Revista El Bondi - 15 AÑOS DE ROCK
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Flavio Mandinga Project

¿Vicencuanto?

Cronista: Gentileza: Sebastián Barrera | Fotos: Beto Landoni

19 de Agosto, 2007

¿Vicencuanto?

Se rumoreaba que los Fabulosos Cadillacs se reunían. La gente dejó todo y se mandó al Roxy. Vicentico no apareció y a Flavio y a su Mandinga Project casi se le hunde el barco. Por suerte no hubo heridos.

“Vinieron los que quisieron venir”, dijo Flavio cuando recibió a sus antiguos compañeros de banda. Vicentico y Minimal no aparecieron, y los veinte pesos y las ganas de revivir a Los Fabulosos Cadillacs se desintegraron en dos segundos.

Y claro que no es lo mismo. Y es una lastima que no sea lo mismo. Pero si a LFC le sacás esa voz rasposa e insoportable, pierde la gracia. Y Flavio lo sabía, lo sabe y lo va a saber hasta su último día arriba de un escenario.

Porque la idea de Flavio y la Mandinga Project era llenar el Roxy (ex Teatro de Colegiales) y gracias a ese pequeño rumor que casi aseguraba la presencia de los Cadillacs, lo hizo. Sea como sea.

Arrancaron arriba, como en casi todo momento: “Lo mejor del mundo”, “Ministra” y “El Apagón”. Los tres juntos, de seguido y sin previa. Muchísimo ska, una dosis de punk y la percusión constante que agregaba murga y fiesta “Cadillac”. Porque Flavio, por más solista que sea, resiste desprenderse de esa primera época de su banda anterior.

Y todo parecía muy casero: Flavio gritaba y se lo escuchaba mal, los platillos rebotaban por todos lados y el clima era intenso. Parecían adolescentes intentando llevarse todo por delante, mostrándose ante un público que solo quería escuchar temas viejos de los Cadillacs.

Pero parecía no importar, porque Flavio le ponía onda y daban ganas de escucharlo, a pesar de los bajos saturados que El Teatro hacía notar. Desde los cinco puntos principales del lugar, los sonidos se acoplaban y la acústica se caía a pedazos.

La cosa se despertaba, cuando los acordes de “El León” y “Mal Bicho” comenzaban a sonar. El público se ponía re loco y se desesperaba por llegar adelante y hacer ruido. Después todo volvía a la normalidad: los seguidores adelante haciéndole el aguante, o un poco más atrás, bailando tranquilos.

Arriba seguían con “Ola de calor”, “La Penita” y “1985”, con Luciano Junior, baterista suplente e hijo de Flavio. El pibe tiene diez años y le pega, ojo.

“Yo invité a todos y vinieron mis amigos, los que quisieron venir”, decía Flavio, un poco enojado, un poco desilusionado, un poco hinchado las pelotas. Vicentico no apareció y desde abajo se acordaban de su hermana y sus tías. Vaino, Dany Lozano, Mario Siperman, Sergio Rotman, Nando Ricciardi y Toto Rotblat subieron contentos y saludándose con abrazos. El público coreaba y pedía que se vuelvan a juntar. Daban ganas de gritarles que aguanten un par de meses que agarran el cheque seguro en estos tiempos nostálgicos en los todos aprovechan el pobre nivel nacional para desparramar melodías que gustaron hace mucho, cuando el pibe de Jóvenes Pordioseros escuchaba Fito Paez.

Fueron dos: “Muy, muy temprano” y “Yo no me sentaría en tu mesa”. Al parecer la cantó Flavio, pero la gente se hizo cargo de opacar cualquier voz e instrumento para corearlas de comienzo a fin. Alguno todavía miraba a los costados esperando la gran entrada, made in Hollywood, del señor Vicentico. Peri ni mú.

Se fueron satisfechos y contentos, aunque Flavio volvió con su banda y siguió presentando “Supersaund 2012”: un trabajo con la misma línea que el anterior, dejando de lado las melodías y cumpliendo los requisitos del ska que tanto adora. Porque se lo ve bien, orgulloso de su nueva familia y sus creaciones. Ahora es él, ahí adelante, con una guitarra y pose punk. Y la gente lo quiere, porque es el Sr. Flavio, con o sin Vicentico al lado.

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