Revista El Bondi - 15 AÑOS DE ROCK
Seguinos en

Pepsi Music

Gracias al cielo

Cronista: Pablo Andisco | Fotos: Beto Landoni

02 de Octubre, 2007

Gracias al cielo

El lunes llovió todo lo necesario para que el cierre del Pepsi 2007 pudiera desarrollarse con normalidad. Divididos y Kapanga se llevaron los aplausos, Tipitos y 7 Delfines los respetos y Catupecu Machu dio la nota con un show sorpresa de cuatro temas.

El día laborable y el cielo amenazante hicieron que la gente tardara en acercarse al Club Ciudad, y a las 17 horas eran pocos los que en el escenario Pepsi presenciaban del show de Volador G, ya un clásico de los festivales. Con su propuesta cercana al Soda de los ’90, “Huracán” y “Negro mar” cosecharon los primeros aplausos de una jornada que empezaba a tomar forma.

El escenario CTI recibió a Los Durabeat, banda encargada de homenajear (no confundir con clonar) a The Beatles. Dan prueba de esto interpretaciones no tan exactas y más potentes que las originales; la presencia de un quinto integrante en los teclados, y la apariencia de tipos comunes, dejando en claro que no es necesario parecerse a Lennon o a McCartney para tocar sus canciones. El repertorio se basó en la época más experimental del cuarteto de Liverpool y una licencia: “Horse to the Water”, original de Harrison y Jools Holland, última grabación de George. Se destacó la versión de “With a little help from my friends”, cantada por el tecladista Sebastián Peralta, más cercana a la de Joe Cocker que a la del Sgt Pepper. Siempre los Durabeat tienen algún invitado, y en esta ocasión fue Fernando Ruiz Díaz para hacer, como en el disco, “Come together” y anticipar lo que sucedería horas más tarde.

Mientras tanto, el Pop Art mostraba a Vieja Cepa, una de las buenas muestras del rocanrol del país. Los mendocinos brindaron su propuesta de rock con aires piojosos para un reducido grupo de entusiastas. Presentaron temas de sus dos discos y se destacaron con “Veo veo” y “De pena y dolor”.

Richard Coleman desafió su historial dark comandando de punta en blanco a Los 7 Delfines en el escenario Pepsi. Intercaló temas nuevos como “En tu cabeza” y “Murciélago blanco” (¿Una auto referencia?) con los clásicos “Garden” y “Dale salida”. Más allá de los gustos, Richard es un grosso de la viola, su currículum lo avala y lo demuestra sobre las tablas. Los Delfines suenan prolijos, pero la frialdad del público hace pensar que estuvieron en el lugar preciso, pero en el momento equivocado: la fecha de Marylin Manson le hubiera sentado mejor.

Sobre el escenario Roxy La Trifásica hace de las suyas, pero sufre con la constante del festival: la el desfasaje entre oferta y demanda. El rock and roll guitarrero con lindas historias para contar fue de lo mejor de los escenarios alternativos. “Tren a City Bell” y “Tal vez mañana” arrancaron aplausos y algunas parejitas se animaron al baile. En el Pop Art la concurrencia era más nutrida, responsabilidad de ese curioso fenómeno llamado Rescate. La banda de Rock Cristiano presentó temas de “Buscando Lío”, su séptima placa, en un show con demasiada adrenalina.
 
A las 19 se presentaba en el Pepsi uno de los platos fuertes de cada festival: Kapanga. Y la banda de Quilmes superó las expectativas, en un show con el humor de siempre y con el plus de aportar también desde lo musical. “Me mata” y “Fumar” fueron los primeros, síntoma de un grupo que a su genealogía fiestera le fue agregando el reggae. El Mono manejó el escenario como de costumbre: se calzó una chaqueta fumona en “Ramón” y recibió la visita de un hombre araña en “Yo quiero estar con vos”. También se acordó de que Dios puede decidir cuando llueve, pero no protege los equipos y los aplausos para los laburantes del Pepsi por capear el temporal fue totalmente merecido. Sobresalió también Maikel: cada vez toca mejor la guitarra y juega bien el rol de partenaire del frontman. La cita al tema pedorro del momento tuvo lugar entre medio del country core “La taberna”, y Las Divinas y Las Populares de Patito Feo tuvieron su homenaje kapanguero. El final se precipitó con “En el camino” y para “El mono relojero” contaron con Walter Meza, de Horcas. Y cuando la gente empezaba a enfilar para el escenario CTI, llegó la sorpresa de la noche…

“No crucen todavía, me dijeron que andan los Catupecu y van a hacer algunas canciones. Espero que no sea una joda”, dijo el Mono. Y era verdad nomás. Lo prometido es deuda y Fernando Ruiz Diaz y los suyos, con la presentación para el gran público de Sebastián Cáceres, el nuevo bajista. Fueron apenas cuatro temas, pero mucho para contar. “Magia Veneno” sirvió para calentar instrumentos y probar sonido, mientras las hordas se acercaban desde todos los puntos del club. Walas, de Massacre, cantó su tema “Plan B”. “Y lo que quiero es que pises sin el suelo” entregó una de las postales rockeras del año, con la presencia del Mono y Maikel, en una alianza de las impensadas: la de la banda hiperprofesional y de sonidos vanguardista con la defensora de los géneros bastardeados. La última fue “Dale!”, con todo el campo saltando, sabiendo que estaban viviendo algo que valía la pena contar. Un aplauso para los organizadores que se permitieron la improvisación en un festival científicamente cronometrado.

