo y con las que construyeron su presente exitoso. Prueba de esto fueron “Yo no soy como vos” y “Milagro y Mentiras” que el público recibió de la mejor manera y que permitieron al bajista Eduardo Graziadei agradecer a la gente del interior que se acercó hasta el barrio de Núñez.

Sobre las tablas, Cadena demostró que supo aprovechar todos estos años en la ruta y llenó con música y un ametrallante juego de luces un escenario que amenazaba con quedarle grande, un poco por su propio peso específico y otro por la austeridad en la escenografía. Damián Biscotti dirige desde los parches y forma con Eduardo una dupla sin fisuras. La guitarra de Hernán Valente suena potente y dibuja las melodías, pero deja demasiado atrás a las voces. Se pierde por momentos el sentido de las palabras y queda la duda de si se trata de un problema técnico o de una decisión artística.

Pero los fanáticos de la banda no necesitan descifrar lo que se canta porque ya lo saben. Acompañan en todas las canciones y no sólo eso, las saltan y las poguean, con una energía que da envidia. También alientan cuando las escasas pausas lo permiten, y regalan trapos de diferentes matices, algunos con la urgencia del caso (una sábana pintada con aerosol rojo que celebraba el ingreso de Cadena al templo del rock) y otra de Pontevedra, más elaborada y reconocida por Eduardo por tener “muchos combates”.

No hubo invitados en las casi dos horas y media de recital, algo extraño si tenemos en cuenta que la bandas que debutan en Obras suelen llevar a sus amigos. Solamente una sección de vientos y la habitual presencia de Teo, guitarrista de The Mundys, y compositor de “Canción Infantil”, que junto a “Desde el infierno” marcaron el cierre formal del recital. Quedaban los bises de ocasión, con los que viajaron por su discografía, para terminar con dos temas de Largas Noches (2000): “Sobrevivir” y “Dispara!”.

Cadena Perpetua cerró una etapa de su carrera, la del camino desandado para llegar a un escenario que, más allá de lo bastardeado que pueda estar, sigue siendo el Estadio Obras, el mismo al que fueron a ver a Los Ramones y al que la mayoría de las bandas anhelan llegar. Y esto queda de manifiesto en las palabras de Hernán, en las pocas veces que se dirigió a su público: primero celebrando que “el punk vuelve a Obras después de 7 años”. Luego, para compartir su emoción con los suyos, y desearles buenos augurios: “ojalá que todos los que tienen una banda puedan tocar algún día acá”. Ahora empieza otra historia, la de mantenerse y, según dicen, es la más complicada.

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