Revista El Bondi - 15 AÑOS DE ROCK
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Glenn Hughes

A pesar de los años…

Cronista: Gentileza: Pablo Gabriel Krause | Fotos: Gentileza: Andrea Villa

20 de Octubre, 2007

A pesar de los años…

Glenn Hughes volvió a la Argentina y se animó al doblete en el ND/Ateneo. Recuerdos de Purple y buen rock.

Si bien la carrera solista de Glenn Hughes comenzó un tanto intermitente, con apenas ocho discos en veinte años (entre 1977 y 1997), en los últimos años ha pasado a ser un artista bastante prolífero. De hecho, en la última década superó por uno el promedio de un disco por año, y el último de ellos: Music for the Divine fue la excusa para que el mítico bajista vuelva a pisar Buenos Aires.

Vamos a poner algo en claro: Glenn Hughes no es “la voz del rock”, a pesar de que los carteles de promoción y un compilado de grandes éxitos así lo proclamen. Fue bajista de Deep Purple en dos grandes discos como fueron Burn y Stormbringer (además de en “Come Taste the Band”), y cantó en el Seventh Star de Black Sabbath, aunque en realidad es más un disco solista de Iommi, porque la trouppe original ya había desaparecido por ese entonces.

Sin embargo, es un tipo que ha sabido dejar su huella en los lugares por los que pasó y que cuenta con una voz privilegiada, eso no hay dudas. Sumado esto a su gran carisma y su por momentos exagerado amor por Buenos Aires, hicieron que la expectativa se acrecentara entre viejos y nuevos fanáticos de Purple y Sabbath que se congregaron el sábado por la noche en el ND/Ateneo.

Como antesala tuvo su lugar Eydillion, con un sonido arraigado al metal y el hard rock de los 70’s y 80’s (léase: Rainbow y Dio, principalmente). La banda se mostró realmente emocionada por la respuesta de la gente, y hay que destacar que el sonido del lugar (ya lo hemos dicho, probablemente el mejor de Capital Federal) hizo que el show sea casi impecable, más allá de algunas dificultades técnicas comunes a cualquier banda que actúa como soporte.

Media hora después de las nueve de la noche, Glenn Hughes apareció corriendo del fondo del escenario para golpear de manera directa: el clásico “Stormbringer” hizo estallar a una sala que ya no volvería a sentarse por todo el resto de la noche. Y como para acrecentar ese feedback, el inglés no escatimó con los “I love you” para todos y todas desde el minuto cero: la gente, el lugar, Buenos Aires... todo.

Demagogias o no aparte, lo cierto es que el ex Sabbath logró mantener al público ahí arriba durante todo el concierto, haciendo las delicias del público ya sea por mechar algún clásico de Deep Purple, o por llevar su voz a un nivel de agudos que ya envidiarían la gran mayoría de los cantantes que hoy andan dando vueltas por ahí.

Es que a pesar de contar ya con cinco décadas sobre sus espaldas, Hughes contagia vitalidad. Más allá de que el look de remera gastada y anteojos lo asemeje más a un empresario fashion con aires de punk que a la figura emblemática que encarna, el tipo se retuerce sobre su bajo, se desgarra con las letras y toca bien cerca de la gente, como si buscase traspasarles algo de toda esa energía contenida. Y demás está aclarar que lo logra.

No hay porqué mentir: los momentos más altos de la noche llegaron siempre de la mano de aquellos clásicos de sus años en Deep Purple (como fueron Mistreated, You Keep On Moving y Burn), pero la energía del bajista hace que el show no decaiga en ningún momento. Apoyándose no sólo en su energía como showman, sino en la gran calidad musical de sus trabajos como solista. Un tipo que emana rock, y de esos ya no quedan muchos.

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