La sensación era similar a la de la película “Bolas de fuego”, cuando, luego de perder la pelea por el cartel, Jerry Lee Lewis le dejaba el escenario en llamas a Chuck Berry. Para colmo, faltaba Divididos, que cuenta con uno de los públicos más intolerantes, que espera el mínimo silencio para cantar aquello de “Escuchenló, escuchenló...” Por suerte para Los Tipitos, la atmósfera era otra y un buen número de seguidores les hacía el aguante en el CTI. Al principio tuvieron que lidiar con un sonido bajo pero poniéndole mucha garra a sus melodías irresistibles se ganaron el merecido respeto.
El repertorio fue previsible: los hitazos de Armando Camaleón (“Algo”, “Brujería”); algunos temas de su último disco (“Tan real”, “Flor negra”) y, de lo más viejo, solamente “Búsquenla”. Es una pena que dejen de lado temas de Cocrouchis, el disco del 2000 al que deberían prestar atención quienes se engancharon recién con la explosión del grupo. Y está bueno que “Mil intentos” no se haya perdido entre tanta rotación de Armando…

Las mejoras en el sonido permitieron disfrutar de los arreglos vocales que caracterizan a la banda, que sobresalieron en “Silencio”, con la guitarra de Raúl Ruffino dibujando una coda más rockera que la original. Hubo homenaje a Calamaro en la cruza de “Para no olvidar” y “Mil horas”, comandada por Walter Piancioli desde las teclas. Y Los Tipitos también tenían invitados para ofrecer: Claudio O’Connor y el Negro García López, viejos amigos de la banda, hicieron, como en el último disco, “Te vas”. Gran solo del Negro y el contrapunto vocal entre Piancioli y la versión grave del ex Hermética. “Campanas en la noche” marcó el cierre, y sólo quedaban dos horas de la maratón rockera, con los Divididos en el escenario Pepsi. 

El trío subió a las tablas y Ricardo Mollo recorrió la pasarela para saludar a una multitud que cubría más de la mitad del predio. De excelente humor, el guitarrista agradeció a San Pedro su bondad climática y dedicó el show a los que están arriba. Entonces “Estallando desde el océano”, con las inconfundibles líneas del bajo de Diego Arnedo y “El arriero”, en notables versiones, dejaron a Luca y a Atahualpa tranquilos. Con un sonido excelente, muy alto pero sin perder nitidez, Divididos cerró con honores la fiesta rockera.
Desde la lista de temas, el show no varió de lo que venían ofreciendo en los recitales grandes, con mucha intensidad, pero con pocas sorpresas: ahí se destacó el medley “La mosca porteña/Voodoo Chile”. La incorporación de Catriel Ciavarella fue canjear polenta por experimentación y la banda se vuelve más aplanadora que nunca. La primera parte del show se desarrolló con mayoría de temas de sus últimos discos: “Casi estatua”, “Ay, que Dios boludo”, además del siempre celebrado “Nene de antes”. En este momento la gente empezó a cantar contra Soda, y Ricardo retrucó “¿Cuántos tendrán la entrada?” Pidió un taburete y le bajó un poco el volumen al equipo para aplacar las aguas.

Fueron tres canciones: “Brillo triste de un canchero” muestra que Mollo se supera a diario, no sólo como guitarrista, también como cantante, en una versión casi a capella. “Como un cuento”, más arpegiada que la original, lejos de la cadencia reggae y “Spaghetti del rock”, un tiempito más acelerada. Un descanso para la parte final del concierto, que arrancó con Silver Moon, otro de Sumo.

De allí en más, nada que no hubiéramos visto antes, algo difícil que ocurra teniendo en cuenta que el último disco con versiones nuevas data del 2002. Lo único fuera de programa fue “La rubia tarada” entre “Que tal” y “Azulejo”. ¿Después? El notable solo de Arnedo en “Sábado”, la acostumbrada polenta de “Paraguay” y “Rasputín/Hey Jude”; las clásicas morisquetas de Mollo saludando a algún afortunado (¿los conocerá realmente?). Para empezar a despedirse, la excelente versión de “Sucio y desprolijo”, para homenajear también a Pappo y “Next week”, otra de Sumo. Hubo un bis, con cierto desgano, una versión acortada de “Aladelta”. “Hacía mucho que no hacíamos la boludez esta del bis”, dijo Mollo. No pareció necesario, pero lejos estuvo de empañar un show de los mejores que se recuerden en los grandes festivales, en los que el buen sonido no suele abundar. 

El Pepsi 2007 cerró a lo grande. Divididos hizo temblar Núñez y Los Tipitos y Kapanga aportaron lo que más nos gusta ver en los festivales: músicos de distintos palos compartiendo el escenario. La genuina sorpresa de Catupecu obliga a tener en cuenta esta práctica para sucesivas ediciones.

TODAS LAS FOTOS