Revista El Bondi - 15 AÑOS DE ROCK
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Suicidal Tendencies

Es sólo una cuestión de actitud

Cronista: Gentileza: Pablo Gabriel Krause | Fotos: Gentileza: Andrea Villa

09 de Febrero, 2008

Es sólo una cuestión de actitud

Sin disco nuevo, ni excusa alguna, Suicidal Tendencies volvió a pasar por Buenos Aires (previa parada en Córdoba) y realizó un show intenso, salvajes aunque efímero.

Hace más de veinte años el autotitulado debut de Suicidal Tendencies daba el puntapié inicial para la escena hardcore de California. Con el estandarte de “Institutionalized” casi como una declaración de principios, al grito de “¡Yo no estoy loco!” la banda puso play a un estilo de músico y de vida. Y a pesar de que los años se hayan hecho notar tanto en la formación como en la panza y la cara de Mike Muir, su paso por el Teatro de Flores, el sábado por la noche, dejó en claro que todavía logran transmitir la misma emoción y energía a la hora de colgarse un instrumento o correr alrededor del escenario en el caso del muchacho de la bandana.

Si bien, entre el solcito veraniego y el cambio de horario, lo de “noche del sábado” es casi una manera de decir, lo cierto es que cuando el reloj ya marcaba las nueve, el ex teatro Fénix ya estaba a punto de desbordar. Varias caras conocidas daban prueba fehaciente de la enorme influencia de Suicidal en la escena: Carajo, D-mente, Plan 4, y otros tantos, se entremezclaban con las 1.100 personas que colmaron la capacidad del lugar.

Media hora después de las nueve de la noche, el telón se abrió y la multitud recibió a los cinco californianos al grito de “¡¡S – T!!¡¡S – T!!”, mientras empezaba a volar gente para todos lados con los primeros acordes de “You Can’t Bring Me Down”. Justamente, el hecho de que la banda no tuviese ningún material recientemente editado que promocionar, hizo que el show pueda basarse casi exclusivamente en la etapa clásica de Suicidal (léase: del ’94 para atrás) a excepción de alguna visita ocasional a “Freedumb”, álbum que marcara el regreso de la banda después de la primer ruptura.

De hecho, en apenas media hora de show pasaron “War Inside My Head”, “Subliminal”, “Send Me Your Money” y “Won’t Fall In Love Today” (con una introducción sarcástica al estilo American Idol). No hace falta aclarar que abajo del escenario, los golpes iban de un lado para el otro, acompañando un pogo generalizado y desenfrenado, adornado sistemáticamente por alguno que se animaba a viajar por sobre cabezas ajenas en el viejo y querido ritual del mosh.

Mientras tanto, sobre las tablas Mike Muir corría de un lado a otro enfundado en su eterna bandana azul. Así, la banda quedaba en el centro de la imagen, mientras su frontman prefería los extremos del escenario para darle duro y parejo con clásicos como “Possessed to Skate” o “I Saw Your Mommy”.

Quilombo a un lado, vale la pena remarcar que el concierto fue intachable en lo que a sonido se refiere, al contrario de lo que uno podía pronosticar conociendo el estilo de Suicidal Tendencies. Si bien el volumen era más que intenso, la banda no sufrió ningún tipo de traspié en la hora y monedas que duró el show, lo cual se confirmó con una impecable versión de la excelente “How Will I Laught Tomorrow”.

Precisamente, de no ser por lo breve del recital, resultaría un tanto difícil marcar algún punto bajo. Porque a pesar de no contar con su formación clásica, Muir y sus compañeros de ruta se mostraron sólidos y capaces de defender los pergaminos que se han sabido ganar a fuerza de sudor, actitud y distorsión. Una banda que emana el respeto que merecen aquellos que viven su música de manera emotiva y pasional, aunque descontrolada, claro está.

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